A veces parece que somos excepcionales, irrepetibles y que manejamos diversas tareas mejor que la mayoría. Que nadie resuelve crucigramas, cocina un buen borscht o conduce un coche con tanta habilidad como nosotros. Sin embargo, esa seguridad puede ser una ilusión conocida en psicología como el fenómeno de la falsa unicidad. En cierto grado, sobreestimar nuestras capacidades es una forma de proteger la autoestima y mantener la confianza en uno mismo. Pero si se deja que esa inclinación por la exageración vaya a la deriva, puede causar numerosos problemas en la vida personal y profesional. En este artículo analizaremos qué es la falsa unicidad, de dónde procede, cómo reconocerla y, si se desea, cómo corregirla.
Qué es el fenómeno de la falsa unicidad
El fenómeno de la falsa unicidad es la tendencia psicológica de las personas a considerar sus cualidades, habilidades o rasgos como más únicos y raros de lo que realmente son. A menudo no nos damos cuenta de que muchas de nuestras fortalezas son habituales dentro de un grupo amplio de personas. Estamos convencidos de que nadie razona tan críticamente como nosotros, ni cumple tareas laborales tan rápido y eficazmente, ni improvisa bromas ocurrentes con la misma facilidad. Sin embargo, las estadísticas y las observaciones de los psicoterapeutas muestran lo contrario: por lo general, esas habilidades «únicas» se encuentran entre millones de personas.
A veces el fenómeno de la falsa unicidad también se llama «ilusión de excepcionalidad», ya que, en esencia, se trata de lo mismo: una percepción errónea de la propia singularidad. Es importante señalar que este fenómeno no siempre es negativo. Puede ayudarnos a sentirnos más seguros y a avanzar con mayor energía. Pero al mismo tiempo, un sentido sobredimensionado de la propia unicidad puede volverse en contra, generando expectativas excesivas hacia uno mismo y resentimientos hacia quienes «no valoraron» o «no entendieron» nuestras capacidades.
Ejemplos de falsa unicidad en la vida cotidiana
- Ámbito profesional. Un programador que piensa que solo él escribe código «de la manera más eficiente», aunque colegas o conocidos de otras empresas utilicen enfoques similares. Esto puede complicar el trabajo en equipo si la persona está convencida de que su método es el único correcto.
- Creatividad. Un artista o músico que está sinceramente seguro de que solo él ideó una idea original o una técnica especial, cuando en realidad ideas semejantes son comunes entre sus colegas.
- Gastronomía. Una persona que cuenta con orgullo que la receta familiar de panqueques es absolutamente única, aunque versiones parecidas existan por cientos en sitios de cocina.
- Salud y deporte. Un aficionado a correr que cree que nadie de su zona entrena con tanta calidad como él, pese a que los clubes cercanos siguen programas similares.
Todos estos ejemplos, claro, no implican que las personas no puedan tener talentos realmente únicos. Simplemente, a veces confundimos una autoestima saludable con una confianza agradable pero ilusoria en la rareza de nuestra experiencia.
Causas del surgimiento de la ilusión de unicidad propia
Para entender por qué aparece el fenómeno de la falsa unicidad, conviene asomarse a la naturaleza de la psique humana. Tendemos a filtrar todo lo que sucede a nuestro alrededor a través del prisma del «yo». Eso ayuda a estructurar la información y hace que el mundo sea más manejable y comprensible. Buscamos confirmación de nuestros valores y creencias, lo que nos hace menos objetivos.
Sesgos cognitivos
Los sesgos cognitivos son errores sistemáticos en el pensamiento. Uno de los factores importantes que alimenta la falsa unicidad es la llamada «sesgo de confirmación» (confirmation bias). Recordamos las ocasiones en que realmente fuimos «especiales» en algo e ignoramos los contraejemplos. Por ejemplo, si ganó varios torneos de ajedrez amateur, puede comenzar a considerarse casi invencible, olvidando las partidas que perdió. La memoria no siempre funciona de manera objetiva.
Comparaciones sociales
Las personas frecuentemente se evalúan en relación con quienes les rodean: crecemos al compararnos y gradualmente formamos la imagen de «alguien que no se parece a la masa» o, por el contrario, «alguien opacado por los demás». Si damos gran importancia a cualquier pequeño triunfo propio, cualquier logro similar de otra persona puede parecer menos significativo. Así, buscamos insistentemente confirmar nuestro valor, a veces exagerando las diferencias con los demás.
Necesidad de una autoestima positiva
Para cada uno de nosotros es importante sentir que valemos algo. La falsa unicidad, curiosamente, alimenta esa necesidad y puede proporcionar energía para nuevos logros. Estamos convencidos de que, si tenemos habilidades inusuales, «no vivimos en vano». El problema aparece cuando surge un disonancia: la realidad insiste en que no somos tan buenos como nos decimos a nosotros mismos. Entonces puede sobrevenir la decepción y la erosión de la autoestima.
Cómo la falsa unicidad puede perjudicarnos
Si la sensación interior de propia excepcionalidad se descontrola, puede dar lugar a diversos efectos negativos. No es sorprendente: vivir en una ilusión dificulta el encuentro con la realidad. Veamos a qué puede conducir esto.
Expectativas infladas sobre uno mismo y sus resultados
Al imaginarse a uno mismo como un genio en un área determinada (deporte, trabajo, creatividad), comenzamos a anticipar éxitos apabullantes y nos decepcionamos rápidamente cuando los resultados son mediocres. Esto puede generar la sensación de que «el mundo es injusto» y, en casos más graves, llevar a apatía y abandono de futuros intentos de mejora.
Distorsión de la retroalimentación
Cuando nos sobrevaloramos, a veces percibimos la crítica de manera incorrecta. Las observaciones constructivas pueden interpretarse como envidia o injusticia. De ahí surgen conflictos en los colectivos y relaciones dañadas: la persona atrapada en la falsa unicidad deja de evaluar de forma realista los consejos externos.
Problemas en la comunicación y en la vida personal
La ilusión de exclusividad suele ir acompañada de la tendencia a menospreciar a los demás. Imagine: usted cree que sus ideas y conocimientos son tan especiales que nadie las discutirá o, por el contrario, que la gente está obligada a tomarlas como revelación. En la práctica, otros pueden aportar ideas y soluciones igualmente valiosas. Si no está dispuesto a ver al interlocutor como un igual, es fácil llegar a conflictos o a incomprensiones mutuas.
Estancamiento del crecimiento profesional
La convicción de propia infalibilidad y excepcionalidad puede llevar a dejar de aprender. A uno le parece que ya «todo lo sabe» o «todo lo domina». Esto es especialmente visible en campos dinámicos: TI, marketing, investigación científica. Quienes comprenden a tiempo que el mundo cambia y continúan aprendiendo se vuelven profesionales más demandados, mientras que los «únicos» acaban quedando rezagados.
Cómo reconocer la falsa unicidad en uno mismo
Admitir que no somos tan raros y únicos puede resultar difícil, porque golpea el orgullo. No obstante, hay maneras de comprobar si hemos caído en la trampa de la falsa unicidad. A continuación, algunas preguntas que puede hacerse para evaluar si su autoestima es adecuada.
- ¿Tiende a pensar que su trabajo o su hobby son más interesantes que los de los demás?
- ¿Con qué frecuencia usa expresiones como «solo a mí me sale así», «el único que…», «nadie excepto yo…»?
- ¿Fija su atención en los éxitos y habilidades únicas de otros o tiende a minimizarlos automáticamente?
- ¿Cómo reacciona ante la crítica? ¿Escucha los argumentos o los descarta de inmediato como infundados?
- ¿Está dispuesto a aprender de alguien que en algo lo supera, o considera que sería una pérdida de tiempo?
Si responde «sí» a la mayoría de las preguntas (o al menos «siento algo así»), conviene analizar su postura. Es posible que esté sobrevalorando su unicidad. Pero no es el fin del mundo: reconocer el problema ya resuelve parte del camino.
Consejos para trabajar con la sensación de falsa unicidad
Como cualquier hábito psicológico, la inclinación a la falsa unicidad puede transformarse en creencias más productivas. Es importante aprender a distinguir entre pericia real y la necesidad de parecer excepcional.
Reconozca que puede aprender de los demás
Poner en duda la «omnipotencia» propia hiere el ego, pero es muy útil para el desarrollo. En cuanto empieza a notar que otras personas también poseen habilidades valiosas, se abre al aprendizaje. Ese es el camino hacia el crecimiento personal y el aumento de la competencia.
Reúna datos objetivos
Si está convencido de una capacidad única, trate de respaldarlo con hechos. Por ejemplo, si cree ser el mejor vendedor de la oficina, compare su tasa de conversión, volúmenes de ventas y número de acuerdos cerrados con los resultados de sus colegas. Si la realidad confirma su excepcionalidad —¡bien!—. Si no, es motivo para pensar que quizá está atrapado en una ilusión.
Desarrolle el pensamiento crítico
Hágase más preguntas: «¿Por qué lo creo?», «¿En qué se basa mi juicio?», «¿Hay puntos de vista alternativos?». Si nota que todo le parece «demasiado perfecto», busque a alguien que pueda ofrecer crítica objetiva. Escuche opiniones externas, incluso si no le agradan del todo.
Acepte la crítica constructiva
Aprenda a distinguir la crítica constructiva de los ataques abiertos. Si un colega o amigo señala fallos y propone vías de mejora, no significa que quiera desvalorizarlo. Puede ser una oportunidad para volverse realmente mejor y más fuerte de forma objetiva.
Ponga énfasis en la cooperación
Si está acostumbrado a considerarse «el único que sabe cómo hacerlo bien», intente ver la interacción con otros como un juego en equipo. Proyectos conjuntos, apoyo mutuo e intercambio de experiencias ayudarán a comprobar que hay mucha gente competente e interesante alrededor. En lugar de quejarse de que no lo «entienden» o no lo «valoran», puede sincronizar esfuerzos y lograr objetivos en conjunto.
El papel de la autorreflexión y la psicoterapia
La autorreflexión es la capacidad de prestar atención a los propios sentimientos, pensamientos, acciones y la lógica de las decisiones. Resulta especialmente útil cuando sospechamos una tendencia a la falsa unicidad. Si le resulta difícil manejar este sentimiento por su cuenta o nota que interfiere en su vida profesional o personal, vale la pena acudir a un psicólogo o psicoterapeuta. Un especialista puede ayudar a identificar las causas profundas y encontrar modos de moderar la confianza excesiva en la propia excepcionalidad, conservando a la vez una autoestima sana.
Para quienes prefieren profundizar por su cuenta, existen distintos cursos en línea y aplicaciones que ayudan a desarrollar la atención plena. Un ejemplo es Headspace. Está orientada a la meditación, y las prácticas regulares enseñan a observar el estado interior, lo que puede ayudar a no caer en la trampa de los sesgos.
Relación con el efecto Dunning — Kruger
Cuando se habla de falsa unicidad y sobreestimación de las capacidades, a menudo se menciona el efecto Dunning — Kruger. Este fenómeno describe la tendencia de las personas con bajo nivel de habilidad a sobreestimar sus capacidades, mientras que quienes tienen alto nivel tienden a subestimarlas. Combinado con la falsa unicidad puede darse una paradoja interesante: una persona sin habilidades especiales está convencida de su genialidad y además cree que no existe nadie parecido a ella en el mundo.
La diferencia entre ambos fenómenos es que el efecto Dunning — Kruger se refiere más a la incompetencia inconsciente que aparece como una apariencia de genialidad. La falsa unicidad, en cambio, puede darse incluso en personas competentes que simplemente exageran su grado de singularidad. A veces ambos efectos actúan «de la mano», dejando a la persona ciega frente a la situación real.
Por qué una unicidad moderada sí es útil
Para ser justos, también cabe mencionar los aspectos positivos de la «unicidad». Sentirse fuerte y confiar en que se poseen cualidades poco comunes puede ser una gran motivación para desarrollarse. Un poco de autosugestión sobre que somos especiales ayuda a no rendirse. Solo conviene no olvidar: no hay que prescindir del análisis realista de las capacidades y logros.
- Confianza. Una ligera sobreestimación de las propias capacidades puede impulsarnos a actuar en lugar de temer al fracaso.
- Audacia creativa. Si nos sentimos «diferentes», podemos estar más abiertos a ideas y formatos nuevos.
- Protección psicológica. En ciertos casos, la percepción de excepcionalidad ayuda a atravesar períodos difíciles sin caer en un estrés severo.
No obstante, la palabra clave aquí es moderada. Cuando la creencia en la propia rareza se vuelve excesiva, deja de beneficiarnos y empieza a perjudicarnos.
Conclusión
El fenómeno de la falsa unicidad es bastante común. Vivimos en una época que valora la individualidad, y las redes sociales alimentan el ego diariamente, permitiendo mostrar logros «irrepetibles». En estas condiciones es fácil olvidar que millones de personas en el mismo instante hacen o sienten algo parecido a lo nuestro.
La atención plena, la mirada crítica sobre uno mismo y la experiencia ajena, así como la disposición a aceptar retroalimentación, ayudan a equilibrar un sano sentido del propio valor con un reconocimiento objetivo de la realidad. Nadie menosprecia nuestras virtudes si entendemos que hay muchas personas talentosas e interesantes. Al contrario, eso abre la vía a colaboraciones, a aprender de otros y, en última instancia, a convertirnos en personas verdaderamente fuertes y seguras, sin ilusiones. Entonces se podrá decir: «Sí, realmente sé hacer algo, pero eso no significa que sea absolutamente irrepetible». Y eso no destruye la individualidad, sino que la vuelve más madura y auténtica.
Si siente que el tema de la falsa unicidad le resulta cercano, intente realizar pruebas psicológicas gratuitas sobre autoestima y tendencia a los sesgos cognitivos. Por ejemplo, puede fijarse en 16Personalities. Aunque no sea una prueba especializada en falsa unicidad, sus preguntas sobre la percepción de uno mismo y la interacción con el mundo pueden ofrecer material para la reflexión.
Recuerde: una confianza moderada en la propia exclusividad puede impulsar el desarrollo, pero cuando se vuelve extrema, corremos el riesgo de quedar sin futuro prometedor y sin una comprensión profunda de la escala real de nuestros logros. Que nuestro camino vital esté lleno de apertura, una humildad sana y, al mismo tiempo, la creencia de que podemos lograr mucho —dentro de límites razonables.