Cuando dos 'reclusos' (o negociadores, o empresarios) se ven obligados a actuar pensando solo en su 'cálculo' (menos reputación, un reproche del jefe, menor beneficio, etc.), a menudo caen en la trampa de una situación paradójica: seguir reglas 'racionales' conduce a un peor resultado global. ¿Historia conocida? Bien, entremos, contengamos la respiración y nos sumergimos en la pirámide de la moral, los beneficios corruptores y las alianzas inesperadas.
¿Qué es el dilema del prisionero?
El dilema del prisionero es un ejemplo clásico de la teoría de juegos, donde dos participantes están aislados uno del otro y se les ofrece un trato: guarda silencio —recibirás una condena menor—, delata a tu 'pandilla' —recibirás menos o incluso nada si tu compañero guarda silencio. Pero si ambos guardan silencio, ambos ganan más que si se denuncian mutuamente.
- Ambos guardan silencio: un año de prisión cada uno.
- Uno delata, el otro guarda silencio: el traidor queda libre, el 'silencioso' — 5 años.
- Ambos se delatan: tres años de prisión cada uno.
La idea es simple: cada uno, pensando exclusivamente en su propio beneficio (¡racionalmente!), traiciona al compañero, y al final ambos reciben tres años en lugar de uno. Curioso, ¿no?
Por qué la elección "racional" parece irracional
En los manuales suele decirse: «La estrategia dominante es traicionar; no hay motivo para desviarse de ella». Pero, ¿cuántas veces vemos a personas confiar entre sí, formar alianzas y aun así salir beneficiadas? El problema es que el cálculo puramente utilitario ignora factores humanos:
- Interacciones repetidas. No cerramos tratos de una sola vez. Si volvemos a ver al mismo socio una y otra vez, las ganancias a largo plazo de la confianza superan la ventaja momentánea de la traición.
- Reputación. En cuanto se sepa de tu temperamento 'caliente', nadie querrá colaborar contigo — ni amigos ni colegas.
- Emociones y moral. Las personas normales sienten vergüenza y remordimientos. Y no le contarás a tu madre que traicionaste a un amigo.
En la vida real el 'juego' rara vez es puramente único y anónimo, por lo que 'racionalmente' traicionar solo tiene sentido si realmente se juega de forma deshonesta.
Ejemplos de la vida real
Para no quedarnos en la teoría, veamos algunas situaciones donde el dilema del prisionero se manifiesta con especial claridad:
- Asociaciones empresariales. Dos socios pueden invertir dinero en un negocio común. Uno ahorra en calidad, el otro gasta más en control — alguien gana en el corto plazo, pero la reputación de la empresa cae.
- Alianzas políticas. Dos países pueden cooperar en asuntos medioambientales o cada uno puede proteger rígidamente sus recursos. La ganancia inmediata (evitar inversiones) resulta insignificante frente a las pérdidas de una catástrofe ecológica global.
- Redes sociales. Los usuarios pueden compartir contenido veraz o propagar falsedades por clics. La segunda estrategia produce más tráfico al principio, pero luego la plataforma comienza a bloquear contenidos y reduce el alcance — la lección colectiva sale peor.
¿Cómo salir de la trampa?
A continuación, algunos métodos que ayudan a convertir el "choque de dos lógicas" en una cooperación honesta y rentable:
- Transparencia y comunicación. Discutan las reglas de antemano, fíjenlas por escrito o al menos verbalmente — eso desalienta los intentos de aprovecharse.
- Acuerdos con controles. Introduzcan un intermediario o arbitraje: auditorías de calidad del producto, informes de progreso, revisiones financieras.
- Beneficios mutuos. Acuerden bonificaciones por juego limpio: descuentos, dividendos, menciones públicas.
- Repetición de interacciones. Cuanto más trabajen juntos, más rentable resulta valorar la reputación por encima de la ganancia inmediata. No pierdan la oportunidad de recordar la próxima "nueva partida".
Estos pasos recuerdan las instrucciones a las hormigas cooperativas: ellas actúan sin un "cálculo racional" explícito, pero al final la colonia se beneficia.
Conclusiones y observaciones personales
La conclusión es sencilla: la "racionalidad" en sentido estrecho (obtener el máximo beneficio de inmediato) suele perder frente a la "racionalidad" en sentido amplio (beneficio a largo plazo, confianza, reputación). Si quieres jugar de forma honesta, no temas al socio que observa, a los informes públicos ni a pequeñas recompensas por la generosidad. Personalmente, desde que comprendí el valor de la confianza, me prohibí apropiarme de participaciones ajenas — resulta que se vive más tranquilo y las ganancias son más estables.
Espero que este rápido recorrido por el dilema del prisionero les sugiera cómo no convertirse en víctimas del "egoísmo racional" y empezar a ganar junto con otros.