El término «efecto de puerta de entrada» suena como una señal de advertencia en un puente: entras «inocentemente» por un lado y sales en un lugar completamente distinto. En los debates sobre vapeo esta metáfora provoca controversias acaloradas: unos sostienen que los cigarrillos electrónicos abren la puerta al tabaco y a otras sustancias, otros apuntan a la «propensión compartida al riesgo» y a trampas estadísticas. Analicemos con calma qué dicen los grandes estudios longitudinales de los últimos años —sin moralizar, pero con respeto por los datos.
Qué se entiende por efecto de puerta de entrada y por qué tanto revuelo
En pocas palabras: se refiere a que adolescentes y jóvenes que empezaron con vapeo tienden a probar cigarrillos y otras sustancias con más frecuencia posteriormente. Pero «más frecuencia» no equivale automáticamente a «el vapeo fue la causa». El diseño longitudinal (observar a las mismas personas a lo largo del tiempo) ayuda, pero no elimina las confusiones: ¿influye el dispositivo con nicotina, el entorno social, la genética, el temperamento, el marketing, o todo a la vez? Por eso las revisiones rigurosas siempre hacen la salvedad: se observa una asociación consistente, mientras que la causalidad requiere análisis cuidadoso, incluyendo métodos genéticos y «triangulación» de la evidencia.
Qué dicen las grandes revisiones y cohortes: panorama 2017–2025
1. La relación con el consumo posterior de tabaco es estable en el tiempo y entre países. Desde el metaanálisis de Soneji et al., 2017 hasta resúmenes más recientes ( Tobacco Control, 2025; Khouja et al., 2021; Kim et al., 2024) el resultado es similar: entre quienes nunca habían fumado pero probaron el vapeo, la probabilidad de comenzar a fumar después es aproximadamente 2–4 veces mayor (según las odds). El rango es amplio, pero la dirección es consistente.
2. No se trata solo de cigarrillos. Los trabajos longitudinales registran una mayor probabilidad de consumo posterior de cannabis y alcohol. Esto se observa tanto en el metaanálisis de 2023 ( Lau et al.) como en cohortes individuales ( Sun et al., 2022).
3. Algunos datos apuntan a un «refuerzo de la trayectoria». En comunicados sobre una revisión paraguas los autores señalan que quienes comenzaron con vapeo con frecuencia fuman más intensamente después y que las asociaciones persisten tras ajustar por sexo, edad, país y nivel socioeconómico. Formalmente siguen siendo asociaciones, pero su persistencia y magnitud obligan a prestar atención.
4. La calidad de la evidencia varía mucho. Incluso la mayor revisión paraguas subraya que muchos estudios originales son encuestas con limitaciones, y las definiciones de «alguna vez usado» y «uso actual» a veces son imprecisas. Aun así, la imagen global sobre la transición hacia el tabaco y otras sustancias se mantiene.
5. Grandes cohortes confirman transiciones complejas. Los datos del estudio PATH en Estados Unidos muestran una amplia y multionda imagen de transiciones mutuas entre dispositivos y cigarrillos, incluyendo consumo dual, «cambios» y «regresiones». No es una sola trayectoria lineal, sino un nudo de rutas. La descripción del proyecto está disponible en el sitio de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA): FDA.
¿Y si se trata de una «propensión compartida»? Qué dicen estudios genéticos y metodológicos
Frente al relato simple del «puente», existe la hipótesis de la propensión compartida: personas más inclinadas al riesgo, a la novedad o con factores familiares y sociales son las que prueban distintas sustancias independientemente del orden. Estudios con puntuaciones poligénicas (puntuaciones poligénicas, PRS) muestran que la predisposición genética a iniciar el consumo tabáquico también se asocia con el uso de vapeadores —esto sugiere que parte de la relación puede explicarse por fundamentos compartidos. Ejemplo: Khouja et al., 2021. Revisiones metodológicas recomiendan «triangular» diseños: combinar enfoques distintos, incluidos experimentos naturales y, cuando proceda, aleatorización mendeliana.
Es importante entender: la propensión compartida no anula la asociación observada ni el posible aporte de la nicotina o del formato del dispositivo en las transiciones. Solo recuerda que la realidad es multicausal y que interpretar «vapeo → cigarrillos/cannabis/alcohol» como una cadena causal irrevocable es metodológicamente arriesgado.
Cómo no caer en trampas estadísticas: mini‑guía para leer estudios longitudinales
Cualquier artículo serio sobre la asociación entre vapeo y consumo posterior debería responder al menos a estas preguntas. Si no lo hace, considere las conclusiones como «posible, pero con cautela».
- Quiénes se incluyeron al inicio. ¿Fueron realmente nunca fumadores ni consumidores al inicio? ¿Cómo se verificó —autoinforme o biomarcadores?
- Cómo se midieron los desenlaces. «Alguna vez probado» y «uso regular» son universos distintos. Revise las definiciones.
- Qué ajustaron los modelos. Sexo, edad, nivel socioeconómico (SES), consumo de tabaco por parte de padres y amigos, rendimiento académico, impulsividad, depresión —todo esto debería estar entre las covariables o contemplado mediante puntuación de propensión.
- Cómo abordaron la causalidad inversa y las pérdidas. ¿Quién abandonó la cohorte y por qué? ¿Hicieron análisis de sensibilidad?
- Riesgos absolutos y fracciones atribuibles. Una odds de 3,7 suena fuerte, pero sin la probabilidad base es difícil apreciar la magnitud real.
Chuleta para editor y lector
| Métrica o enfoque | Qué preguntar al estudio | Por qué es necesario |
|---|---|---|
| OR, RR, HR | ¿Se informan riesgos absolutos o diferencias de riesgo? | Comprender la importancia práctica, no solo la «multiplicación» |
| Definiciones de «alguna vez», «actual», «regular» | ¿Hay un umbral de frecuencia o dosis? | No confundir una experiencia ocasional con una conducta establecida |
| Control de confusores | ¿Se han tenido en cuenta factores sociales y psicológicos, y las puntuaciones poligénicas (PRS)? | Reducir el riesgo de causalidad espuria |
| Análisis de sensibilidad | ¿Probaron especificaciones alternativas, controles negativos? | Verificar la robustez del resultado |
| Registro y protocolo | ¿Hay registro en PROSPERO? | Reducir la selección en la presentación de resultados y la duplicación |
Qué dicen las revisiones oficiales y los reguladores
Ya en 2018 el informe de las Academias Nacionales de Ciencias de EE. UU. (NASEM) concluyó que existe «evidencia sustancial» de que el uso de cigarrillos electrónicos entre jóvenes aumenta el riesgo de fumar cigarrillos convencionales en algún momento. Al mismo tiempo, para fumadores adultos que cambian al vapeo se reducen parte de los riesgos a corto plazo. Esta conclusión doble sigue vigente y se ha ido detallando con el tiempo.
Los informes británicos de salud pública (OHID, 2022) registran que, en comparación con fumar, el vapeo en adultos es menos dañino y puede ayudar a dejar de fumar, pero para adolescentes no fumadores no es un «juguete inocuo» y el riesgo de dependencia a la nicotina es real. Véase la actualización sobre el vapeo en Inglaterra y los principales conclusiones.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) recomiendan explícitamente que adolescentes y no fumadores no comiencen a usar, además de vigilar tendencias y prevenir el marketing dirigido a jóvenes. En vigilancia son importantes tanto encuestas anuales (por ejemplo, NYTS) como proyectos de cohorte grandes como PATH. Véanse las secciones CDC para jóvenes y la descripción de la cohorte en el sitio de la FDA: FDA.
Conclusiones prácticas: qué hacer escuelas, familias, editoriales y responsables políticos
- Prevención antes que discusiones terminológicas. Incluso si parte de la relación se explica por propensión compartida, no conviene normalizar el acceso regular de adolescentes a la nicotina.
- Comunicación sin alarmismo. Decir con honestidad: para fumadores adultos el vapeo puede ser una alternativa menos dañina; para adolescentes y no fumadores los riesgos de dependencia y de transiciones posteriores son reales.
- Política basada en evidencia. Restricciones al marketing y a los sabores, control del mercado ilegal, barreras de edad y acciones sobre los puntos de entrada (redes sociales, dispositivos desechables) son medidas habituales apoyadas por organizaciones internacionales.
- Atención a las métricas, no a los lemas. Vigile riesgos absolutos, frecuencia y persistencia de los efectos, y la calidad de los estudios incluidos en las revisiones.
A quién creer ahora: selección de fuentes fiables
- Revisión paraguas sobre jóvenes, Tobacco Control, 2025 (PDF) — registro PROSPERO: CRD42024569728.
- Soneji et al., 2017: metaanálisis — la primera síntesis amplia y cuidadosa de datos longitudinales.
- Khouja et al., 2021: revisión sistemática — afinamiento de la estimación del efecto.
- Kim et al., 2024: metaanálisis actualizado — AOR ≈ 3.7 para iniciar el consumo de tabaco tras el vapeo.
- Lau et al., 2023: vapeo y consumo posterior de sustancias psicoactivas.
- Khouja et al., 2021: puntuaciones poligénicas y propensión compartida.
- NASEM, 2018: informe final.
- OHID, 2022: actualización sobre el vapeo en Inglaterra.
- PATH: descripción de la cohorte en el sitio de la FDA.
- LSHTM: comunicado sobre la revisión 2025.
Conclusión: hay «puente», pero se siguen construyendo los pasamanos
Los datos longitudinales insisten en lo mismo: entre adolescentes y jóvenes el vapeo se asocia con mayor probabilidad de transición a los cigarrillos, así como con consumo posterior de cannabis y alcohol. Se puede debatir la magnitud de la causalidad y la proporción atribuible a la propensión compartida, pero ignorar este corredor de riesgo es desatender un patrón repetido. En términos prácticos la receta es sencilla: no romantizar la nicotina para quienes nunca han fumado, no sustituir la ciencia por lemas y mantener el enfoque en la prevención. En metodología, seguir construyendo los «pasamanos»: mejorar diseños, ampliar registros y conectar los enfoques clásicos de cohorte con estudios genéticos y experimentos naturales.