Principales campos de prueba del siglo XX: dónde los países probaron armas nucleares

Principales campos de prueba del siglo XX: dónde los países probaron armas nucleares

Las pruebas nucleares son explosiones controladas de cargas nucleares. Se utilizaron para comprobar el diseño de los artefactos, evaluar la potencia, la fiabilidad y la previsibilidad de su funcionamiento. No son simplemente una demostración de fuerza. Cualquier nuevo tipo de carga requería la confirmación de los cálculos y entender cómo se comportaría en el mundo real.

Las pruebas también servían como señal política. Los países mostraban a los rivales su nivel tecnológico y la determinación para defender sus intereses. En la época de la Guerra Fría esas señales con frecuencia sustituyeron la conversación directa. Tras las cámaras quedaron las personas que vivían cerca de los polígonos y los ecosistemas sobre los que caían los depósitos radiactivos.

Con el tiempo el sentido de las pruebas cambió. Al principio se apostaba por las detonaciones atmosféricas porque daban abundantes efectos visibles y datos. Cuando quedó claro el alto coste para la gente y la naturaleza, los países comenzaron a trasladarse al subsuelo. Las pruebas subterráneas retenían los productos de fisión dentro de las rocas, aunque los riesgos de filtración de gases no desaparecieron.

Hacia finales del siglo XX se impusieron los modelos computacionales y los experimentos de laboratorio. Se desarrollaron superordenadores, métodos de diagnóstico y ensayos subcríticos. Estos no generan una reacción en cadena autosostenida, pero permiten mantener la fiabilidad del arsenal sin una detonación completa.

El tema sigue siendo delicado. Existen acuerdos internacionales, hay poseedores de armas nucleares que respetan moratorias y hay países que siguen su propio camino. Por eso es importante comprender los principios básicos y el contexto, para no perderse entre declaraciones grandilocuentes y titulares alarmistas.

Cómo se realizaban las pruebas en la práctica

Todo empezaba con la elección del emplazamiento. Se necesitaba distancia de los núcleos poblacionales, geología estable, logística para el transporte del equipo y seguridad para el personal. En los polígonos subterráneos se perforaban pozos profundos o se excavaban galerías. En el fondo se montaba la carga y los sensores, en la superficie se tendían largas líneas de comunicación hasta los puntos de medición.

La preparación llevaba meses. Los ingenieros comprobaban los cables, sellaban la cavidad, calculaban la absorción por la roca y las posibles fracturas. Cada detalle contaba. Desde la construcción del tapón y el cemento hasta el grosor del blindaje de plomo para los equipos. El objetivo era sencillo: obtener la mayor cantidad de datos y minimizar las emisiones al exterior.

Había varios tipos de ensayos. Las detonaciones atmosféricas en torre o en el aire producían la famosa nube en forma de hongo y deposiciones globales. Las pruebas submarinas y en la superficie mostraban qué ocurría con buques e infraestructura costera. Las de gran altitud en la frontera del espacio investigaban el pulso electromagnético y la ionosfera. Las subterráneas se convirtieron en la norma operativa, ya que permitían retener gran parte de la radiación dentro del macizo rocoso.

Siempre hubo muchas mediciones. Sismógrafos registraban las ondas en la roca, sensores de presión y temperatura documentaban la dinámica dentro de la cavidad, y estaciones en la superficie tomaban muestras de aire. En las primeras etapas se usaban cámaras de alta velocidad y control cinematográfico; más tarde se integró de forma intensa la diagnosis digital y los códigos de cálculo. Cuanto más precisa es la diagnosis, menor es la necesidad de nuevas detonaciones.

Tras una detonación subterránea el equipo verificaba la integridad de las rocas y de los conductos de ventilación. El resultado ideal era la contención total de los productos de fisión. Si se detectaban fugas, se aislaba inmediatamente el polígono y se realizaban sellados adicionales. La práctica fue generando normas y procedimientos estrictos. Gracias a ello fue posible avanzar hacia moratorias y a la verificación sin recurrir a explosiones continuas.

Dónde ocurría esto y quién participaba

La geografía fue extensa. En Estados Unidos el lugar principal fue el desierto de Nevada. Para series oceánicas se emplearon los atolones Bikini y Eniwetok. Más tarde se sumó la remota Amchitka en Alaska. En la URSS los polígonos clave fueron Semipalatinsk, en el territorio de la actual Kazajistán, y el archipiélago de Novaya Zemlya en el Ártico. Allí también detonó la carga más potente de la historia, conocida públicamente como la «bomba del Zar».

Reino Unido realizó series en Australia y en el centro del Pacífico. Francia probó primero en el Sáhara y luego trasladó las actividades a Mururoa y Fangataufa en la Polinesia Francesa. China concentró sus ensayos en el polígono de Lop Nur. India llevó a cabo series en la región de Pokhran, Pakistán respondió con detonaciones en las montañas de Chagai. Corea del Norte utilizó el complejo subterráneo de Punggye-ri.

Para orientarse mejor, consulte una tabla resumida. No pretende ser un listado exhaustivo de todas las series, pero ayuda a ver el panorama general y los puntos clave. Los periodos se indican de forma aproximada, con énfasis en los lugares y el formato de las pruebas.

País Principales polígonos Formato predominante Período de series activas
Estados Unidos Nevada, Bikini, Eniwetok, Amchitka Primero atmosféricas y en la superficie, luego subterráneas segunda mitad de los años 40 hasta principios de los 90
URSS y Rusia Semipalatinsk, Novaya Zemlya Atmosféricas en el periodo inicial, luego subterráneas finales de los años 40 hasta finales de los 80
Reino Unido Maralinga y Emu Field en Australia, Monte Bello, Kiritimati Atmosféricas y subterráneas, algunas en colaboración con Estados Unidos años 50 hasta principios de los 90
Francia Reggane e In Ekker en el Sáhara, Mururoa y Fangataufa Atmosféricas y subterráneas años 60 hasta mediados de los 90
China Lop Nur Atmosféricas y subterráneas mediados de los años 60 hasta finales de los 90
India Pokhran Subterráneas años 70 y 90
Pakistán Chagai Subterráneas finales de los 90
Corea del Norte Punggye-ri Subterráneas desde principios de los años 2000

La comunidad internacional fue definiendo gradualmente marcos comunes. En los años 60 se firmó un tratado que prohibió las pruebas en la atmósfera, bajo el agua y en el espacio. Quedaron formatos subterráneos y luego surgieron moratorias. En los años 90 se promovió la prohibición completa de cualquier explosión nuclear. Esta se apoya en una red global de estaciones y en métodos de detección de ondas sísmicas, infrasónicas, hidroacústicas y rastros de gases radiactivos.

Hoy la base técnica ha avanzado mucho. Los datos obtenidos durante décadas han servido de fundamento para los modelos computacionales. Los ensayos subcríticos y la diagnosis no destructiva resuelven muchas dudas sobre la fiabilidad. Esto no elimina la política ni los problemas de seguridad, pero ofrece herramientas para el control sin nuevas series destructivas.

Si desea profundizar en la parte oficial, conviene visitar organismos especializados. El sitio de la CTBTO explica la verificación de la prohibición de ensayos y la red de monitoreo. En la IAEA encontrará materiales sobre garantías y el uso pacífico de la energía atómica. Son fuentes donde se pueden verificar definiciones, términos y el estado de los acuerdos.

La conclusión es sencilla. Las pruebas nucleares fueron en su momento la única manera de convertir fórmulas en realidad. El mundo pagó un alto precio por esa experiencia. Han llegado los modelos y el control, pero el interés por el tema no ha desaparecido. Conocer la historia y la técnica ayuda a orientarse mejor en los debates y a distinguir hechos de emociones.

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