Cómo elegir gotas para la sequedad ocular: experiencia personal y evidencia científica

Cómo elegir gotas para la sequedad ocular: experiencia personal y evidencia científica

¿Conoces esa sensación de que al final de la jornada laboral los ojos parecen llenos de arena? O que por la mañana al abrir los ojos los párpados están como pegados a la córnea? Me enfrenté a esto hace unos tres años, cuando pasé al trabajo remoto y empecé a pasar frente a la pantalla entre 10 y 12 horas al día. Al principio pensé que era una tontería y que pasaría sola. Spoiler: no pasó.

Fui a la farmacia y me encontré con tres estanterías llenas de frascos de colores. “Lágrima artificial”, “colirios hidratantes”, “gel para ojos”, “emulsión lipídica” — me sentí como en un examen de bioquímica que seguramente no aprobaría. La farmacéutica me ofreció algo “popular”, pero decidí informarme por mi cuenta. Pasé varias semanas revisando estudios, consultando con un oftalmólogo y haciendo experimentos personales. Ahora comparto lo que realmente funciona.

Por qué los ojos se resecan

Antes de correr a comprar gotas intenté entender qué pasaba. Resultó que el síndrome del ojo seco no es solo “poca lágrima”. Es toda una historia sobre el equilibrio entre las tres capas de la película lagrimal: la lipídica (grasosa), la acuosa y la mucínica. Cuando cualquiera de ellas falla, aparecen los problemas.

En mi caso, como comprobé, es la versión clásica de oficina: mucho tiempo frente a la pantalla, parpadeo poco frecuente y el aire acondicionado funcionando todo el año. La lágrima simplemente se evapora más rápido de lo que se repone. Además, las glándulas de Meibomio (las que secretan la capa grasa en el borde del párpado) decidieron sabotear su trabajo — probablemente por tensión constante y falta de sueño.

También existe la variante en que se produce poca lágrima: eso ocurre con cambios hormonales, algunas enfermedades o simplemente con la edad. Pero en la mayoría de los casos en personas jóvenes el problema es la evaporación, no la cantidad.

Qué elegir según la situación

Tras largos experimentos entendí que no hay una solución universal. Las gotas deben elegirse según el tipo de problema, la frecuencia de uso y las sensaciones personales. Aquí está la tabla que elaboré para mí y que realmente ayuda a no perderse entre la oferta de la farmacia:

Situación Fórmula Componentes activos Cómo aplicar Comentarios
Sequedad ocasional, trabajo frente a pantalla Colirios acuosos de baja viscosidad Hialuronato de sodio 0.1–0.15%, CMC, HPMC 3–4 veces al día, curso de 2–4 semanas Alivio rápido, a veces visión “enjabona” temporalmente
Síntomas moderados a lo largo del día Viscosidad media Hialuronato 0.2–0.3%, PEG y propilenglicol 4–6 veces al día según necesidad Equilibrio entre comodidad y duración del efecto
Forma evaporativa, signos de disfunción de las glándulas de Meibomio Emulsiones lipídicas Fosfolípidos, aceite mineral o de ricino, HP-Guar 2–4 veces al día, se pueden alternar con acuosas Útil cuando la capa lipídica es inestable
Sequedad marcada, queratopatía puntual Geles nocturnos más colirios diurnos Carbómero, dexpantenol, hialuronato Gel por la noche, colirios de viscosidad media durante el día Máximo confort nocturno, mantenimiento de la película lagrimal de día
Hiperosmolaridad de la lágrima, estrés epitelial Osmoprotectores Trehalosa alrededor del 3%, eritritol, L-carnitina 2–4 veces al día en ciclo Complemento a la lubricación, posible mejor control de síntomas
Uso de lentes de contacto, instilaciones frecuentes Monodosis sin conservantes Cualquiera de los enumerados Según necesidad, mantener la limpieza Menor riesgo de irritación con uso frecuente

Empecé con colirios de baja viscosidad a base de hialuronato de sodio al 0.15%. La primera semana aplicaba cuatro veces al día y noté alivio, pero el efecto duraba poco —literalmente una hora o hora y media. Luego pasé a una viscosidad media, con concentración al 0.3%, y ahí sí mejoró notablemente. Eso sí, los primeros minutos tras la instilación la visión se nublaba un poco, pero pasa rápido.

Emulsiones lipídicas: mi descubrimiento

Cuando el oftalmólogo examinó mis ojos con la lámpara de hendidura y me dijo “tiene una disfunción clásica de las glándulas de Meibomio”, entendí que no bastaba con una lágrima acuosa. Necesitaba la componente lipídica. Probé una emulsión con fosfolípidos y aceite de ricino — y realmente cambió la situación.

Los estudios muestran que las emulsiones lipídicas ayudan a restaurar la capa grasa de la película lagrimal y a ralentizar la evaporación. Hay trabajos recientes de 2024–2025 que confirman la eficacia de estas gotas en la forma evaporativa del ojo seco. Yo las uso dos veces al día —por la mañana y por la noche— y durante el día añado colirios acuosos normales si noto molestias.

El único inconveniente es que después de aplicarlas durante unos cinco minutos todo se ve como con una ligera bruma. Por eso no las uso antes de reuniones importantes por videollamada, para no aparecer con la mirada empañada frente a la cámara.

Trehalosa y osmoprotectores: no marketing, sino ciencia

La primera vez que vi la palabra “trehalosa” en la etiqueta pensé que era otro ingrediente de moda para subir el precio. Pero investigué y descubrí que la trehalosa es un azúcar natural que protege las células del estrés. En condiciones de sequedad la lágrima se concentra más (hiperosmolaridad) y las células de la córnea sufren. La trehalosa les ayuda a afrontar ese estrés.

Revisiones sistemáticas de 2023 muestran que las gotas con trehalosa mejoran los síntomas y algunos parámetros objetivos de la superficie ocular. Probé estas gotas en un ciclo de dos meses — subjetivamente noté alivio, sobre todo por las mañanas. Los ojos “crujían” menos al despertar.

Conservantes: un enemigo silencioso

La información menos evidente para mí fue la de los conservantes. Pensaba que si las gotas se venden sin receta eran seguras. Resultó que no es tan simple. El cloruro de benzalconio (BAK) es el conservante más común y con uso frecuente puede irritar una superficie ocular ya dañada.

Cuando aplicaba frascos con BAK seis o siete veces al día, los ojos se enrojecieron aún más. El médico me explicó que con síndrome del ojo seco y uso frecuente conviene pasar a formas sin conservantes —monodosis o frascos multidosis con sistemas de conservación “suaves”.

Pasé a monodosis —sí, es más caro y menos ecológico (mucho plástico)— pero la diferencia se nota. Los ojos dejaron de enrojecerse y puedo aplicarlas tantas veces como haga falta sin sentir que castigo la córnea.

Conservante Qué es importante saber Quiénes deberían evitarlo
BAK (cloruro de benzalconio) Aumenta el riesgo de irritación con uso prolongado Cualquier forma de ojo seco, especialmente si se instila más de cuatro veces al día
Polyquad y análogos Más suaves sobre el epitelio Pacientes con alta sensibilidad; conviene limitar la frecuencia
Sistemas que se descomponen en la lágrima (Purite, OcuPure) Mejor relación beneficio-tolerabilidad Uso crónico, usuarios de lentes de contacto

Qué dicen las investigaciones

Me gusta que haya no solo experiencia personal, sino también datos científicos. Por eso revisé las bases y encontré lo siguiente:

La mayoría de las revisiones sistemáticas coinciden en que el uso regular de lágrimas artificiales (alrededor de cuatro veces al día) durante un mes reduce claramente los síntomas. Diferentes polímeros (hialuronato, carboximetilcelulosa, hidroxipropilmetilcelulosa) muestran una eficacia clínica comparable: la elección depende más de la tolerancia individual y de la viscosidad necesaria.

Las emulsiones lipídicas son especialmente útiles en la forma evaporativa, cuando la capa grasa de la lágrima está comprometida. Estudios nuevos de 2024–2025 confirman que estas gotas mejoran la estabilidad de la película lagrimal y la sensación subjetiva del paciente. La trehalosa también funciona: las revisiones muestran mejora de síntomas y parámetros objetivos, con buena tolerabilidad.

Las guías profesionales (por ejemplo, de la Academia Americana de Oftalmología) recomiendan un enfoque escalonado: primero probar lágrimas artificiales y, si no hay respuesta, añadir terapia antiinflamatoria. Tiene sentido y funciona en la práctica.

Cómo aplicar para que funcione

Puedes comprar las gotas más caras, pero si las usas mal no servirán de mucho. Aprendí varias reglas:

Primero, la regularidad es más importante que los esfuerzos heroicos ocasionales. Es mejor aplicar tres veces al día de forma consistente que recordar las gotas una vez a la semana cuando los ojos ya arden. Pongo recordatorios en el teléfono —primitivo, pero funciona.

Segundo, si usas varios tipos de gotas, deja un intervalo de 10–15 minutos entre ellas. Si no, unas eliminarán a otras y no habrá efecto. Normalmente primero aplico la emulsión lipídica y 15 minutos después las acuosas, si es necesario.

Tercero, la limpieza es lo primero. No toques la punta del frasco con las pestañas, la piel o cualquier otra cosa. Cierra bien el tapón tras cada uso. Las monodosis: abrir, usar y tirar; nada de “lo dejo para mañana”.

Y otro punto que muchos ignoran: la higiene de los párpados. Empecé a hacer compresas tibias por la mañana (simplemente aplico una toallita limpia humedecida en agua tibia sobre los ojos cerrados durante un par de minutos) y un ligero masaje en el borde del párpado. Esto ayuda a que las glándulas de Meibomio funcionen mejor. Además intento parpadear con más frecuencia —me pongo un recordatorio cada hora para hacer 10 parpadeos conscientes. Suena raro, pero funciona.

Evaluar el resultado tiene sentido después de 2–4 semanas de uso regular. Si en ese tiempo nada cambia o empeora, es hora de ajustar el esquema o consultar al médico.

Cuándo debe terminar la automedicación

Soy partidaria de un enfoque razonable por cuenta propia, pero hay señales rojas que requieren ver urgentemente al oftalmólogo y no experimentar con gotas:

Dolor intenso, fotofobia marcada, secreción purulenta o pérdida brusca de visión —no son broma. Enrojecimiento muy pronunciado unilateral, traumatismo ocular, sensación de cuerpo extraño que no desaparece —también son motivos para acudir de inmediato a un especialista.

Y si aplicas gotas correctamente durante cuatro semanas y no hay mejora, el problema puede ser más profundo y necesitar un diagnóstico más completo. Puede requerirse terapia antiinflamatoria (ciclosporina, lifitegrast) o incluso suero autólogo. Eso ya supera el ámbito del automanejo.

Mis conclusiones tras tres años de experiencia

El síndrome del ojo seco no es una condena, pero tampoco algo que vaya a pasar solo. Me llevó tiempo encontrar mi esquema: colirios sin conservantes de viscosidad media con hialuronato al 0.3% durante el día según necesidad, emulsión lipídica por la mañana y por la noche, además de higiene de los párpados y pausas conscientes de la pantalla.

Para la mayoría de las personas funciona una estrategia simple: empezar con colirios sin conservantes de la viscosidad adecuada y añadir una emulsión lipídica si hay signos de forma evaporativa. Si en un mes no hay mejoría, discutir con el oftalmólogo la posibilidad de fármacos antiinflamatorios.

Lo principal es no ignorar el problema. El ojo seco no solo es molesto, puede llevar a daño corneal e inflamación crónica. Pero si se encuentra el enfoque adecuado, la calidad de vida mejora notablemente. Ahora puedo trabajar 8–10 horas frente al ordenador sin la sensación de tener arena en los ojos. Y eso, sinceramente, no tiene precio.

Fuentes útiles

Si quieres profundizar, estos son los estudios en los que me basé:

Este material se basa en experiencia personal y en investigaciones científicas, pero no sustituye la consulta con un oftalmólogo. Ante síntomas graves, consulta a un especialista.


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