Cómo reconocer un café de calidad: guía completa para los amantes del café

Cómo reconocer un café de calidad: guía completa para los amantes del café
Me gusta el café. No es solo una bebida sabrosa y aromática, sino también una fuente de energía, inspiración y buen ánimo. Pero, ¿cómo elegir un buen café entre las muchas opciones que se ofrecen en tiendas y cafeterías? ¿Cómo distinguir un producto de calidad de uno deficiente? En este artículo explicaré en qué fijarse al comprar y preparar café para obtener el máximo placer de su sabor y aroma.

Lo primero que hay que saber es que el café existe en dos tipos principales: arábica y robusta. La arábica es una variedad más cara y de mayor calidad, con aroma rico, sabor complejo y baja acidez. La robusta es una variedad más barata y de menor calidad, con gran potencia, sabor amargo y alta acidez. Con frecuencia en las tiendas se venden mezclas de arábica y robusta en distintas proporciones. Cuanta más arábica haya en la mezcla, mejor será el café. Las mezclas italianas clásicas para espresso suelen contemplar 80 % de arábica y 20 % de robusta.

Lo segundo a tener en cuenta es el grado de tostado del café. El tostado influye en el sabor, el aroma y el color del café. Existen tres grados principales de tostado: claro, medio y oscuro. El tostado claro conserva más aceites aromáticos y acidez en el café, pero lo vuelve menos intenso y menos amargo. El tostado medio crea un equilibrio entre aroma, sabor e intensidad del café. El tostado oscuro aporta color intenso, mayor cuerpo y amargor, pero destruye gran parte de los aceites aromáticos y la acidez. El grano de mala calidad se tuesta con frecuencia hasta quedar muy oscuro para ocultar sus defectos.

Lo tercero que hay que comprobar es la frescura del café. La frescura depende de la fecha de tostado y de la fecha de molido. Cuanto más fresco está el café, mejor es su sabor y aroma. Tras el tostado el café comienza a perder sus propiedades por la oxidación. Por eso es importante que en el envase figure la fecha de tostado y la vida útil. Si esos datos faltan o la fecha de caducidad está próxima, es mejor no comprar ese café. Después de molerlo, el café pierde sus propiedades aún más rápido, por lo que se recomienda comprar grano entero y molerlo antes de prepararlo. El café recién molido tiene el aroma y el sabor más intensos.

Lo cuarto que hay que observar es el aspecto del grano. El aspecto puede decir mucho sobre su calidad y su tostado. Un buen grano debe tener tamaño, forma y color uniformes, sin grietas, manchas, podredumbre, moho ni otros defectos. Defectos característicos del tostado que conviene evitar son el carbonizado de la parte externa del grano (scorching), el carbonizado del embrión del grano (tiping) y la presencia de pequeñas hendiduras redondas en el grano, similares a cráteres (chipping).

Lo quinto que hay que hacer es probar el café. Hay que probar el café no solo antes de comprarlo, sino también después, para asegurarse de que responda a sus preferencias y expectativas. Los catadores profesionales evalúan el café según siete criterios: aroma, sabor, acidez, cuerpo, dulzor, posgusto y balance. Para el consumidor habitual es suficiente fijarse en tres aspectos principales: aroma, sabor y posgusto. El aroma es lo primero que percibimos al oler el café; debe ser agradable, intenso y acorde con la variedad y el tostado. El sabor es lo que sentimos al beberlo; debe ser armónico, sin sabores desagradables, amargor excesivo ni acidez desagrada-ble. El posgusto es lo que queda en la boca después de tragar; debe ser duradero, dulce y aromático, recordando al chocolate o al pan.

En conclusión, un buen café no es solo un producto, sino un arte: el arte de elegir, preparar y disfrutar el café. Espero que este artículo le ayude a tomar la decisión correcta y a disfrutar de su bebida favorita.

Gracias por su atención y hasta la próxima.
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