Vacunarse no es una opción, sino una responsabilidad: por qué los antivacunas ponen en riesgo a sus hijos y a sí mismos

Vacunarse no es una opción, sino una responsabilidad: por qué los antivacunas ponen en riesgo a sus hijos y a sí mismos
Los antivacunas son personas que rechazan la vacunación para sí mismas o para sus hijos, considerándola insegura, innecesaria o dañina. Basan su opinión en diversos mitos, afirmaciones falsas o fuentes dudosas de información. Los antivacunas existen en muchos países del mundo y representan una amenaza para la salud pública.

La vacunación es uno de los métodos más efectivos para prevenir la propagación de enfermedades infecciosas como el sarampión, la tos ferina, la poliomielitis, la difteria y otras. Las vacunas estimulan el sistema inmunitario, ayudando a desarrollar protección frente a determinados agentes patógenos. Las vacunas se someten a pruebas estrictas de seguridad y eficacia antes de estar disponibles para la población. Salvan millones de vidas cada año y reducen el riesgo de complicaciones y mortalidad por infecciones.

Los antivacunas suelen ignorar los hechos científicos y fiarse de sus emociones, miedos o prejuicios. Pueden creer en diversas teorías conspirativas, por ejemplo, que las vacunas contienen sustancias peligrosas, que provocan autismo, infertilidad, cáncer u otras enfermedades, o que las vacunas son un método de control de la población o de implantación de microchips. También pueden confiar en fuentes no fiables, como redes sociales, blogs, vídeos o libros en los que se difunden datos falsos o distorsionados. Además, pueden verse afectados por sesgos cognitivos, como la confirmación de creencias propias, la subestimación de riesgos o el efecto Dunning-Kruger.

El movimiento antivacunas perjudica no solo a quienes lo integran, sino a toda la sociedad. El rechazo a la vacunación reduce el nivel de inmunidad colectiva, que protege frente a epidemias a quienes no pueden vacunarse por indicación médica, por ejemplo, los lactantes, las personas embarazadas y quienes presentan inmunodeficiencias o alergias. Los antivacunas ponen en riesgo a sus hijos, que pueden infectarse con enfermedades graves y sufrir sus consecuencias. También aumentan la carga sobre el sistema de salud, que debe destinar recursos al tratamiento y la prevención de infecciones que podrían haberse evitado con la vacunación.

La actitud hacia los antivacunas varía según el país. En algunos estados la vacunación es obligatoria o está vinculada a determinados beneficios o sanciones. Por ejemplo, en Francia, Italia, Alemania, Australia y otros países los niños deben estar vacunados contra determinadas enfermedades para asistir a guarderías o escuelas, y los padres pueden ser multados o perder prestaciones por negarse a vacunar. En otros países la vacunación es voluntaria, pero es fomentada por el Estado o la sociedad. Por ejemplo, en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y otros existen programas y campañas destinados a aumentar la información y la motivación para vacunarse. En algunos lugares la vacunación puede verse dificultada por la falta de recursos, infraestructura o accesibilidad. Por ejemplo, en ciertos países de África, Asia o América Latina puede haber escasez de vacunas, personal sanitario, equipos de refrigeración o transporte para llevar las vacunas a zonas remotas.

Los antivacunas son un problema que exige atención y medidas por parte de los gobiernos, las organizaciones, los medios y la sociedad. Es necesario combatir la información falsa y perjudicial que difunden los antivacunas y ofrecer a la población datos veraces y verificados sobre los beneficios y la seguridad de la vacunación. También hay que tener en cuenta los factores psicológicos y sociales que influyen en la toma de decisiones sobre la vacunación y emplear distintas estrategias para aumentar la confianza y la colaboración con quienes dudan de las vacunas. Además, es preciso garantizar la accesibilidad y la calidad de la vacunación para todos los sectores de la población y respetar las normas éticas y legales relacionadas con la vacunación. Solo con esfuerzos conjuntos podremos protegernos a nosotros mismos y a los demás frente a infecciones peligrosas y salvar muchas vidas.
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