Las discusiones sobre la homeopatía no han cesado durante muchas décadas. Los partidarios relatan recuperaciones sorprendentes y un enfoque «suave» del tratamiento; los escépticos se refieren a la imposibilidad de verificar los mecanismos de acción de dosis extremadamente bajas. Pero, ¿qué dice la ciencia real al respecto? ¿Existen grandes estudios que indiquen beneficio de los remedios homeopáticos, o la estadística apoya firmemente la hipótesis del placebo? En este artículo analizaremos cómo se realizan los experimentos científicos para evaluar la eficacia de la homeopatía, qué conclusiones sacan las revisiones sistemáticas y por qué los resultados a menudo resultan tan contradictorios.
Por qué son importantes las revisiones sistemáticas y los metaanálisis
Cuando se habla de medicina basada en la evidencia, la cúspide de la «pirámide de la evidencia» suele considerarse los grandes ensayos aleatorizados controlados (ECA). Pero incluso más sólidas son las revisiones sistemáticas y los metaanálisis: agrupan datos de numerosos ECA, evalúan tendencias generales y reducen la influencia del azar. Si imaginamos que cada estudio individual es una pieza de rompecabezas, el metaanálisis arma la imagen final y ayuda a entender si el fármaco funciona en conjunto o si los resultados están demasiado dispersos.
Para obtener conclusiones representativas, los especialistas analizan todas las publicaciones disponibles sobre el tema, excluyen duplicados o trabajos con errores metodológicos graves y «suman» las cifras. El resultado es un cuadro estadístico unificado. Habitualmente, cuando se intenta comprobar la homeopatía de esta manera, los resultados resultan ambiguos. Y eso es decirlo suavemente. Intentaremos explicar por qué ocurre así.
Puntos problemáticos en los estudios homeopáticos
La primera dificultad al evaluar la homeopatía es que las metodologías clásicas de ensayo a menudo no coinciden con la filosofía de los propios homeópatas. Según los principios de la homeopatía, los remedios se seleccionan individualmente, teniendo en cuenta no solo la enfermedad concreta, sino también las características psicoemocionales del paciente. Ese tratamiento «personalizado» es difícil de estandarizar dentro de un protocolo estricto. ¿Cómo reunir a doscientos enfermos con gravedad similar, administrar a todos granulados idénticos y al mismo tiempo no violar el enfoque homeopático?
El segundo problema son las propias dosis. Los remedios homeopáticos a menudo se diluyen hasta niveles en los que no queda ni una sola molécula de la sustancia original. Comprobar la presencia de un componente activo con métodos de laboratorio es prácticamente imposible. Y sin eso, «agarrarse» en un experimento científico es difícil. Los escépticos señalan que más que un medicamento, lo que hay es agua o azúcar.
El tercer punto problemático son los estudios a pequeña escala, es decir, trabajos con un número reducido de participantes, y la falta de un control de placebo claro. En medicina se acepta que cuanto mayor es la muestra, más fiables son los datos. Pero muchos estudios homeopáticos se presentan con grupos pequeños y por ello tienen baja potencia estadística. Al mismo tiempo, el grupo de control que recibe el placebo a menudo está ausente o no cumple los criterios. Todo ello crea una situación en la que los resultados son difíciles de reproducir y, por tanto, difíciles de considerar como evidencia.
Grandes revisiones y sus conclusiones ambiguas
A pesar de los problemas enumerados, los científicos han intentado en varias ocasiones elaborar revisiones amplias sobre la eficacia de la homeopatía. Una fuente popular de análisis sistemáticos es, por ejemplo, la Biblioteca Cochrane. Es una organización independiente que publica revisiones basadas en estándares metodológicos muy exigentes. En el contexto de la homeopatía en su sitio se pueden encontrar varios trabajos que analizan enfermedades concretas, como infecciones respiratorias, estados alérgicos o dolores reumáticos.
Con mayor frecuencia, la conclusión de esas revisiones suena más o menos así: «Los datos sobre el beneficio de la homeopatía son insuficientes o contradictorios, se necesitan más estudios con mayor rigor metodológico». Dicho de otro modo, no hay pruebas de que funcionen más que el aire. Pero en algunas revisiones se indica que parte de los pacientes realmente percibió una mejoría. Sin embargo, al examinar en detalle, puede deberse al efecto placebo o a que los propios pacientes tenían probabilidades naturales de mejorar (por ejemplo, su enfermedad tendía a remitir por sí misma).
Momentos polémicos: desde el informe australiano hasta el informe suizo
En los últimos años hubo varias historias sonadas relacionadas con revisiones de la homeopatía a escala estatal. Por ejemplo, el organismo gubernamental australiano NHMRC (Consejo Nacional de Salud e Investigación Médica) en 2015 publicó un informe exhaustivo según el cual la homeopatía no es eficaz para ninguna indicación. Se generó bastante ruido: los partidarios de la medicina alternativa acusaron a los autores del informe de sesgo, ya que concluyeron que ninguno de los estudios analizados cumplía todos los estrictos criterios de evidencia. Las controversias se mantuvieron durante largo tiempo y algunos investigadores señalaron lagunas metodológicas y un umbral de selección demasiado alto.
En contraste, existe el «ejemplo suizo», cuando en 2011 se publicó un informe suizo de evaluación de tecnologías sanitarias. Según los defensores de la homeopatía, ese informe mostraba una postura más favorable hacia los métodos de la medicina alternativa, reconociendo que en ciertos casos podría observarse un efecto positivo. No obstante, los críticos indicaron que las conclusiones de ese informe se basaban en otro enfoque de evaluación, con criterios más liberales. Como resultado, tenemos dos ejemplos opuestos de revisiones estatales, y cada uno puede interpretarse a conveniencia según la posición del público.
Metodología: la clave para entender las contradicciones
En cualquier investigación sobre homeopatía (y no solo) el factor crítico es la metodología, es decir, cómo se construye el experimento o el análisis de datos. Hay varios puntos importantes:
- Aleatorización. Para excluir el sesgo, los participantes se dividen aleatoriamente en grupos. Si el estudio no hace esto, sus resultados generan menos confianza.
- Método «ciego». En lo ideal ni el paciente ni el médico deben saber quién recibe el remedio real y quién el placebo. La homeopatía suele enfrentarse a problemas en este aspecto, porque los remedios pueden diferir en sabor, olor o forma (o incluso seleccionarse de manera individual).
- Tamaño de la muestra. Probar un remedio en un grupo de 30 personas es atrevido, pero poco convincente. Para que las conclusiones sean fiables, hay que realizar ECA con cientos, preferiblemente miles, de participantes y luego combinar los resultados.
- Análisis de variables primarias y secundarias. A menudo los artículos mencionan que la homeopatía no afectó al indicador principal (por ejemplo, la duración de la enfermedad), pero supuestamente mejoró el bienestar general. Sin embargo, esa interpretación puede indicar que el criterio principal fue nulo y que se eligió como resultado «positivo» algún aspecto secundario (por ejemplo, una valoración subjetiva).
Todos estos factores explican por qué los resultados obtenidos en distintos estudios pueden divergir tanto. En algunos lugares la metodología está bien diseñada pero la muestra es pequeña; en otros la muestra es grande pero no se respetó el enmascaramiento, etc. De ahí provienen muchas conclusiones contradictorias.
Qué dicen los metaanálisis en revistas importantes
Si se mira en revistas de prestigio como The Lancet, BMJ o JAMA, aparecen publicaciones que intentan sintetizar los datos sobre la homeopatía. Uno de los artículos más citados se publicó en The Lancet en 2005, y sus autores, tras un metaanálisis de numerosos estudios, concluyeron que los remedios homeopáticos no son más eficaces que el efecto placebo.
No obstante, algunos artículos posteriores señalan que en casos concretos (por ejemplo, en alteraciones leves del sueño o en alergias estacionales) puede observarse un resultado positivo, aunque no siempre explicable desde la farmacología clásica. En conclusión, la comunidad científica sigue subrayando el bajo nivel de evidencia y reclama ECA más rigurosos, aunque reconoce que por las características de la homeopatía (selección individual, ausencia de molécula activa) realizarlos resulta enormemente difícil.
El efecto placebo: ¿enemigo o aliado de la homeopatía?
Uno de los argumentos más contundentes de los detractores de la homeopatía es el efecto placebo. Algunos expertos opinan que si una persona realmente nota mejoría, pero no hay pruebas de una acción específica del remedio, se trata de una reacción psicológica o psicosomática clásica. Dicho de otra forma, el paciente experimenta alivio de los síntomas no porque el preparado homeopático contenga un componente único, sino porque cree en su eficacia y recibe atención y cuidado del profesional.
No obstante, existe otra lectura: el placebo forma parte del proceso terapéutico, sobre todo en afecciones leves o crónicas estrechamente ligadas al estado psicoemocional. Si el paciente se encuentra mejor, ¿por qué no? El problema surge cuando la homeopatía se presenta como equivalente (o superior) a fármacos convencionales en situaciones que requieren tratamiento probado y urgente. En esos casos el placebo no salva y el tiempo perdido puede costar la salud del paciente.
Cómo se generan conclusiones contradictorias
Al lector que se enfrenta por primera vez a estas revisiones le puede resultar confuso el flujo de opiniones contrapuestas. En un estudio se lee: «El efecto es insignificante, todo es placebo». En otro: «¡El 60% de los pacientes mejoró!». ¿De dónde viene tal disparidad?
Con frecuencia todo se reduce a los criterios de selección de estudios para el metaanálisis y a su calidad. Unos autores incluyen solo ECA de alto nivel; otros aceptan cualquier artículo disponible, incluidos estudios observacionales. Además pueden variar los diagnósticos tratados con homeopatía, los periodos de seguimiento, la edad de los pacientes y, por supuesto, el interés financiero u organizativo de las partes.
Asimismo, en los estudios homeopáticos se observa un «sesgo de publicación», cuando los resultados positivos se difunden y publican con gusto, mientras que los negativos o dudosos quedan en los archivos. Esto crea un sesgo: el público oye mayoritariamente sobre experimentos supuestamente positivos, mientras que los fracasos permanecen desconocidos. Así surge la ilusión de que los casos positivos son mayoría.
Conclusiones prácticas para los lectores
Resumiendo, la revisión sistemática de la evidencia sobre la eficacia de la homeopatía muestra un panorama heterogéneo. Los metaanálisis rigurosos suelen apuntar a la ausencia de datos convincentes de que las dosis extremadamente bajas produzcan un efecto superior al placebo. Sin embargo, existen estudios más pequeños y metodológicamente discutibles que registraron dinámica positiva, especialmente en la satisfacción general de los pacientes y su sensación subjetiva de bienestar.
En la práctica esto significa: si se trata de dolencias leves que no requieren una farmacoterapia potente o urgente, la homeopatía puede producir una sensación de mejoría (al menos por cuestiones psicológicas y por un enfoque de atención más «cálido»). Si el diagnóstico es grave, confiar únicamente en microdosis es peligroso, ya que no hay datos científicos que avalen que esa táctica previene consecuencias serias.
Reflexiones finales
Vemos que las investigaciones científicas sobre la homeopatía conforman un verdadero caleidoscopio de opiniones y resultados. A día de hoy, las revisiones sistemáticas más amplias no proporcionan motivos para afirmar que los remedios homeopáticos funcionen de forma más fiable que el placebo en indicaciones médicas serias. Al mismo tiempo, una pequeña parte de estudios y testimonios de pacientes señalan una mejoría subjetiva, lo que conduce a la petición de «más estudios». Pero llevan años pidiendo más investigación y la respuesta única y concluyente aún no llega.
Se puede decir que los principales obstáculos son la dificultad de realizar ensayos verdaderamente «ciegos» y aleatorizados, la contradicción con el propio principio de acción de la homeopatía y los criterios ambiguos de selección de estudios. No obstante, si realmente desea conocer todo el espectro de opiniones, conviene acudir a fuentes autorizadas como PubMed y a la Biblioteca Cochrane. Allí encontrará revisiones sistemáticas en las que se detallan los criterios de selección de publicaciones y los métodos de análisis estadístico.
La decisión de creer o no en la homeopatía sigue siendo una elección personal. Pero si se plantea un problema serio y peligroso, son necesarias pruebas sólidas y una terapia basada en la evidencia. Como mínimo, antes de comenzar cualquier tratamiento «inusual» conviene consultar con un médico que consulte no solo folletos publicitarios, sino también revistas científicas. Así aumentan significativamente las posibilidades de tomar la decisión óptima para la propia salud.