El pasado fin de semana el equipo del expresidente de Estados Unidos Joe Biden informó que al político se le diagnosticó un cáncer de próstata «agresivo» con afectación ósea. La noticia se difundió de inmediato por medios y redes sociales, generando tanto preguntas razonables («¿qué opciones de tratamiento existen?») como una avalancha de rumores («¿por qué no se detectó antes?»). Analicemos con calma: cómo se trata hoy el cáncer de próstata agresivo en pacientes ancianos y qué se puede esperar de los distintos métodos.
Diagnóstico de Biden: hechos conocidos y breve FAQ
Según el comunicado de prensa, Biden tiene 82 años; presenta un índice tumoral de alto grado (Gleason 9) y metástasis en el sistema óseo, pero el tumor aún responde a la terapia hormonal. Este cuadro corresponde al cáncer de próstata metastásico sensible a hormonas (mHSPC), que en los registros se distingue del estado ya resistente a la castración.
- ¿Por qué «agresivo»? El término se usa cuando el tumor crece rápidamente, tiene una puntuación Gleason alta (8–10) y tiende a dar metástasis de forma precoz.
- ¿Por qué no se detectó antes? Tras los 70 años el cribado mediante antígeno prostático específico (PSA) es controvertido: puede producir falsos positivos y conducir a tratamientos «excesivos».
- ¿Se puede curar? El proceso metastásico suele ser una enfermedad crónica pero manejable; el objetivo es prolongar la vida al máximo y preservar la calidad de vida.
De dónde viene la «agresividad» y por qué la próstata «se escapa» del control
Si hace unos años el pronóstico en mHSPC era bastante sombrío, hoy la situación recuerda a un partido de fútbol reñido: al médico le aparecen nuevas «sustituciones» y «tácticas», y el tumor se ve obligado a retroceder. Las guías europeas (EAU) y americanas (NCCN) se actualizan anualmente: aumentan las líneas de tratamiento y la supervivencia se alarga.
Subtipos genéticos y mutaciones — elección de dianas
En aproximadamente el 20–25 % de los tumores agresivos se detectan defectos en la reparación del ADN (BRCA1/2, ATM, CHEK2). La presencia de estas alteraciones abre la puerta a inhibidores de PARP (olaparib, miraparib, niraparib), aprobados por la FDA para cáncer de próstata metastásico resistente a la castración (mCRPC) con mutación BRCA. Aquí la biología se traduce directamente en una píldora concreta.
Bloques básicos de la terapia moderna
1. Terapia hormonal (ADT): «cortamos la gasolina» que alimenta al tumor
La próstata se nutre de andrógenos, por eso la primera línea es «desenergizarla». Los métodos clásicos son la castración quirúrgica o inyecciones de agonistas/antagonistas de la LHRH. Estos procedimientos reducen la testosterona a niveles de castración y ralentizan el crecimiento tumoral.
Hoy la ADT casi nunca se usa en monoterapia: se añade uno de los nuevos antiandrógenos (abiraterona, enzalutamida, apalutamida, darolutamida). La combinación ADT más enzalutamida en el estudio ENZAMET incrementó la supervivencia global en mHSPC.
2. Quimioterapia: la artillería pesada sigue en el arsenal
Antes de la llegada de los nuevos antiandrógenos, el docetaxel era el «estándar de oro»; ahora a menudo se reserva para una segunda línea, aunque en pacientes jóvenes con alta carga tumoral se sigue añadiendo docetaxel a la ADT desde el inicio —este enfoque figura en la guía de la NCCN.
3. Terapia con radioligandos Pluvicto® (Lu-177-PSMA)
En marzo de 2022 la FDA aprobó Pluvicto, un radiofármaco que se une a la PSMA en la superficie de las células tumorales y las «ilumina» con lutecio-177. En marzo de 2025 la indicación se amplió: ahora se puede prescribir antes de la quimioterapia, lo que es especialmente importante para pacientes ancianos y frágiles. Sí, se trata precisamente de esa «molécula radioactiva» que pronto podría formar parte del tratamiento de Biden, si la gammagrafía con Ga-68 PSMA confirma captación en las metástasis.
4. Radionúclido Radium-223: objetivo principal — el hueso
Si las metástasis son predominantemente óseas y dolorosas, el Radium-223 reduce el dolor y mejora la supervivencia: los primeros datos consistentes aparecieron en el ensayo ALSYMPCA (NEJM, 2013). El fármaco imita al calcio, se incorpora en los focos óseos y «destruye» el tumor con partículas alfa, afectando mínimamente los tejidos circundantes.
5. Inhibidores de PARP: «reparamos» las fallas del ADN
En presencia de mutaciones BRCA1/2 u otros genes de reparación del ADN, la FDA autorizó el uso de niraparib en combinación con abiraterona y prednisona para mCRPC. Este esquema es especialmente útil cuando el tumor ya se ha vuelto resistente a la ADT.
Radioterapia y control local incluso con metástasis
La radioterapia externa clásica sigue siendo una herramienta eficaz: irradiar el tumor primario reduce el riesgo de complicaciones (retención urinaria, hemorragias) y alivia el dolor. La elección del esquema depende del volumen de la enfermedad metastásica: en enfermedad de bajo volumen las guías de la EAU recomiendan considerar la radioterapia local como parte de un enfoque combinado.
Terapia de soporte y calidad de vida
Las metástasis óseas vuelven el esqueleto frágil, y la ADT acelera la osteoporosis. El Instituto Nacional del Cáncer (NCI) recomienda la introducción temprana de bisfosfonatos o denosumab y la prevención planificada de fracturas. Añádase fisioterapia, corrección nutricional y apoyo psicológico: el resultado es un verdadero «cóctel multidisciplinario» capaz no solo de prolongar la vida, sino de hacerla más llevadera.
Qué tener en cuenta en pacientes mayores de 80
La edad por sí sola no es motivo para renunciar al tratamiento activo. No obstante, cada fármaco nuevo suma riesgos: los antiandrógenos aumentan el cansancio y las caídas, la quimioterapia perjudica la médula ósea, y Pluvicto puede causar sequedad bucal y náuseas. Por eso la valoración geriátrica integral antes del inicio de la terapia es obligatoria según la NCCN.
Según los informes periodísticos, la médula ósea de Biden «se encuentra en buen estado» y las enzimas hepáticas están normales. Eso indica que es candidato a varias líneas de tratamiento, aunque en un régimen adaptado.
Conclusiones: estrategia de «maratón, no de sprint»
El cáncer de próstata agresivo es un diagnóstico complejo, pero ya no desesperado. La combinación de bloqueo hormonal, nuevos antiandrógenos, terapias con radioligandos y tratamientos dirigidos puede convertir la enfermedad en crónica: los pacientes viven años, cambiando los esquemas conforme aparece la resistencia. El caso de Joe Biden, por muy público que sea, es en muchos aspectos representativo de miles de hombres mayores: el tumor se detecta tarde, pero con un arsenal de 5–7 líneas de tratamiento aprobadas las posibilidades de mantener la actividad son bastante altas. Lo fundamental es un equipo oncológico competente, controles regulares y disposición para cambiar el «plan de juego» a tiempo.
Y sí, el análisis de PSA después de los setenta debe discutirse de forma individual: el debate sobre el sobrediagnóstico no cesa, pero la historia de Biden recuerda que renunciar al cribado también es una decisión con consecuencias.
Enlaces útiles
- Instituto Nacional del Cáncer (NCI): Hormone Therapy for Prostate Cancer
- Guías de la EAU 2024: Prostate Cancer
- FDA: Recent Oncology Approvals
- Guías para pacientes de la NCCN: Prostate Cancer — Advanced Stage