Imaginen una montaña de casi tres kilómetros de altura en algún lugar de los Andes chilenos. El aire allí es tan enrarecido que cada paso cuesta trabajo. Pero precisamente en ese lugar, donde las nubes se mueven abajo y las estrellas parecen muy cercanas, la humanidad construyó una de las máquinas más grandiosas para estudiar el cosmos.
El 23 de junio de 2025 fue, probablemente, uno de los días más importantes de la astronomía moderna. Por primera vez comenzó a funcionar un telescopio con el que se soñó durante más de veinte años. ¿Y saben qué? Cumplió con las expectativas más audaces.
En apenas diez horas de funcionamiento este gigante encontró más de dos mil asteroides que nadie había visto antes. Siete de ellos resultaron ser objetos cercanos a la Tierra. Pero eso, como se suele decir, es solo el comienzo. Lo mejor vendrá después.
La mujer que vio lo invisible
¿Saben quién fue Vera Rubin? No, no la cantante. Se trata de una mujer absolutamente extraordinaria que cambió por completo nuestra comprensión del universo. Y lo hizo mientras enfrentaba prejuicios durante toda su vida.
Nació en 1928 en una familia judía común en Filadelfia. Su padre era ingeniero, originario de Vilna, y su madre provenía de Besarabia. Cuando la niña cumplió diez años, la familia se mudó a Washington. Y ahí comienza lo más interesante.
Vera pasaba horas mirando las estrellas por la ventana. No miraba por mirar: estudiaba. Su padre, viendo ese interés, le ayudó a ensamblar un telescopio. ¿Se imaginan? En una época en que a las niñas se les esperaba que jugaran con muñecas, ella observaba el movimiento de los cuerpos celestes.
En 1948 se graduó del college con una titulación en astronomía. Intentó entrar en Princeton... y recibió una negativa. ¿Saben por qué? Hasta 1975 a las mujeres allí simplemente no se les permitía estudiar astronomía. ¿Pueden imaginar eso hoy?
Pero Vera no se rindió. Ingresó en Cornell, obtuvo una maestría. Y ahí empezó el trabajo verdadero.
El descubrimiento que lo cambió todo
En los setenta, Vera trabajaba en el Instituto Carnegie junto a su colega Kent Ford. Parecía un trabajo común: estudiaban cómo giran las galaxias espirales. Otro estudio más, pensarían algunos...
Y resultó esto. Se descubrió que las estrellas en los bordes de las galaxias se mueven a la misma velocidad que las estrellas del centro. ¿Suena aburrido? En realidad, ¡era absolutamente imposible!
Verán, en todos los sistemas normales —ya sea el Sistema Solar u otro cualquiera— rige una regla simple: cuanto más lejos del centro, más lento el movimiento. Plutón se desplaza por su órbita con paso de tortuga, y Mercurio corre a toda velocidad. ¿Lógico, no?
Pero aquí aparece que las galaxias parecen obedecer leyes distintas. ¿Cómo es posible? Solo hay una explicación: alrededor de las galaxias existen nubes gigantes de alguna materia invisible.
Por cierto, la idea de la materia oscura ya la propuso en los años treinta el astrofísico suizo Fritz Zwicky. En aquel entonces no le prestaron mucha atención: parecía un viejo excéntrico fantaseando. Las observaciones de Vera Rubin, en cambio, fueron la primera evidencia seria.
Y saben qué es lo más sorprendente: esa materia invisible resulta ser mucho más abundante en el universo que todo lo que podemos ver con los telescopios. Estrellas, planetas, gas y polvo constituyen apenas un cinco por ciento de la masa total. El resto es un enigma.
Vera Rubin falleció el día de Navidad de 2016. Tenía 88 años. No recibió el Premio Nobel, aunque muchos pensaban que lo merecía. Ahora, eso sí, su nombre lleva uno de los telescopios más potentes de la historia.
La maravilla tecnológica en medio del desierto
¿Dónde está situada esa observatorio? En uno de los rincones más remotos de nuestro planeta: en el pico El Peñón, en los Andes chilenos. ¿Por qué ahí?
Porque para la astronomía cada detalle cuenta. El aire debe ser seco, el cielo limpio, la contaminación lumínica mínima. Y, por supuesto, muchas noches despejadas. En resumen, la zona de Cerro Pachón es prácticamente ideal.
El propio telescopio... bueno, cómo decirlo... es bastante inusual. La mayoría de los grandes telescopios modernos usan un diseño de dos espejos. Aquí decidieron usar tres. ¿Para qué? Para conseguir un campo de visión extremadamente amplio.
El espejo principal tiene 8,4 metros de diámetro: es realmente impresionante. Pero la clave no es solo el tamaño. El campo de visión de este monstruo es de 3,5 grados de diámetro. Para comparar: la Luna llena ocupa en el cielo apenas medio grado.
Eso significa que en una sola imagen el telescopio captura una porción del cielo del tamaño de cuarenta lunas. ¿Se imaginan la escala?
La construcción del observatorio fue larga. Muy larga. Las primeras ideas surgieron a principios de los años 2000; el proyecto se lanzó oficialmente en 2014 y la construcción comenzó un año después. La pandemia introdujo retrasos: hubo que detener las obras durante varios meses. Pero los programadores, mientras tanto, no se quedaron de brazos cruzados.
Cámara del tamaño de un automóvil
Ahora lo más interesante: la cámara. Y diré de inmediato que no es una cámara cualquiera. Es una obra de ingeniería.
Pesa tres toneladas. Tiene el tamaño de un automóvil pequeño. La lente frontal supera el metro y medio de diámetro. Y la resolución... agárrense fuerte... 3,2 gigapíxeles.
Para entender lo que eso significa, pongo un ejemplo simple. Si quisieran imprimir una sola de esas imágenes necesitarían casi cuatrocientos televisores 4K. Además, esta cámara es tan sensible que distinguiría una pelota de golf desde 25 kilómetros de distancia.
En su interior hay 201 detectores individuales, dispuestos en una estructura en mosaico. Seis filtros para distintas longitudes de onda. Y todo eso se enfría hasta menos cien grados Celsius para minimizar el ruido.
Esta maravilla se fabricó en el laboratorio SLAC en California durante más de diez años. Cada etapa exigió una precisión casi de joyero. El menor error habría convertido miles de millones de dólares en chatarra costosa.
En abril del año pasado la cámara se embaló en un contenedor especial y se envió por mar a Chile. ¿Se imaginan lo que supone transportar semejante tesoro? En marzo de este año por fin se instaló en su lugar.
Diez años por el futuro
La misión principal del observatorio tiene un nombre impresionante: Legacy Survey of Space and Time, conocida por sus siglas LSST. En español, algo así como la Encuesta del Legado del Espacio y del Tiempo.
El plan es sencillo y al mismo tiempo grandioso. Cada tres noches el telescopio fotografiará todo el cielo austral accesible. Todo, sin excepciones. En diez años se acumulará tal volumen de datos que resulta difícil imaginarlo.
Piensen: cada noche se generan unos 20 terabytes de información. En todo el periodo, unos 60 petabytes. Eso es diez veces más de lo que almacena la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
Pero no se trata solo de cantidad. Se espera fotografiar más de 20 000 millones de galaxias, 17 000 millones de estrellas de nuestra Vía Láctea y millones de objetos del Sistema Solar. Desde diminutos asteroides hasta cometas lejanos.
Por supuesto, la meta principal es finalmente comprender la materia oscura y la energía oscura. Tal vez dentro de diez años entendamos de qué está realmente hecha nuestra Universo.
Además, el telescopio será un verdadero cazador de asteroides. Se espera el descubrimiento de varios millones de objetos nuevos, incluidos algunos potencialmente peligrosos para la Tierra.
Los primeros resultados superaron las expectativas
Y llegó ese día: el 23 de junio de 2025. El telescopio obtuvo su "primera luz". Suena solemne, ¿no es así?
Los resultados superaron incluso las previsiones más optimistas. En apenas diez horas se obtuvieron imágenes de nebulosas como la Trífida y la Laguna que quitan el aliento. Cada detalle, cada nube de gas y polvo, se ve con una nitidez impresionante.
Especialmente impactante es el mosaico de casi setecientos fotogramas individuales. Al unirlos en una sola imagen se obtuvo una panorámica de una belleza tal que dan ganas de quedarse a contemplarla.
Pero lo más asombroso es la cantidad de objetos detectados. En una sola toma del cúmulo en la constelación de Virgo se ven alrededor de diez millones de galaxias. Y eso es apenas una diminuta fracción de lo que se pretende estudiar.
Y los asteroides... En pocas horas hallaron más de dos mil objetos nuevos. Siete de ellos pasan relativamente cerca de la Tierra. En cualquier caso, no representan peligro.
Las operaciones a pleno rendimiento comenzarán el 16 de septiembre. Y entonces... entonces empezará la verdadera fiesta.
La era de la inteligencia artificial en la astronomía
¿Saben cuál es el principal problema de un proyecto así? No es la tecnología —eso de algún modo se ha resuelto—. El problema son los datos. Habrá tanto que la mente humana no podrá con todo.
Cada noche miles de imágenes. En cada imagen millones de objetos. ¿Cómo procesarlo todo? Claro: con inteligencia artificial.
Ya se desarrollan algoritmos que encontrarán automáticamente objetos nuevos, los clasificarán y seleccionarán los más interesantes para un estudio detallado. En esencia, se está creando un astrónomo artificial que nunca se cansa y no olvida.
Esto es especialmente importante para la búsqueda de objetos de movimiento rápido, como algunos visitantes interestelares del tipo Oumuamua. Esos cuerpos aparecen en el campo de visión unos pocos días y luego desaparecen. Si se pierde el momento, se pierde la oportunidad.
Los investigadores calculan que LSST podrá detectar hasta 70 objetos de ese tipo al año. Compárenlo con los dos conocidos hasta ahora y se hará una idea de la magnitud de los descubrimientos por venir.
La comunidad científica mundial espera con ilusión
Lo más alentador del proyecto es que los datos estarán disponibles para cualquiera que los solicite. No de inmediato, claro: un año después de su obtención. Pero aun así esto significa que miles de científicos de todo el mundo podrán hurgar en ese tesoro.
Los astrónomos ya se preparan para una auténtica avalancha de información. Se crean grupos de trabajo, se desarrollan nuevas metodologías de análisis y se planifican observaciones complementarias con otros telescopios.
Se espera que LSST sea la fuente de miles de artículos científicos cada año. Y quizá mucho más.
Se prestará especial atención a los jóvenes. Se planifican programas específicos para estudiantes y doctorandos que podrán trabajar con datos reales. Esto ayudará a formar una nueva generación de astrónomos capaces de manejar el gran volumen de información.
Hay problemas, pero son solucionables
Por supuesto, no todo es color de rosa. El principal quebradero de cabeza son los satélites. Mejor dicho, su número creciente. SpaceX lanza miles de satélites de internet y otras empresas no se quedan atrás.
Para los telescopios de barrido es una auténtica catástrofe. Las estelas brillantes de los satélites estropean las imágenes y ocultan objetos débiles. Los programadores trabajan en métodos para eliminar por software esas interferencias, pero complica mucho la vida.
Hay otras preocupaciones: por ejemplo, el cambio climático puede afectar las condiciones atmosféricas en la zona del observatorio. Aunque Cerro Pachón fue elegido como uno de los mejores lugares del planeta, la naturaleza puede imponer sus correcciones.
Pero, ¿saben qué? Todas estas dificultades palidecen ante la grandiosidad de las metas. En diez años de trabajo LSST puede cambiar por completo nuestra comprensión del universo.
Qué nos espera adelante
Sinceramente, es difícil imaginar qué descubrimientos nos aguardan. Tal vez por fin resolvamos el misterio de la materia oscura. O quizá encontremos algo totalmente inesperado.
Ya se planifican proyectos de próxima generación. El telescopio espacial Nancy Roman complementará las observaciones terrestres con datos desde el espacio. Los gigantescos telescopios terrestres del futuro permitirán un estudio detallado de los objetos que descubra LSST.
Pero lo esencial no es la tecnología. Lo esencial es que el proyecto demuestra que la ciencia no conoce fronteras. Ni nacionales ni de género. Grandes descubrimientos puede hacer cualquiera que sea lo bastante curioso y perseverante.
Vera Rubin luchó durante toda su vida contra los prejuicios. Hoy el telescopio que lleva su nombre continúa la labor a la que ella dedicó su vida. Y quién sabe: tal vez gracias a este instrumento comprendamos finalmente de qué está hecha nuestra asombrosa Vía Láctea y el resto del universo.
Como ella misma decía, "el universo está lleno de cosas maravillosas que esperan pacientemente a que nuestras mentes se agudicen". Ahora contamos con un instrumento capaz de afilar realmente nuestras mentes. Solo queda esperar los resultados.