Pensar como delito en el siglo XXI: de Orwell a los algoritmos

Pensar como delito en el siglo XXI: de Orwell a los algoritmos

¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría si alguien pudiera ser encarcelado por un pensamiento equivocado? No por las palabras que pronunciaste. No por los actos. Sino simplemente por haber pensado "algo incorrecto". Parece un completo absurdo, ¿verdad? Pero esa idea es la base del concepto de crimen de pensamiento, una noción que durante casi ochenta años ha inquietado a lectores en todo el mundo.

Recuerdo la primera vez que me topé con esta idea en "1984" de Orwell. Tenía unos dieciséis años y pensé: ¿qué tontería habrá inventado este escritor? Ahora, al observar lo que ocurre a nuestro alrededor, con frecuencia me sorprendo pensando: quizá George no fuera tan fantasioso.

Cómo nació el crimen de pensamiento en el mundo del Gran Hermano

Así, crimen de pensamiento es un término que Orwell introdujo en su famoso libro "1984". El año de publicación fue 1949, por cierto. En el original se llama "thoughtcrime", que literalmente significa "delito de pensamiento". La idea es terriblemente simple: si piensas en algo que no gusta al partido gobernante, ya eres un criminal.

Imagina un Estado llamado Oceanía, donde se desarrolla la acción de la novela. Allí el Partido controla absolutamente todo: no solo lo que la gente hace o dice, sino también lo que piensa. La Policía del Pensamiento (sí, existe) vigila cada paso de los ciudadanos. Telepantallas que no se pueden apagar, micrófonos ocultos por doquier, una red de informantes entre vecinos y compañeros.

Pero lo más aterrador es que han aprendido a reconocer los crímenes de pensamiento por signos externos: por la expresión facial, por los gestos, incluso por cómo se comporta una persona mientras duerme. Aterrador, ¿no?

El protagonista Winston Smith lo expresa así: "El crimen de pensamiento no conlleva la muerte; el crimen de pensamiento ES la muerte". Y tiene razón. Porque basta que empieces a pensar "incorrectamente" y ya estás muerto para el sistema. ¿Pruebas? ¿Qué pruebas? Basta la sospecha.

Lo que más me impresiona de esta concepción es la lógica del Partido. Ellos saben que controlar los actos es solo una medida a medias. Se puede obligar a alguien a pronunciar las palabras correctas, a ejecutar las acciones deseadas. Pero si sus pensamientos siguen libres, tarde o temprano hallará la forma de resistir. Por eso hay que destruir la propia posibilidad de pensamiento erróneo.

Instrumentos que hacen posible el crimen de pensamiento

Orwell es un genio en el sentido de que no se limitó a inventar un horror sobre el control del pensamiento. Detalló los mecanismos que hacen posible ese control. Y hoy, pasadas las décadas, esos mecanismos resultan inquietantemente realistas.

Tomemos la neolengua, por ejemplo. Es un idioma artificial que sustituye gradualmente al inglés habitual en el mundo de Orwell. ¿El objetivo? Hacer que los pensamientos heréticos simplemente no puedan expresarse con palabras. No existe la palabra "libertad" en su sentido político: no hay tampoco pensamientos sobre la libertad. Genial y aterrador a la vez.

Durante mucho tiempo no pude entender por qué esta idea me había impactado tanto. Luego comprendí: el lenguaje realmente moldea el pensamiento. Si en el idioma no existen ciertos conceptos, pensar en ellos resulta más difícil. No es ciencia ficción: es realidad.

El segundo instrumento es el doble pensamiento: la capacidad de creer simultáneamente en dos ideas opuestas. La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza. Suena absurdo, pero trata de analizar honestamente tus propias convicciones. ¿No hallarás allí contradicciones parecidas?

Y el tercer elemento es la vigilancia total. Telepantallas que te miran mientras tú las miras. Niños que denuncian a sus padres (¡y eso se considera normal!). Vecinos dispuestos a delatarte por la menor sospecha.

Lo más cínico de este sistema es que convierte a la gente en cómplices de su propia esclavitud. El crimen de pensamiento deja de ser solo una infracción legal y se vuelve un pecado contra la propia naturaleza de la sociedad. La gente comienza a creer sinceramente que los pensamientos erróneos son malos y se autocontrola.

¿Y qué hay en nuestro mundo real?

Por supuesto, en 2025 no tenemos un Ministerio del Amor ni una Policía del Pensamiento. Pero existe otra cosa. Y a veces ese "otra cosa" funciona no menos eficazmente que los mecanismos orwellianos.

Tomemos las redes sociales. Los algoritmos nos muestran exactamente lo que queremos ver. Crean esas "cámaras de eco" donde solo escuchamos la confirmación de nuestras opiniones. Cualquier desacuerdo queda filtrado. ¿No es esto una forma de control del pensamiento?

¿Y qué decir de la llamada "cultura de la cancelación"? A una persona pueden literalmente excluirla de la vida pública no por actos concretos, sino por declaraciones. O incluso por pensamientos que alguien consideró inaceptables. Los límites de lo "aceptable" se desplazan continuamente, y lo que ayer era norma hoy puede servir de motivo para atacar a alguien.

¿Y sabes qué es lo más interesante? A menudo participamos en este proceso por voluntad propia. Publicamos en redes sociales nuestros pensamientos y sentimientos, usamos asistentes de voz que nos escuchan constantemente, llevamos smartphones que rastrean cada uno de nuestros pasos.

Orwell ni siquiera pudo imaginar que la gente llevaría consigo dispositivos de vigilancia. ¡Y que pagaría por ello!

El doble pensamiento también funciona perfectamente hoy. Hablamos de libertad de expresión y apoyamos la censura del "contenido dañino". Defendemos la privacidad — compartimos datos con las corporaciones. Abogamos por la tolerancia y, sin embargo, somos intolerantes con los disidentes. Un clásico del género, en fin.

Qué le hace el crimen de pensamiento a la persona

Probablemente lo más aterrador de la idea del crimen de pensamiento no sea el control externo, sino el efecto que tiene en la psique. Cuando los pensamientos se convierten en delito, la persona pierde el último refugio de su identidad.

Piénsalo: los pensamientos son lo que nos hace humanos. Nuestra libertad interior, la capacidad de dudar, soñar y imaginar alternativas. Cuando un sistema ataca esa última fortaleza, ataca la propia esencia de la humanidad.

En la novela vemos cómo el crimen de pensamiento destruye no solo a un individuo concreto, sino a la sociedad entera. La gente deja de confiar entre sí. Pierde la capacidad creativa y el pensamiento crítico. La sociedad se transforma en una masa: manejable, pero incapaz de desarrollarse.

Y lo más terrible es que el crimen de pensamiento crea un censor interno. La persona comienza a controlar automáticamente sus propios pensamientos, sin esperar una coacción externa. Es como un virus que altera el sistema operativo de la conciencia.

La psicología contemporánea, por cierto, confirma: la supresión prolongada de ciertos pensamientos puede cambiar realmente nuestro modo de pensar. Existe un fenómeno llamado "el efecto del oso blanco": cuanto más te esfuerzas por no pensar en algo, más intrusivos se vuelven esos pensamientos. Pero si se reprimen durante suficiente tiempo, pueden desaparecer por completo.

Cómo protegerse del crimen de pensamiento

Bien, si la amenaza es real, ¿qué hacer? Orwell no ofrece recetas directas, pero en su novela hay pistas importantes.

Primero y ante todo, hay que ver el problema. No se puede combatir lo que no se percibe. Es importante entender cómo funcionan los mecanismos de control del pensamiento y aprender a reconocerlos. Eso incluye no solo la propaganda abierta, sino también formas más sutiles de manipulación.

Segundo, conservar el pensamiento crítico. Hacer preguntas constantemente, dudar, buscar puntos de vista alternativos. Sí, exige esfuerzo. Pero ese es el precio de la libertad de pensamiento.

Tercero, proteger la privacidad. Cuanta menos información sobre nuestros pensamientos y preferencias caiga en manos ajenas, mejor. No es paranoia: es prudencia razonable.

Y una cosa más, quizá la más importante: hay que sostener la diversidad de opiniones. Incluso si ciertos puntos de vista nos parecen salvajes o errados, es importante defender el derecho de la gente a tenerlos. Porque hoy se prohíben sus pensamientos, y mañana podrían prohibir los nuestros.

A veces pienso: ¿no estaremos exagerando? ¿Puede que no exista ningún crimen de pensamiento y todo sea solo fantasía literaria? Pero luego veo las noticias, leo sobre despidos por publicaciones en redes sociales, cierres de canales por opiniones "incorrectas", algoritmos que deciden qué debemos ver y qué no... Y comprendo: Orwell tenía razón. Quizá no en todo, pero sí en lo esencial.

El crimen de pensamiento no es solo un espanto de la antítopia. Es una advertencia sobre lo que le ocurre a una sociedad dispuesta a renunciar a la libertad de pensamiento por seguridad o unidad aparentes. Y cada vez que topes con intentos de controlar nuestro pensamiento, recuerda: los pensamientos nos pertenecen. Y eso es la base de todo.

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