El lado oscuro del ayuno intermitente: lo que los estudios nos ocultan

El lado oscuro del ayuno intermitente: lo que los estudios nos ocultan

El ayuno intermitente se ha convertido en una verdadera moda de la actualidad. Instagram está lleno de fotos con leyendas "16:8", las celebridades cuentan las maravillas del ayuno, y compañeros de trabajo comparten con entusiasmo historias sobre cómo "engañaron a la biología" y perdieron kilos de más simplemente saltándose el desayuno. Parece que hemos encontrado esa forma mágica de estar sanos sin mucho esfuerzo.

Pero, ¿y si detrás de esa imagen atractiva se esconde algo más sombrío? ¿Y si nuestro cuerpo no está tan encantado con los experimentos constantes con el hambre? Nuevos datos científicos obligan a revisar seriamente nuestra actitud hacia el ayuno intermitente. Y parece que no estamos ante una tendencia inofensiva, sino ante una intervención médica seria que puede causar daño real.

Cuando "un estilo de vida saludable" se convierte en un problema de salud

Pongamos las cosas claras desde el principio. El ayuno intermitente no es solo una dieta de moda ni un truco para adelgazar. Es una forma de alimentación restrictiva que cambia radicalmente el funcionamiento de todos los sistemas del organismo. Y como cualquier intervención seria, tiene su perfil de efectos adversos.

Las investigaciones muestran un panorama bastante poco alentador.  Un metaanálisis de los efectos adversos del ayuno intermitente indica que entre las personas que practican ayuno intermitente, el 68% se queja de falta de energía, el 61,3% sufre dolores de cabeza, el 57,8% experimenta cambios de humor y el 55,8% padece mareos. Añádase a esto aumento de la frecuencia urinaria, insomnio, náuseas y disminución de la concentración: el resultado es un panorama bastante sombrío del supuesto "estilo de vida saludable".

Por supuesto, los partidarios del ayuno replicarán rápido: "¡Es temporal! ¡El cuerpo se adapta!" Y en parte tienen razón: en muchas personas estos síntomas desaparecen en unas semanas. Pero el problema es que en algunas personas permanecen para siempre. Imaginen que deciden "mejorar su salud" y terminan con fatiga crónica y dolores de cabeza persistentes. Suena a burla del sentido común.

El corazón no aguanta: datos impactantes sobre mortalidad

Si los efectos secundarios podrían atribuirse a una "adaptación", los datos sobre las consecuencias a largo plazo obligan a reflexionar seriamente. En 2024 investigadores de la Universidad Jiao Tong de Shanghái presentaron los resultados de un estudio de gran alcance con 20.000 participantes, que duró 8 años. Las conclusiones fueron impactantes: las personas que limitaban la ingesta de alimentos a una ventana de menos de 8 horas al día tenían un riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares un 91% mayor.

¡Noventa y un por ciento! Es casi el doble. Para comparar: fumar aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas aproximadamente en un 50-60%. ¿Resulta que el ayuno intermitente puede ser más peligroso que los cigarrillos?

Los propios investigadores quedaron sorprendidos por los resultados. Hasta entonces, los datos a corto plazo indicaban lo contrario: el ayuno intermitente mejoraba la presión arterial y reducía los niveles de colesterol y de glucosa. Pero parece que lo que funciona bien durante varios meses puede convertirse en una catástrofe con el paso de los años.

Los críticos, claro, señalan las limitaciones del estudio. Es un trabajo observacional que muestra asociación, pero no prueba causalidad. Es posible que las personas con ventanas de alimentación cortas tuvieran otros factores de riesgo: fumaban más, tenían más estrés o salud inicial peor. Pero incluso al considerar estas salvedades, los datos invitan a plantearse si vale la pena el riesgo.

Por qué el corazón podría no resistir el ayuno

Los mecanismos del posible perjuicio son bastante lógicos cuando se analizan:

  • Pérdida de masa muscular — una de las consecuencias más graves del ayuno intermitente. Y la baja masa muscular está directamente relacionada con un mayor riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares.
  • Alteración de los ritmos circadianos — saltarse el desayuno, tan habitual en muchos esquemas, puede desajustar los relojes biológicos, lo que eleva el cortisol y altera el metabolismo de la glucosa.
  • Alimentación compensatoria — cuando el tiempo para comer es limitado, con frecuencia se elige comida más calórica y menos saludable para "compensar" lo perdido.

Los músculos se funden como mantequilla en la sartén

Uno de los aspectos más insidiosos del ayuno intermitente es su efecto sobre la composición corporal. Sí, la báscula puede marcar menos y eso impresiona. Pero, ¿qué pierde el cuerpo: grasa o músculo? La respuesta puede ser desagradable.

El estudio TREAT, realizado por el equipo de Lowe, mostró un panorama inquietante: el 65% de la pérdida de peso durante el ayuno intermitente correspondió a masa muscular. En comparación, con una restricción calórica convencional los músculos representan solo el 20-30% de la pérdida total de peso.

Esto crea lo que podría llamarse un "daño silencioso". La persona ve el número deseado en la báscula y piensa que está más sana. Pero en realidad su cuerpo se vuelve aparentamente delgado pero con una alta proporción de grasa corporal y poca masa muscular. Esa composición está asociada con múltiples problemas: desde un metabolismo más lento hasta mayor riesgo de diabetes y, como ya vimos, de enfermedades cardiovasculares.

Es especialmente preocupante a largo plazo. La pérdida de masa muscular conduce directamente a la sarcopenia, una condición que vuelve a las personas frágiles, propensas a caídas y fracturas. En la vejez puede ser devastador.

¿Y los huesos?

Si con los músculos la situación está relativamente clara, el impacto del ayuno intermitente sobre los huesos está menos estudiado. Y eso inquieta. Sabemos que la restricción calórica prolongada afecta negativamente la densidad mineral ósea. Es razonable suponer que el ayuno intermitente podría tener un efecto similar.

Los estudios a corto plazo (hasta 6 meses) aún no muestran un impacto negativo en los huesos. Pero, ¿quién dijo que seis meses son un periodo suficiente? El hueso se renueva lentamente, y para detectar problemas pueden ser necesarios años.

Las hormonas femeninas bajo ataque

Otro capítulo es el efecto del ayuno intermitente en el organismo femenino. El sistema reproductor de la mujer es extremadamente sensible al balance energético, y el ayuno puede alterar seriamente el equilibrio hormonal.

El mecanismo es simple: el cuerpo interpreta el ayuno como señal de escasez de recursos. En esa situación la reproducción deja de ser prioritaria, y el hipotálamo reduce la producción de hormonas responsables del ciclo menstrual.  Una revisión sistemática sobre el efecto del ayuno intermitente en las hormonas reproductivas confirma estas preocupaciones.

El paradoja es que en mujeres con síndrome de ovario poliquístico (SOP) el ayuno intermitente puede ser beneficioso — ayuda a reducir los andrógenos y a regular el ciclo. Pero para mujeres sanas el mismo mecanismo puede causar problemas en la menstruación y la fertilidad.

Los estudios muestran que el ayuno intermitente puede reducir notablemente los niveles de DHEA — la dehidroepiandrosterona, precursora del estrógeno. Un estudio de la Universidad de Illinois en Chicago halló una disminución de la DHEA de aproximadamente un 14% tanto en mujeres premenopáusicas como postmenopáusicas tras 8 semanas de ayuno intermitente. Para mujeres jóvenes puede no ser crítico, pero para quienes están en peri o postmenopausia esa caída puede agravar los síntomas de la menopausia.

El problema es que la mayoría de los estudios se realiza en hombres o no considera la especificidad del organismo femenino. Como resultado, hay recomendaciones que pueden no ser aplicables o incluso ser perjudiciales para la mitad de la población.

La vesícula biliar no ama el ayuno

Hay otra sorpresa desagradable de la que los defensores del ayuno intermitente hablan poco: el riesgo de formar cálculos biliares. El mecanismo es sencillo: cuando no comemos, la vesícula biliar no se contrae, la bilis se estanca y puede cristalizarse.

Los estudios muestran que el riesgo de formación de cálculos biliares alcanza el 12% después de 8-16 semanas de dietas estrictas. El riesgo es especialmente alto en quienes pierden más de 1,5 kg por semana. Las dietas muy bajas en calorías aumentan el riesgo de desarrollar cálculos biliares sintomáticos hasta tres veces en comparación con dietas moderadamente hipocalóricas.

La colelitiasis no es un tema menor. En los casos graves puede ser necesaria la extracción quirúrgica de la vesícula. ¿Vale la pena arriesgar un órgano por un beneficio dudoso del ayuno?

Déficit de vitaminas: amenaza oculta

Al reducir el tiempo de ingesta es lógico que también disminuya la cantidad total de nutrientes consumidos.  Las investigaciones indican que con el ayuno intermitente con frecuencia aparecen déficits de calcio, magnesio, potasio, folatos, vitamina C y varias vitaminas del grupo B.

Este riesgo es especialmente relevante en personas con sobrepeso, que ya suelen presentar ingestas inadecuadas de micronutrientes. Se forma un círculo vicioso: la gente comienza el ayuno intermitente para mejorar la salud y acaba con más deficiencias.

Por supuesto, se pueden tomar complejos vitamínicos. Pero resulta extraño empezar una "dieta saludable" con la necesidad de compensar sus efectos negativos con pastillas.

Trampa psicológica: de dieta a trastorno hay un paso

Quizá el aspecto más insidioso del ayuno intermitente es su impacto en la salud mental y la relación con la comida. La evidencia científica muestra una relación preocupante entre la práctica del ayuno intermitente y el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria.

Un estudio entre adolescentes y jóvenes canadienses encontró que el ayuno intermitente se asociaba significativamente con síntomas de trastornos alimentarios: atracones compulsivos, provocación del vómito, ejercicio físico excesivo y restricciones estrictas de la ingesta. La asociación fue especialmente fuerte entre mujeres y personas de género diverso.

Los mecanismos de esta relación son comprensibles:

  • Ignorar las señales del cuerpo — el ayuno intermitente enseña a suprimir sistemáticamente el hambre, rompiendo la conexión natural entre el cuerpo y la conciencia.
  • Ciclo "restricción-atracón" — el ayuno prolongado crea una presión que puede llevar a pérdida de control y a episodios de ingesta excesiva.
  • Moralización de la comida — el ayuno divide el comportamiento en "bueno" (ayunar) y "malo" (comer), lo que puede generar culpa y vergüenza.
  • Obsesión — la estructura rígida del ayuno puede conducir a una preocupación poco saludable por la comida y el peso.

Lo más peligroso es que el ayuno intermitente normaliza conductas patológicas. En la práctica clínica, los médicos detectan trastornos alimentarios preguntando sobre saltarse comidas y seguir reglas estrictas con la alimentación. El ayuno intermitente toma precisamente esos síntomas y los presenta como disciplina y cuidado de la salud.

Esto genera una situación peligrosa en la que una persona puede tener un trastorno clínicamente significativo bajo la cubierta socialmente aceptable de un "estilo de vida saludable".

Quiénes tienen prohibido: lista de contraindicaciones

Con todos estos datos queda claro que el ayuno intermitente no es apto para todos. Hay grupos para los que puede ser no solo inútil, sino francamente peligroso:

Contraindicaciones absolutas:

  • Trastornos de la conducta alimentaria (en el historial o activos) — alto riesgo de recaída
  • Embarazo y lactancia — altas necesidades de nutrientes
  • Niños y adolescentes — un organismo en crecimiento no puede permitirse ayunar
  • Diabetes tipo 1 — riesgo de hipoglucemia grave
  • Índice de masa corporal bajo (IMC < 18,5) — riesgo de mayor desnutrición

Contraindicaciones relativas (requieren consulta médica):

  • Diabetes tipo 2 — es necesaria la corrección de la terapia
  • Enfermedades de la vesícula biliar — riesgo de agravamiento
  • Enfermedades del tracto digestivo — gastritis, úlcera péptica
  • Toma de ciertos medicamentos — especialmente los que deben tomarse con alimentos
  • Edad avanzada — riesgo de pérdida de masa muscular y ósea

Merece atención especial la gente con trastornos alimentarios. Para estas personas las restricciones en la dieta pueden ser especialmente peligrosas, porque añaden un estrés adicional a un organismo que ya tiene dificultades para mantener una relación saludable con la comida.

¿Qué hacer con esta información?

¿Significa todo lo anterior que el ayuno intermitente es un mal absoluto que debe evitarse a toda costa? No exactamente. Como cualquier intervención médica, puede tener indicaciones y contraindicaciones.

El problema es que el ayuno intermitente se presenta como un método universal y seguro de "mejorar la salud", accesible para cualquiera. En realidad es una intervención dietética seria con un perfil complejo de riesgos y beneficios.

Principio de un enfoque sensato:

  1. Consulta con un especialista — antes de comenzar cualquier forma de ayuno intermitente es necesario evaluar los riesgos individuales con un médico o dietista.
  2. Monitoreo del estado — seguimiento regular de parámetros de salud, incluyendo composición corporal, niveles de micronutrientes y estado psicológico.
  3. Disposición a abandonar la práctica — si aparecen síntomas negativos, hay que estar dispuesto a detenerla y no "aguantar" en nombre de un beneficio abstracto.
  4. Enfoque integral — si se opta por el ayuno intermitente, hacerlo con control obligatorio del consumo de proteínas, entrenamiento de fuerza y suplementación vitamínica.

Conclusión: es hora de quitarse las gafas color de rosa

El ayuno intermitente es un ejemplo claro de cómo los datos científicos pueden distorsionarse en favor de una historia atractiva. Los estudios a corto plazo mostraron ciertos beneficios y esos resultados se extrapolaron a toda la población sin considerar los riesgos a largo plazo y las particularidades individuales.

La realidad resulta más compleja. Como señaló el profesor Tom Sanders del King’s College de Londres, "hay poca evidencia de que el ayuno intermitente contribuya a la pérdida o mantenimiento de peso" a largo plazo. Al mismo tiempo, los posibles riesgos son cada vez más numerosos.

Eso no significa que haya que demonizar el ayuno intermitente. Pero es hora de dejar de considerarlo un truco inofensivo y empezarlo a tratar como una intervención médica seria. Con todas las implicaciones: necesidad de seguimiento médico, evaluación de contraindicaciones y disposición a aceptar efectos secundarios.

En medicina existe un principio fundamental — "primum non nocere", que significa "primero, no hacer daño". Tal vez llegó el momento de aplicarlo también a las modas dietéticas. La salud no es un ámbito para arriesgarse por una tendencia dudosa.

Y recuerde: si algo parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente lo sea. Incluso si viene envuelto en un bonito paquete de "enfoque científico" y respaldado por un ejército de seguidores en redes sociales.

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