La estrella de Barnard es uno de los objetos más cercanos al Sol, situada a una distancia de 5,95 años luz. A pesar de ello, sigue siendo prácticamente invisible a simple vista debido a su baja luminosidad — su brillo es apenas 1/2600 de la luminosidad del Sol. Descubierta en 1916 por el astrónomo estadounidense Edward Barnard, esta estrella sigue despertando gran interés en la comunidad científica debido a sus características únicas.
Uno de los aspectos más notables de la estrella de Barnard es su elevado movimiento propio — 10,39 segundos de arco por año. Es el mayor movimiento propio conocido entre todas las estrellas, lo que está relacionado con su relativa cercanía y su considerable velocidad. Se acerca a nuestro sistema a una velocidad de 110 km por segundo y dentro de aproximadamente 11.800 años alcanzará la distancia mínima al Sol — 3,85 años luz.
Durante muchos años los astrónomos intentaron detectar planetas alrededor de la estrella de Barnard. A mediados del siglo XX las observaciones fotográficas mostraron variaciones en su movimiento, lo que llevó a hipótesis sobre la presencia de satélites planetarios. Sin embargo, esta hipótesis no se confirmó con observaciones posteriores. Solo en 2018 los científicos lograron detectar un planeta que orbita la estrella. Tiene una masa 3,2 veces la de la Tierra y completa una órbita en 233 días. A pesar de este descubrimiento, las condiciones en el planeta están lejos de ser favorables para la vida: debido a la débil radiación de la estrella, el planeta se encuentra fuera de la llamada zona habitable, y el agua en su superficie, si existe, probablemente esté congelada.
La estrella de Barnard, como enano rojo, pertenece a la clase de estrellas de muy baja luminosidad y temperatura. Estas estrellas pueden existir miles de millones de años, quemando lentamente su combustible, lo que las convierte en objetos estables para el estudio. Sin embargo, es precisamente la baja temperatura y la débil radiación lo que limita la posibilidad de que existan planetas habitables en sus sistemas. Los enanos rojos con frecuencia presentan variabilidad en su brillo, y sus sistemas planetarios pueden verse muy afectados por erupciones estelares, lo que puede perjudicar las condiciones atmosféricas potenciales de los planetas.
La estrella de Barnard sigue siendo un objeto importante para la investigación. En el futuro, con el desarrollo de las tecnologías, quizá podamos comprender mejor cómo funcionan los sistemas planetarios alrededor de tales estrellas y ampliar nuestro conocimiento sobre las posibilidades de existencia de vida fuera del sistema solar.