Reduccionismo: cómo y por qué los científicos buscan descomponer la realidad en partes

Reduccionismo: cómo y por qué los científicos buscan descomponer la realidad en partes

Cuando se habla de corrientes filosóficas y escuelas científicas, de inmediato aparece la imagen de apuntes universitarios de filosofía o de voluminosos trabajos académicos que discuten las eternas preguntas del ser. Pero a veces surgen términos o nombres bastante inusuales que despiertan, como mínimo, curiosidad. Uno de esos conceptos interesantes, ligeramente divertidos e incluso algo provocadores son los “Reduccionistas”.

La palabra “Reduccionistas” suena como si fuera una especie de orden secreto cuyos miembros se reúnen en un sótano con sus matraces y microscopios. O, como mínimo, una comunidad que profesa una “religión del minimalismo”: algo así como “reduce todo lo complejo a fórmulas simples y disfruta”. En realidad, es algo distinto y está relacionado con un conocido enfoque filosófico (y hoy también científico): el reduccionismo. Pero antes de examinar quiénes son los Reduccionistas y en qué consisten sus puntos de vista, aclaremos el propio concepto de reduccionismo: de dónde viene, cuál es su raíz filosófica y científica y cómo responde la ciencia moderna.

El reduccionismo como concepto filosófico-científico

En primer lugar, el reduccionismo es un enfoque que propone explicar fenómenos complejos mediante el análisis y la descripción de sus partes elementales (más simples). La idea central: si quieres entender cómo funciona un organismo, desármalo en órganos, células, moléculas, átomos —y aún mejor, indaga más profundo para averiguar qué interacciones existen entre las partículas elementales. Los partidarios de este método piensan que, al comprender los “ladrillos” fundamentales del sistema, podremos explicar todos los niveles superiores de organización.

Desde el punto de vista científico, el reduccionismo ha aportado una gran cantidad de descubrimientos. Basta recordar la secuenciación del genoma, el entendimiento de la estructura del átomo, las teorías cuánticas y mucho más. Pero el reduccionismo también tiene críticos que sostienen que, al descomponer todo en partes, se pueden perder conexiones cruciales y principios de funcionamiento del sistema en su conjunto. No obstante, en la ciencia clásica del siglo XX el reduccionismo fue extremadamente popular, especialmente en física y química. Fue este enfoque el que permitió entender la estructura de la materia y explicar procesos que antes parecían mágicos.

Filosóficamente, el reduccionismo remonta a pensadores famosos: desde los antiguos —Demócrito con sus átomos— hasta más modernos como René Descartes, que dividió sistemáticamente el organismo humano y la naturaleza en componentes mecánicos, tratando de “poner todo en su lugar”. Si se habla de forma muy simplificada, el reduccionismo sostiene: “Todo lo complejo puede explicarse por lo simple (o por algo más simple)”.

Ejemplos de reduccionismo en distintas áreas

  • Biología: la secuenciación del genoma, el estudio del ADN, la reducción de las funciones del organismo al trabajo de genes, moléculas y proteínas individuales.
  • Física: intentos de explicar todos los fenómenos naturales desde las interacciones básicas (gravedad, electromagnetismo, etc.). La mecánica cuántica, que busca las partículas y leyes más fundamentales.
  • Química: comprensión de las reacciones químicas mediante el análisis de las capas electrónicas de los átomos y sus interacciones.
  • Psicología: explicación biológica del comportamiento a través de la neurofisiología —reducción de la psique a conjuntos de procesos cerebrales.

¿Quiénes son los Reduccionistas y por qué se les asigna esa “religión de la simplificación”?

Ahora que recordamos qué es el reduccionismo, llegamos a lo más interesante: la figura de los “Reduccionistas”. Contrario a la impresión de que se trata de una secta real o de un grupo de personas reunidas bajo un mismo techo, “Reduccionistas” es más bien un apodo jocoso o irónico para quienes no solo adhieren al reduccionismo, sino que a veces lo ven como la única doctrina verdadera. Imaginen a un científico o pensador al que le dices: “Sí, probablemente hay algo holístico en la personalidad humana que no se reduce a reacciones químicas”, y él responde con una sonrisa (o con una mirada algo asustada): “Todo está en las moléculas. No hace falta buscar nada más”.

Así, “Reduccionistas” es un nombre informal para personas (a menudo científicos o aficionados a la ciencia) que a veces están excesivamente entusiasmadas con la idea de descomponer todo en bloques básicos. En círculos científicos y filosóficos, esas personas pueden mostrar un escepticismo sano hacia conceptos no reduccionistas o ideas sobre “algo más”. El reduccionista suele burlarse de la metafísica y de teorías sobre un “sentido superior” o intenta demostrar que incluso los modelos más complejos de la conciencia pueden reducirse a las oscilaciones neuronales.

¿Por qué se les atribuye la “religión de la simplificación”? Porque a veces los partidarios del reduccionismo radical parecen profesar una dogma: “No existe ni puede existir ningún misterio, todo se reduce a la interacción de las partes elementales”. Por supuesto, en el mundo científico real pocos se expresan de manera tan literal, y todo ello forma parte de una burla o de un gesto polémico. Pero, como suele decirse, en cada apodo sarcástico hay una pizca de verdad: la tendencia a simplificar lo complejo hasta el límite puede volverse en contra del propio reduccionismo. No todo —ni siempre— cabe en una sola fórmula.

La ciencia moderna sobre el reduccionismo: puntos de encuentro y conflictos

Hoy vivimos en una era en la que la ciencia florece en distintas direcciones. Por un lado, hay enormes éxitos de la ciencia aplicada y fundamental que dicen: “Descompongamos cada fenómeno en partes y venceremos”. Por otro lado, surgen investigaciones que subrayan la importancia de propiedades holísticas que emergen en niveles superiores de organización —las llamadas propiedades emergentes.

Como resultado aparece un panorama interesante: el reduccionismo sigue funcionando y proporcionando herramientas de análisis, por ejemplo, en medicina, en la creación de nuevos fármacos y en la ingeniería genética. En el estudio de sistemas complejos —como el clima planetario, el cerebro humano o los procesos sociales— se requiere, sin embargo, una mirada sistémica (a veces holística) que tenga en cuenta el “efecto del todo”. Así que la ciencia moderna, más bien, no niega el reduccionismo, sino que le dice: “Bien, eres útil, pero no eres el único”.

Ejemplo: cerebro y conciencia

Para ver cómo se aplica en la práctica, recurramos a la neurobiología. Los partidarios del reduccionismo sostienen que la conciencia puede explicarse totalmente por las señales químicas y eléctricas de las neuronas. Dicen que, una vez que desarmemos el cerebro en células y comprendamos todas las conexiones, todo estará claro. Los opositores, en cambio, usan la noción de “emergencia”: la conciencia surge como una cualidad nueva del complejo entrelazamiento de miles de millones de neuronas y no es reducible únicamente a componentes aislados. La neurobiología contemporánea, en esencia, utiliza ambos enfoques: el reduccionista (investigando mecanismos concretos) y el holístico (considerando el sistema en su conjunto).

Sinergetia entre reduccionismo y holismo

En muchas disciplinas actuales existe una tendencia a la investigación “a dos niveles”. Por un lado, seguimos descomponiendo procesos hasta sus partes más pequeñas (eso es el reduccionismo). Por otro lado, analizamos cómo esas partes se integran en un todo y qué propiedades nuevas emergen en niveles superiores. Ejemplos de enfoques híbridos pueden encontrarse en:

  • Biología de sistemas, donde no solo se analizan genes individuales, sino cómo interactúan en una red a gran escala.
  • Modelado por computadora de sistemas complejos, desde grandes economías hasta ecosistemas, donde se consideran un gran número de variables y relaciones.
  • Ciencia cognitiva, que integra neurobiología, psicología, lingüística e inteligencia artificial.

Por tanto, puede decirse que la ciencia moderna no ve el reduccionismo como una doctrina, sino como una de las herramientas poderosas. En la comunidad científica ya son pocos los que sostienen que “esta herramienta lo puede todo”.

¿Por qué los Reduccionistas siguen en el foco de atención?

El interés por los “Reduccionistas” no se debe tanto a que sean una escuela real, sino al hecho de que a la gente le gusta etiquetar y construir imágenes. Cualquier convicción llevada al extremo puede convertirse en una ideología. En la historia de la ciencia hubo periodos en que los enfoques reduccionistas impulsaron un progreso vertiginoso y por ello parecían el único camino verdadero hacia el conocimiento. De ahí nació la imagen irónica del “Reduccionista”: una persona que no tolera razonamientos “amorfos” o demasiado abstractos sobre la naturaleza de las cosas.

Sin embargo, hoy esta postura todavía aparece ocasionalmente. Reconocer el carácter multinivel de la organización del mundo implica admitir que no siempre es fácil pasar de una descripción microscópica a fenómenos macroscópicos, sociales o psicológicos. Ese es un campo de investigación muy complejo. Por eso resulta más sencillo decir: “Todo lo describiremos con fórmulas de la física”. A los ojos de ciertos grupos, ese enfoque puede parecer excesivamente simplista pero lógicamente consistente.

Pequeña digresión irónica

  1. Si en una discusión dices: “En esencia, es solo un conjunto de partículas elementales, nada más”, tal vez ya aspiras a formar parte de las filas de los “Reduccionistas”.
  2. Si guardas debajo de la almohada un compendio de las ecuaciones de Maxwell y en cualquier ocasión aludes a los campos cuánticos, —respeto por tus conocimientos, pero intenta ver el vuelo de las aves también como un fenómeno estético, no solo como un problema de aerodinámica.
  3. Si te gustan las largas reflexiones sobre el sentido oculto de las cosas pero no sabes explicar cómo funciona al menos el transformador de tu casa, —entonces te sitúas en el otro extremo del espectro, y difícilmente te llamarán “Reduccionista”.

¿Qué dice la filosofía de la ciencia contemporánea?

Si se consultan los trabajos sobre la filosofía de la ciencia, se ve que el término “reduccionismo” no es unívoco. Los filósofos distinguen entre:

  • Reduccionismo metodológico: el análisis se realiza descomponiendo lo complejo en partes para entender mejor los mecanismos.
  • Reduccionismo ontológico: la afirmación de que la realidad en su conjunto se reduce a elementos básicos (por ejemplo, a las interacciones de partículas elementales).
  • Reduccionismo teórico: cuando una teoría queda absorbida por otra más fundamental (ejemplo: la mecánica clásica “encaja” dentro de la teoría cuántica).

La ciencia moderna suele usar el reduccionismo metodológico, y esto casi no provoca controversia. El reduccionismo ontológico y teórico, en cambio, generan debates, especialmente cuando se trata de la psique, la conciencia, fenómenos sociales y la naturaleza de la personalidad humana. Los “Reduccionistas” suelen referirse más a la vertiente ontológica: “Todo se reduce a átomos y sus interacciones, y lo demás es cuestión de técnica”.

La emergencia y los niveles de descripción

En contraposición al reduccionismo radical están las teorías de la emergencia, que sostienen que al pasar del nivel de los átomos al de las células, y de las células a los órganos y al organismo, surgen propiedades nuevas. Esas propiedades no pueden deducirse directamente con solo conocer los parámetros de todos los elementos por separado. Incluso hay ejemplos de comportamientos emergentes en física: sistemas fractales, flujos turbulentos, donde el comportamiento global es más complejo que la suma aritmética de los procesos componentes.

Los partidarios de la emergencia no afirman que “el nivel micro no importa”. Por el contrario, reconocen la importancia de las interacciones fundamentales, pero señalan que desde arriba aparecen patrones nuevos que no son evidentes solo a partir del análisis desde abajo.

Utilidad práctica y límites del reduccionismo

En tareas aplicadas, el reduccionismo demuestra ser increíblemente útil: si hay que crear un medicamento contra un virus concreto, se estudia el mecanismo de entrada del virus en la célula, se trabaja a nivel de moléculas y proteínas. Sin el enfoque reduccionista, en el que cada etapa se descompone detalladamente, imaginar la medicina o la industria farmacéutica actuales sería imposible.

Pero también existe la otra cara. Supongamos que queremos predecir cómo se comportará la economía de un país ante una crisis global. ¿Tiene sentido descomponer la economía en empresas individuales, empleados y flujos de dinero, y luego intentar modelar a nivel de cada persona? Es una tarea fantástica en su complejidad. En la práctica se necesitan modelos macroeconómicos, métodos estadísticos y otros enfoques. Resulta que reducir millones de acciones individuales (aunque útiles para entender detalles) no siempre da una imagen clara del resultado global. Ahí es cuando el reduccionismo “cede” y dejan paso conceptos más sistémicos.

¿El mundo es más complejo de lo que parece?

Algunos investigadores bromean diciendo que el reduccionismo afirma: “En el corte, cada evento parece bastante explicable”, y la vida real responde: “Vuelve a juntar estas piezas y verás que nada queda claro”. En realidad, la verdad probablemente esté en algún punto intermedio. Usamos herramientas reduccionistas cuando necesitamos entender con precisión un mecanismo, y enfoques sistémicos para no perder la “visión de conjunto”.

Opinión personal: ¿para qué tanto debate?

A veces uno quiere preguntar: “¿Por qué gastar tanto esfuerzo en discutir perspectivas filosóficas, si la ciencia avanza de todas formas?” La cuestión es que nuestros fundamentos filosóficos influyen en cómo elegimos las investigaciones, qué preguntas formulamos y qué resultados consideramos importantes. Imaginen que ustedes son muy partidarios del reduccionismo. Tendrán tendencia a buscar la verdad “abajo”, en los mecanismos fundamentales. Si, por el contrario, simpatizan con el enfoque sistémico, preferirán investigar reglas generales y modelos que emergen en niveles altos de organización.

Al final, ambas posiciones pueden aportar información valiosa, pero juntas son mucho más potentes. Los extremos en una u otra dirección pueden llevar a que se pasen por alto hechos importantes o generalizaciones valiosas.

Qué leer y ver

  • Stanford Encyclopedia of Philosophy — artículo detallado sobre el reduccionismo.
  • Encyclopedia Britannica — otra perspectiva sobre el reduccionismo.
  • Libros y conferencias sobre la emergencia en sistemas complejos, en particular las obras de Steven Strogatz y Stuart Kauffman.
  • Investigaciones en biología de sistemas y ciencia cognitiva —muestran claramente cómo el enfoque micro convive con el macro.

Conclusión: ¿necesitamos “reducción” o “lo contrario”?

Entonces, ¿quiénes son los Reduccionistas? En esencia, son quienes llevan la idea del reduccionismo al extremo, convirtiéndola en una dogma sagrada. En el mundo real rara vez se encuentra a alguien que niegue seriamente los fenómenos suprasistémicos. Sin embargo, en los círculos científicos y filosóficos esa postura, aunque no siempre de forma abierta, sigue apareciendo. Y, quizás, en parte es útil: esos extremos generan debate y mantienen alerta a quienes desean explicar todo “de los elementos al todo”.

La ciencia contemporánea considera al reduccionismo una herramienta analítica indispensable que permite penetrar en la esencia de los fenómenos. Pero también afirma que el mundo se compone de múltiples niveles, y en cada nivel existen regularidades que no siempre derivan directamente de los niveles inferiores. En resumen, hoy vivimos en una era de enfoque “híbrido”. No descartamos ni los métodos reduccionistas ni los holísticos. Intentamos usar lo mejor de ambos —y con ello transformamos nuestra visión del mundo.

En cuanto a los “Reduccionistas”, quizá no sean más que un reflejo grotesco de nuestro amor por las explicaciones simples y elegantes. La etiqueta irónica muestra que la simplicidad puede volverse excesiva si con ella se pierde la belleza y complejidad únicas del mundo. Así que si alguien se proclama Reduccionista, no se apresuren a verlo como un fanático — quizá sea simplemente alguien que disfruta llegar al fondo de las cosas sin perder el sentido del humor.

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