El sesgo de supervivencia: por qué las historias de éxito nos engañan

El sesgo de supervivencia: por qué las historias de éxito nos engañan

Cuando escuchamos historias sobre empresas que empezaron en un garaje y se convirtieron en gigantes internacionales, o leemos sobre una persona que se hizo millonaria desde cero en apenas un par de años, inconscientemente se forma la idea de que el éxito es el resultado de un conjunto determinado de acciones. «Haz lo que él hizo y obtendrás el mismo resultado», es el mensaje implícito. Pero, ¿realmente basta con copiar los "secretos" ajenos para repetir un triunfo ruidoso?

En este artículo analizaremos qué es el sesgo del superviviente (también conocido como error del superviviente) y por qué las historias edificantes de éxito pueden ser engañosas si no tomamos en cuenta la multitud de quienes no lograron despegar o abandonaron su camino a mitad de trayecto. Veremos cómo este sesgo influye en la toma de decisiones en los negocios, la educación, las finanzas y la vida cotidiana, y discutiremos cómo evitar caer en la trampa de basar la percepción en una muestra demasiado estrecha de ejemplos.

Qué es el sesgo del superviviente

El sesgo del superviviente, más conocido en el ámbito científico como error del superviviente, es una distorsión cognitiva por la cual nos concentramos únicamente en los ejemplos "supervivientes" o exitosos e ignoramos la enorme cantidad de casos fallidos. Dicho de forma sencilla, miramos solo las historias de victoria y no vemos (o no queremos ver) las historias de fracaso.

Un ejemplo clásico de este fenómeno proviene de la Segunda Guerra Mundial. Especialistas militares intentaban determinar en qué partes reforzar la armadura de los aviones que regresaban de las misiones de combate. Estudiaban las áreas del fuselaje que recibían el mayor número de impactos y concluían que ahí se debía añadir protección. Sin embargo, el matemático Abraham Wald propuso otra lógica: señaló que había que reforzar precisamente las zonas en las que no había impactos en los aviones que regresaban, porque esos eran los lugares donde los proyectiles dañaban a los aviones que no volvieron de la misión. En otras palabras, los aviones supervivientes contaban solo una parte de la historia: no proporcionaban datos sobre los que no regresaron.

Ejemplos del sesgo del superviviente en la vida cotidiana

Los casos de ignorar a los "fracasados" y creer ciegamente en los "ganadores" nos ocurren con frecuencia:

  • Libros de negocios. Cualquier libro popular sobre la historia de una empresa con ingresos millonarios describe la estrategia "correcta" que llevó al éxito. Rara vez oímos hablar de los miles de startups que aplicaron métodos similares pero quedaron en la invisibilidad.
  • La mentalidad de «si él pudo, yo también puedo». Miramos los logros de un actor o un deportista y pensamos: «¿Qué tiene de difícil? Solo hay que trabajar duro». Olvidamos la enorme competencia, las condiciones de partida, la genética, las conexiones y la mera suerte.
  • Consejos de los "gurús" del desarrollo personal. Alguien reconocido publica un curso «cómo hacerse millonario en un año» y utiliza su biografía como prueba. Los compradores siguen los consejos sin considerar que el autor pudo contar con una experiencia específica, una situación de mercado favorable o una red de contactos única.
  • Inversiones y trading. Oímos sobre quienes se hicieron ricos con criptomonedas o con acciones de una empresa poco conocida. Con frecuencia olvidamos a quienes perdieron sus ahorros al invertir en la misma moda.

Por qué las historias de éxito nos engañan

Las historias de éxito, por supuesto, inspiran y pueden impulsar a la acción. Pero el peligro está en que representan una muestra muy limitada: nos enfocamos en quienes ya «sobrevivieron», olvidando la gran «parte sumergida del iceberg» —los que no lograron nada o simplemente no hicieron ruido.

Atractivo psicológico del éxito

Nos gusta leer sobre quienes lo lograron: ¡es inspirador! Todos, al menos una vez, nos hemos preguntado: «Me gustaría conocer el secreto de cómo lo hizo». Psicológicamente nos resulta más agradable ver escenarios de éxito que relatos tristes de fracaso. Es mucho más fácil creer en una receta universal y sentirse un posible candidato al triunfo.

Además, nuestra mente tiende a eliminar el ruido y busca atajos cuando ve ejemplos simples y comprensibles, especialmente si vienen envueltos en eslóganes y relatos personales. Nos programan para emociones positivas: ¿quién no quiere alimentarse de optimismo y prospectos de un futuro sin nubes?

Falta de datos sobre fracasos e interpretación errónea

Para analizar con justicia por qué un sistema (sea un negocio o un estilo de vida) funciona o no, es importante tener estadísticas tanto de fracasos como de triunfos. Pero los fracasos suelen quedar fuera de plano. Emprendedores que no lograron levantar su proyecto no escriben libros sobre sus errores (y si lo hacen, suelen tener tiradas mucho menores). Los fracasos rara vez se convierten en noticias virales: «La empresa quebró y cerró» no es la historia más atractiva para una audiencia masiva, y muchos autores prefieren centrarse en la narrativa «de cero a la cima».

Así, ante la ausencia de información sobre la mayoría de los que «perecieron en la batalla», evaluamos los éxitos exclusivamente con base en los supervivientes y hacemos generalizaciones falsas. Empezamos a creer en patrones donde no los hay o a asignar un peso excesivo al azar.

Impacto del sesgo del superviviente en distintos ámbitos

El efecto de la muestra limitada y la sobrevaloración de las historias de los "afortunados" puede influir fuertemente en nuestra vida y en el estado general del mercado, la sociedad y la cultura. Veamos algunos campos donde el error del superviviente aparece con frecuencia.

Negocios y startups

Si una persona tiene una idea para una startup, probablemente leerá historias sobre Steve Jobs, Jeff Bezos y otros emprendedores que empezaron «desde cero» y alcanzaron cimas increíbles. Pero esa imagen suele omitir una enorme masa de empresas que cerraron en sus primeros años de existencia.

Este efecto puede generar la ilusión de que montar un negocio es relativamente fácil y que lo fundamental es «creer en uno mismo» y «seguir el objetivo». En la realidad, el ecosistema startup es impredecible, la competencia es dura, y el éxito suele depender de una combinación de experiencia, equipo, coyuntura del mercado, capital y una pizca de suerte.

Para no caer en la trampa de la información unilateral, es mejor contrastar varias fuentes. Por ejemplo, estudiar la estadística de startups, fijarse en los proyectos fallidos y analizar exactamente qué salió mal. La mayoría de los inversores, por cierto, estudian no solo a los «unicornios» prometedores sino también las caídas del mercado para no tropezar con los mismos errores.

Educación y realización personal

Todos hemos oído historias de personas que abandonaron los estudios y aun así alcanzaron carreras sobresalientes, se hicieron millonarios o se convirtieron en expertos reconocidos. La lista de "dropouts" famosos incluye nombres como Bill Gates y Mark Zuckerberg. Se nos dice: «Aunque no tengas título, puedes lograrlo». Formalmente es cierto: existen ejemplos, pero son excepcionales frente al conjunto de personas sin educación que no se volvieron ni famosas ni ricas.

Sería un error pensar que «el título no importa» basándose solo en estas excepciones. Sí, la educación formal no garantiza el éxito, pero tampoco es correcto ignorar los beneficios del aprendizaje, la experticia docente y los programas estructurados. Las historias de los supervivientes no deben ser la única orientación para decidir si estudiar y qué estudiar.

Finanzas e inversiones

Sorpresa: todos los millonarios de criptomonedas que aparecen en los medios no representan estadísticamente a la totalidad de participantes del mercado. De quienes perdieron dinero en proyectos dudosos o durante desplomes apenas se habla. Lo mismo ocurre en la bolsa: detrás de cada ganador hay decenas de personas que eligieron mal acciones, entraron tarde en proyectos prometedores o no calcularon los riesgos.

El sesgo del superviviente en finanzas puede provocar una euforia masiva. La gente ve a alguien que ya se hizo rico y quiere replicar el éxito sin un análisis completo del mercado. Por eso son importantes herramientas de investigación: desde leer informes analíticos hasta utilizar recursos como Bloomberg y Reuters. Hay que mirar cifras reales, no solo historias llamativas.

Salud y deporte

«Mi método milagroso para bajar de peso, me ayudó a perder 20 kilos en un mes» — vemos a muchos blogueros que supuestamente lograron la figura ideal y ahora promueven sus métodos. ¿Pero qué pasa con miles de personas que probaron el mismo programa sin obtener resultados? ¿O con quienes terminaron con problemas graves de salud?

Lo mismo ocurre en el deporte. Oímos sobre atletas que construyen una carrera sin entrenadores o nutricionistas, y eso puede hacernos creer que «cualquiera tiene una oportunidad». Pero queda fuera de plano la criba selectiva, la predisposición genética y los fracasos de quienes no alcanzaron las cimas deportivas y quedaron fuera.

Cómo reconocer y minimizar el sesgo del superviviente

Seguir los éxitos ajenos inspira, pero confiar ciegamente en ellos significa devaluar la estadística y la lógica sana. Afortunadamente, hay varias formas de evitar una percepción sesgada.

1. Reunir información sobre los fracasos

Si quieres entender por qué algo funciona, hay que estudiar no solo a los que tuvieron éxito sino también a los que fracasaron. No es fácil: las historias de fracaso se publican menos y son menos populares. Sin embargo, en internet hay foros, blogs y canales con «anti-casos» donde se puede aprender qué no funcionó y por qué.

Procura siempre buscar estadísticas que consideren ambas caras de la moneda. Por ejemplo, al evaluar un negocio, encuentra datos sobre el porcentaje de proyectos que cerraron en ese segmento. Solo al contrastar ambos conjuntos de datos (éxitos y fracasos) se puede extraer una lección más objetiva.

2. Entender el papel del azar y de factores externos

En cualquier victoria ruidosa puede haber una componente de suerte. Pero en las historias de éxito suelen enfatizar el talento, las cualidades personales, la inteligencia y el instinto, mientras que la «suerte» se percibe como algo menor. En realidad, es una forma de atribuirse un control total sobre la situación.

Ten en cuenta los factores «ocultos»: un entorno económico favorable, buen clima, contactos adecuados, un auge del mercado en el momento justo, ausencia de competidores fuertes en un momento concreto. Todo eso influye, aunque no siempre sea evidente. Reconoce la importancia de factores que no están totalmente bajo tu control.

3. Hacerse preguntas críticas

Cuando leas una historia inspiradora y pienses cómo aplicarla a tu vida, hazte algunas preguntas:

  • ¿Cuántas personas intentaron lo mismo y no tuvieron éxito?
  • ¿Por qué esa persona logró abrirse paso; qué recursos y oportunidades únicas tenía?
  • ¿Qué factores del entorno pudieron jugar a su favor?
  • ¿Cuánto tiempo o dinero pudo permitirse gastar en caso de fracaso?

Sí, encontrar respuestas no es sencillo. Pero siquiera intentarlo ayuda a evaluar la situación con más realismo.

4. Buscar contraargumentos y opiniones alternativas

Para no caer en la trampa del sesgo del superviviente, es útil escuchar no solo a quienes publicitan el «éxito eterno», sino también a quienes adoptan posiciones más escépticas o analíticas. Leer artículos, ver entrevistas donde los protagonistas cuentan cómo perdieron. Prestar atención a las críticas de métodos y buscar investigaciones objetivas.

A veces basta con encontrar un par de «ejemplos contrarios» para cambiar la perspectiva. Eso amplía horizontes y ayuda a tomar decisiones fundamentadas en lugar de esperar un milagro.

Efecto generalizado del error del superviviente en la cultura y la sociedad

El sesgo del superviviente no se limita al mundo de los negocios o la motivación personal. Penetra en la cultura y genera estereotipos dañinos. Imagínate cuánto puede distorsionarse la conciencia colectiva si constantemente se heroizan a algunos vencedores mientras se guarda un silencio vergonzoso sobre los fracasados.

Esto crea una atmósfera en la que las personas esconden sus fracasos como si fueran una mancha de vergüenza y un signo de incompetencia personal. Como resultado, la sociedad pierde la oportunidad de aprender de los errores, y muchos que enfrentan dificultades sienten desesperanza y culpa porque «ellos no pudieron y otros sí».

A nivel estatal, tal distorsión puede llevar a adoptar medidas económicas o educativas subóptimas cuando las decisiones se basan solo en casos de regiones, escuelas o programas exitosos, ignorando las razones reales por las que muchos proyectos similares fracasaron.

Qué hacer para aprender de los fracasos y ser realista

La idea principal es simple: no basta con saber que alguien alcanzó las alturas. También hay que entender por qué muchos otros no lo lograron y qué distingue a los afortunados de quienes quedaron fuera de la carrera. Entonces podrás tomar decisiones más mesuradas.

  1. Amplía las fuentes de información: no te limites a la literatura motivacional y a artículos sobre el éxito. Es importante observar los fracasos, analizarlos y hacer preguntas directas a quienes pasaron por dificultades.
  2. Usa la lógica y el análisis: no tomes decisiones solo por historias impactantes. Busca datos estadísticos e investigaciones independientes que permitan estudiar el problema de manera integral.
  3. Evalúa recursos y riesgos: cada persona tiene un nivel distinto de recursos financieros, temporales y emocionales, y eso debe considerarse en la planificación. Lo que sirvió a un superviviente puede convertirse en desastre en tu caso.
  4. Aprende de los "fracasados": paradójicamente, conocer los errores de otros puede ser más valioso que ensalzar los éxitos. Especialmente cuando la persona que fracasó está dispuesta a contar con honestidad y detalle qué salió mal.
  5. Desarrolla pensamiento crítico: duda de las historias que suenan demasiado perfectas. Tal vez tras ellas haya solo el deseo de inspirar o vender algo, no una investigación documentada de hechos reales.

Conclusión

El sesgo del superviviente es solo una de las muchas trampas de la percepción en las que caemos al basarnos en una imagen incompleta. Personas, empresas e industrias a menudo presentan recetas «únicas» del éxito como axiomas, sin considerar o escondiendo cuán amplio es el campo de fracasos y errores.

Esto no significa que debas dejar de inspirarte en historias ajenas. Al contrario: la inspiración es valiosa si se dosifica con sensatez. Usa esas historias como una de muchas fuentes de análisis, no como una fórmula lista para aplicar. Recuerda que detrás de cada superviviente puede haber cientos de intentos de los que nunca oirás hablar.

Toma lo mejor de las prácticas exitosas, pero no olvides estudiar los fracasos y evaluar críticamente las condiciones únicas de cada caso. Así podrás ver no solo la cima del iceberg, sino también los bloques de hielo que se ocultan bajo el agua: son ellos los que con más frecuencia determinan el resultado final.

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