El fenómeno de los seis grados de separación, también conocido como «la teoría de los seis apretones de manos» o «fenómeno del mundo pequeño», sostiene que dos personas cualesquiera en el planeta están conectadas por una cadena de como máximo seis conocidos. A primera vista vivimos en un planeta enorme: miles de millones de personas, culturas, idiomas y tradiciones diversas. Pero, curiosamente, al observar con más atención nuestras redes sociales resultan ser más estrechas de lo que parece.
En este artículo examinaremos detalladamente cómo surgió la idea de los «seis apretones de manos», qué experimentos la respaldaron (o refutaron), en qué consiste el modelo matemático y cómo las tecnologías modernas, especialmente las redes sociales, influyen en nuestra comprensión de este fenómeno. También abordaremos las críticas a la teoría, ejemplos prácticos de su aplicación y por qué a veces parece que el mundo es realmente «pequeño».
Orígenes de la idea y primera mención
Aunque la teoría de los «seis apretones de manos» se hizo ampliamente conocida gracias a los experimentos del psicólogo Stanley Milgram, la idea de que todas las personas del mundo están conectadas por cadenas muy cortas de contactos apareció ya en 1929 en el relato del escritor húngaro Frigyes Karinthy, «Chain-Links». Karinthy reflexionaba sobre que, gracias al desarrollo de tecnologías y medios de comunicación, personas de distintos continentes y países comienzan a tener cada vez más conocidos en común. Por ello, según su opinión, aumenta la probabilidad de que entre dos personas cualquiera se pueda encontrar una cadena de intermediarios sorprendentemente corta.
Desde entonces, la idea del «mundo pequeño» ha reaparecido en numerosos trabajos de sociología, matemática y psicología. Sin embargo, fue Milgram quien en los años 60 decidió comprobar la hipótesis de que, si se elige a dos personas desconocidas al azar, la longitud de la cadena que puede conectarlas sería sorprendentemente corta.
El experimento de Stanley Milgram
El experimento de Stanley Milgram para comprobar los «seis apretones de manos» es uno de los más conocidos de la psicología social. Su idea consistía en lo siguiente: seleccionar un grupo de personas que debían enviar una carta a alguien que vivía a cientos de millas de distancia y que les era totalmente desconocido. El remitente solo podía reenviar la carta a personas que conociera personalmente, con la esperanza de que estas estuvieran más cerca en su red social del destinatario final.
Si simplificamos el proceso:
- El remitente inicial (persona A) recibía un sobre con instrucciones y el nombre/dirección del destinatario objetivo (persona B).
- La persona A debía reenviar la carta a alguno de sus conocidos personales que, según su criterio, pudiera estar más cerca de la persona B.
- El conocido que recibía la carta repetía el mismo paso, seleccionando al siguiente intermediario, hasta que, finalmente, la carta llegaba al destinatario final.
Al final se observó que la longitud media de esa cadena era aproximadamente de 5–6 «apretones de manos», es decir, de pasos. Así se consolidó científicamente la idea de que cualquiera de nosotros está conectado con otro habitante del planeta a través de no más de seis personas. Cabe señalar, sin embargo, que el experimento presentaba ciertas cuestiones y limitaciones metodológicas. Milgram trabajó con grupos bastante concretos de personas (en un caso, habitantes de Nebraska y Boston), y no todas las cartas llegaron a su destino. Pero aun con todas las críticas, el fenómeno de los «seis apretones de manos» se arraigó en la conciencia colectiva.
Tecnologías modernas y redes sociales
Hoy, en la era de internet y de las redes sociales, la frase «el mundo es pequeño» suena con especial fuerza. Tal vez no sean seis apretones de manos sino menos. En su momento, los canales de comunicación más comunes —teléfono y correo— parecían un logro extraordinario. Ahora nos comunicamos en tiempo real por mensajería, participamos en debates en foros en línea, mantenemos blogs y comentamos activamente publicaciones en plataformas como Facebook, LinkedIn o VKontakte.
Uno de los ejemplos de investigación que demuestran el «mundo pequeño» en acción fue un proyecto de Microsoft de 2008. Los analistas estudiaron datos anonimizados de cientos de millones de usuarios del servicio de mensajería instantánea MSN, popular en ese entonces. Según los resultados, cualquier usuario podía conectarse con otro que no conociera personalmente en un promedio de 6,6 pasos. Esto indica que el número «seis» o uno cercano a él no ha quedado obsoleto incluso en la era de internet.
Otro caso curioso es el análisis de conexiones en Facebook, que la empresa ha realizado periódicamente, publicando datos sobre las distancias medias entre usuarios. Según uno de los informes, la mayoría de las personas en esa red estaban separadas por «tres o cuatro apretones de manos». Por supuesto, no es posible afirmar que esto equivalga exactamente a toda la población mundial, pues no todos usan Facebook y muchos perfiles son inactivos. Pero la tendencia muestra que en el mundo digital las distancias entre nosotros se acortan.
Aspecto matemático y de redes
Para explicar por qué puede existir una cadena tan corta de conexiones, los teóricos de redes han empleado modelos matemáticos. El más conocido es el modelo del «mundo pequeño», propuesto por los científicos Duncan Watts y Steven Strogatz. Mostraron que en redes con una pequeña proporción de conexiones «largas» o «aleatorias» entre clústeres distantes (grupos) de personas, la longitud media del camino de un nodo (persona) a otro se reduce drásticamente.
En el mundo real la red no está organizada de forma estrictamente jerárquica. Cada uno de nosotros puede pertenecer a múltiples grupos: familia, trabajo, estudios, aficiones, redes sociales, amigos de distintas ciudades y países. Surge así una especie de «telaraña» de conocidos que se cruza en los lugares más inesperados. Gracias a esas intersecciones y conexiones aleatorias la cadena no se alarga indefinidamente.
Ejemplo de un modelo de red simplificado
Presentemos un ejemplo simplificado:
- En la ciudad N existen dos grandes grupos de personas: el personal del hospital y el personal de la universidad.
- Normalmente dentro de cada grupo las personas están fuertemente conectadas entre sí, pero entre los grupos hay pocas conexiones.
- Supongamos que alguien del hospital tiene un amigo de la infancia que estudia en la universidad. Ese es un «puente» entre los dos grupos.
Incluso un único «puente» como ese puede reducir significativamente la «distancia» entre todos los empleados del hospital y todos los estudiantes. Si un conocido del hospital transmite información al amigo de la universidad, este puede difundirla dentro de su entorno mucho más rápido que si hubiera que construir cada cadena desde cero.
A escala global existen muchos «puentes» entre grupos sociales, y los encuentros más insospechados pueden surgir con un número mínimo de apretones de manos.
Aplicaciones prácticas del fenómeno
Aunque la teoría de los seis apretones de manos suele percibirse como una curiosidad para conversaciones, en realidad tiene aplicaciones prácticas concretas. Para muchos ámbitos —desde la búsqueda de empleo hasta el marketing viral— comprender la velocidad y la forma en que se propagan las conexiones es clave.
Veamos algunas aplicaciones posibles:
- Búsqueda de empleo. LinkedIn es una de las redes profesionales donde los «seis apretones de manos» se materializan literalmente. A menudo los candidatos conocen oportunidades a través de cadenas de contactos en común. Esa cadena puede ser sorprendentemente breve, sobre todo en sectores con alta demanda.
- Campañas publicitarias y de marketing. El marketing viral se basa en la difusión en cadena de información. Una empresa lanza un contenido que la gente comparte entre sí. Para alcanzar la máxima audiencia basta con «contagiar» a líderes de opinión clave, y desde ellos la ola sigue avanzando, siguiendo el principio de los apretones de manos en el espacio digital.
- Crowdfunding y filantropía. Los proyectos que recaudan fondos «a pequeñas aportaciones» de muchas personas dependen de que cada usuario lleve la idea a su círculo de conocidos, y estos a los suyos, y así sucesivamente.
- Ciencia e investigación. En el ámbito académico se habla de «seis apretones de manos» en relación con coautorías. A veces se encuentra una cadena sorprendentemente corta de colaboraciones que enlaza especialistas de campos distintos.
Así, la idea de una cadena corta entre dos puntos de la red no es solo una teoría interesante, sino un mecanismo real que permite difundir información y unir recursos de manera eficaz.
Críticas y matices de los experimentos
No todos los científicos e investigadores están de acuerdo acerca del fenómeno de los «seis apretones de manos». Existen argumentos en contra, generalmente relacionados con los métodos de investigación y la interpretación de los resultados. Aquí algunos puntos importantes:
- Limitaciones metodológicas. El primer experimento de Milgram, como se mencionó, incluyó una muestra estrecha de participantes y gran parte de las cartas no llegó al destinatario (las personas perdían los sobres o no tenían tiempo para reenviarlos).
- Distribución desigual de las conexiones. En la práctica, algunas personas son mucho más «socialmente activas» y tienen cientos de contactos, mientras que otras tienen muy pocos. Las medias pueden inducir a error y no reflejar la estadística real de toda la población.
- Desigualdad global. Internet y las redes sociales no llegan por igual a todo el planeta. Hay países y regiones con bajo acceso a la red, además de barreras culturales o lingüísticas que dificultan la comunicación.
- Definición de «apretón de manos». En distintos estudios un «paso» o «eslabón» puede interpretarse de formas diversas. A veces se consideran solo los conocidos personales, y otras veces cualquier forma de contacto (por ejemplo, una mención pública en los medios).
A pesar de estos matices, la idea de que el «mundo es pequeño» sigue vigente y se confirma en la mayoría de las situaciones. No se reduce a la cifra exacta «6», sino que muestra que la cadena entre nosotros suele ser más corta de lo que imaginamos.
Ejemplos en la cultura popular y la conciencia colectiva
El fenómeno de los seis grados de separación ha entrado en la cultura popular y se menciona en ámbitos muy diversos: cine, teatro, juegos y servicios en internet.
- La película «Seis grados de separación» (1993). El film del director Fred Schepisi, protagonizado por Will Smith, hace referencia directa a la teoría de los seis apretones de manos. La trama gira en torno a un joven que se infiltra astutamente en círculos sociales elevados, aprovechando las conexiones mutuas y la confianza de la gente.
- El juego de Kevin Bacon. En Hollywood existe la broma de que cualquier actor puede estar conectado con Kevin Bacon mediante una cadena de papeles compartidos en menos de seis eslabones. Por ejemplo, el actor A trabajó con el actor B, que trabajó con el actor C, y este con Kevin Bacon. Este experimento informal se volvió popular y dio lugar a servicios en línea para comprobar el «grado Bacon» de cualquier celebridad.
- Obras teatrales. La idea de los «seis grados» se utiliza a menudo en obras para explorar coincidencias y la cercanía inesperada entre personajes. Es un hilo dramático versátil para desarrollar giros argumentales.
En la cultura popular la teoría de los seis apretones de manos simboliza que el mundo puede resultar increíblemente pequeño y que entre cualquier personaje —real o ficticio— existe una cadena de conexiones sorprendentemente corta.
El papel de los encuentros fortuitos y de las «conexiones largas»
Además de los amigos cercanos y la familia, en nuestras vidas pueden jugar un papel clave los encuentros inesperados, que actúan como «puentes» entre distintos grupos. Por ejemplo, puedes conocer a alguien en una conferencia o durante un viaje, comentar intereses comunes y, al cabo de un año, descubrir que esa persona está conectada con alguien de tu entorno profesional o personal.
En la teoría de redes esas conexiones se llaman «lazos largos» o aristas «aleatorias» del grafo. Forman una estructura en la que, aunque la mayoría de las personas esté conectada principalmente con sus clústeres cercanos, siempre existen caminos hacia otros círculos. Por eso los «seis apretones de manos» suelen funcionar en la práctica: incluso un encuentro fortuito puede reducir considerablemente la distancia hasta la persona objetivo.
Estas «conexiones largas» pueden surgir:
- Durante viajes y turismo, cuando nos cruzamos con personas de países o culturas lejanas.
- En eventos profesionales y sectoriales: conferencias, seminarios y talleres.
- En redes sociales, donde grupos y páginas abiertas reúnen a personas de distintas edades y profesiones por intereses comunes.
- A través de comunidades y foros en línea, donde participantes de diferentes continentes interactúan.
Se puede decir que cada «conexión larga» es una pequeña puerta a un nuevo mundo, que abre paso a innumerables cadenas de conocidos.
Consejos prácticos: cómo «reducir» el mundo
Si te atrae la idea de que «el mundo es pequeño» y quieres encontrar personas, ideas y recursos con mayor rapidez, hay varias recomendaciones sencillas y eficaces:
- Amplía tu círculo profesional. Asiste a eventos especializados y mantén contactos en LinkedIn. Con frecuencia las oportunidades llegan desde lugares inesperados.
- Participa en comunidades de interés. Online u offline, busca grupos, foros y clubes que reúnan a personas aficionadas a tu hobby o campo profesional.
- No subestimes los encuentros fortuitos. Interésate por la gente y mantén una actitud abierta. Incluso una breve conversación puede cambiar tu perspectiva del entorno.
- Usa las redes sociales de forma eficiente. Conecta de manera consciente: si ves a alguien que puede aportarte profesionalmente o para un proyecto, no dudes en enviar una solicitud acompañada de una breve explicación sobre quién eres y por qué quieres contactarle.
Siguiendo estos sencillos consejos no solo comprobarás en la práctica que «el mundo es pequeño», sino que contribuirás a reducirlo al crear nuevas conexiones entre personas.
Por qué el «seis» no es una regla fija
En distintos estudios y debates en internet aparecen cifras variadas: 5, 6, 7 e incluso 8 apretones de manos. ¿Por qué la gente se ha quedado tan fijada en el seis? En parte se debe a la tradición histórica vinculada a los experimentos de Milgram y al atractivo de la expresión «seis apretones de manos». Pero el número funciona más como símbolo que como dogma.
Es importante entender que para algunas parejas de personas la cadena puede tener solo 3–4 pasos y para otras alcanzar 8 o más, sobre todo cuando se trata de individuos pertenecientes a grupos sociales completamente aislados. Sin embargo, incluso en muestras amplias el valor medio suele rondar entre 6 y 7.
Además, en la era digital la hipótesis de los «seis grados» deja de ser algo extraordinario y se vuelve casi evidente, especialmente entre quienes usan internet de forma activa. Parece que las redes sociales globales han compactado aún más las distancias entre nosotros.
Conclusión
El fenómeno de los seis grados de separación nos recuerda que vivimos en un mundo sorprendentemente conectado. A pesar de las barreras geográficas, culturales y lingüísticas, los lazos humanos forman una red densa en la que la información, las ideas e incluso las historias personales pueden desplazarse con gran rapidez.
La teoría de los «seis apretones de manos» no es solo un dato curioso para conversaciones, sino un concepto que influye en la práctica sobre cómo construimos comunidades, hacemos negocios, realizamos descubrimientos científicos y producimos cultura. Muestra que, por muy distantes que parezcan las personas, al encontrar el «eslabón» adecuado la conexión aparece con notable rapidez.
Los críticos señalan con razón las limitaciones de los experimentos empíricos y recalcan que la cifra «seis» no es absoluta. Pero en general la idea de distancias sociales cortas se apoya en numerosas observaciones e investigaciones. Cada uno de nosotros puede comprobar en la práctica que existe una red compleja y, a la vez, sorprendentemente accesible de conocidos. A veces basta un pequeño esfuerzo para que una persona «lejana» pase a estar más cerca: a pocos apretones de manos o a unos pocos clics en una red social.
En definitiva, el fenómeno de los seis grados de separación no se reduce a números exactos. Nos recuerda que, tras la diversidad y la magnitud de la sociedad humana, subyace una interconexión común. Y cuanto más activamente ampliamos nuestro círculo social, más percibimos esa interrelación.