El filósofo griego antiguo Aristóteles (384–322 a. C.) planteó la idea de que no es posible concebir cómo un universo compuesto solo de materia y energía podría, por casualidad, generar la complejidad y la racionalidad propias de la mente humana. Este argumento cuestiona las explicaciones naturalistas que intentan explicar la existencia de la mente y la conciencia exclusivamente a través de procesos materiales sin sentido, como reacciones químicas, fuerzas físicas y la selección natural no dirigida que actúa sobre mutaciones al azar.
La dificultad cardinal del naturalismo
El apologista cristiano Clive Staples Lewis (1898–1963) llamó la atención sobre la «dificultad cardinal del naturalismo», parafraseando el problema señalado por Aristóteles. Según su punto de vista, no se puede obtener algo mayor de lo que ya está contenido en la causa misma. De ese modo, cualquier filosofía naturalista y materialista no puede explicar adecuadamente el fenómeno de la mente si ésta surge de una fuente carente de sentido y de racionalidad.
En su libro «Milagros» Lewis sostenía que, si se examina de manera consistente la historia del surgimiento de la mente desde la perspectiva del naturalismo, al final se llega a un estado inicial carente de mente, racionalidad y de cualquier fundamento para su aparición. Y, sin embargo, existimos como seres racionales y pensantes.
Lewis considera que esto constituye una dificultad filosófica insuperable para el naturalismo. Como expresa de forma figurada, «no obtendrás orquídeas del esqueleto de una ballena y del amoníaco, independientemente de si el pensamiento moderno prohíbe los milagros o no». A su juicio, esto indica la existencia de una mente o conciencia inicial e inteligente detrás del universo. El naturalismo, siguiendo su propia narrativa de origen, se enfrenta a un callejón sin salida al abordar el origen de la mente, la intencionalidad y la conciencia en el mundo natural.
Así, la existencia de mentes racionales representa, según Aristóteles y Lewis, una «dificultad cardinal» insuperable para el naturalismo, que apunta a una fuente inteligente de todo lo existente.
Opiniones adicionales
El físico Albert Einstein (1879–1955) y el neurobiólogo Christof Koch también ofrecieron sus puntos de vista sobre este problema. Einstein consideraba que las leyes de la naturaleza y la belleza de las teorías científicas apuntan a una inteligencia profunda en el universo. Decía que la ciencia sin religión está coja, y la religión sin la ciencia está ciega. Christof Koch, por su parte, investiga la naturaleza de la conciencia y sostiene que la ciencia contemporánea aún está lejos de comprender plenamente este fenómeno. Estas opiniones subrayan la complejidad y la profundidad de la cuestión sobre el origen de la mente y la conciencia, y permanecen abiertas a más investigaciones y debates.