La creatividad suele asociarse con las obras de grandes artistas o pensadores: desde Beethoven hasta Einstein, desde Picasso hasta el creador del tiramisú. Sin embargo, la creatividad también forma parte de la vida cotidiana. Cada vez que se crean nuevas asociaciones entre conceptos o se inventan nuevas formas de usar objetos comunes, se manifiesta la creatividad. ¿Pero de dónde surge la creatividad en el cerebro? Un estudio reciente sugiere que está relacionada con la actividad conjunta de muchas de sus partes.
El cerebro no es simplemente una masa informe de células; está organizado en muchas regiones interconectadas. Décadas de investigación señalan distintas funciones y roles de estas regiones: hay zonas para procesar información visual, control motor, memoria espacial y así sucesivamente. No obstante, no existe una zona aislada para la creatividad en el cerebro.
La actividad cerebral también se describe en términos de redes: grupos de regiones cerebrales interconectadas que se activan juntas. Una de esas redes, llamada red de modo por defecto (DMN, por sus siglas en inglés), podría participar en el pensamiento creativo.
La red de modo por defecto se describió por primera vez hace apenas 20 años, cuando se observó que un conjunto de áreas corticales se activaba de forma conjunta durante períodos de vigilia tranquila. La llamaron «modo por defecto» porque parecía ser el estado al que el cerebro volvía cuando no estaba ocupado activamente en la ejecución de una tarea.
Desde entonces se ha demostrado que la DMN está activa durante la ensoñación, el divagar de la mente, la autorreflexión, la meditación y ahora también el pensamiento creativo.
En un estudio reciente, un grupo de científicos de la Facultad de Medicina de Baylor registró la actividad cerebral de 13 participantes. Se les propuso una tarea que evaluaba su capacidad para vincular ideas de forma creativa: pedirles que enumeraran nuevos usos alternativos para objetos comunes (por ejemplo, «¿qué más se puede hacer con una silla, además de sentarse en ella?»). Esto se denomina «pensamiento divergente», que incita a buscar conexiones entre conceptos que aparentemente no están relacionados. Se evaluó tanto la cantidad de usos inventados como su originalidad.
Cuando a los participantes se les pidió que imaginasen usos alternativos, la DMN se activó durante la presentación del objeto. Sin embargo, no estuvo activa de forma aislada. La red de control fronto-parietal (FPN), generalmente asociada con la resolución de problemas y la atención, también se activó. Cuando los participantes empezaron a enumerar los usos alternativos, la actividad de la FPN se volvió dominante. La conexión entre la DMN y la FPN se había asociado anteriormente con el pensamiento divergente. Es posible que primero sea necesario generar nuevas ideas y luego evaluarlas y filtrarlas.
Los investigadores fueron más allá. Encontraron una correlación entre el vínculo creativo de ideas y la actividad en la DMN, pero ¿existe una relación causal entre ellas? Para comprobarlo, perturbaron la actividad de la DMN durante la tarea y observaron una disminución en la originalidad de los usos inventados.
Por tanto, no existe una zona cerebral separada que controle la creatividad. Quizá ni siquiera exista una única red responsable (la DMN no fue la única red activa durante el pensamiento divergente). La creatividad, por definición, tiende a formar asociaciones entre distintos conceptos, explorando territorios inexplorados. Probablemente no sea sorprendente que esto requiera la cooperación de varias regiones y redes cerebrales.
El estudio fue publicado en la revista Brain.