Efectos placebo y nocebo: cómo lo que esperan los pacientes influye en su salud

Efectos placebo y nocebo: cómo lo que esperan los pacientes influye en su salud

En la ciencia médica y psicológica existe un fenómeno que durante mucho tiempo ha suscitado debates y admiración a la vez — efecto placebo. Su esencia es que las expectativas positivas del paciente respecto al tratamiento pueden por sí mismas aliviar los síntomas o incluso curar parcialmente enfermedades. En el otro extremo — efecto nocebo, cuando las expectativas negativas (miedo, duda o convicción sobre posibles efectos secundarios) pueden empeorar el estado y llevar a una percepción más intensa del dolor. A pesar de las investigaciones activas, los científicos todavía no han logrado desvelar por completo los mecanismos de ambos efectos, lo que plantea muchas preguntas y pone de manifiesto la profunda interconexión entre la psique y la fisiología.

¿Qué son el placebo y el nocebo?

Placebo (del latín «placebo», «agradaré») — es una sustancia o procedimiento que no posee una acción terapéutica específica, pero puede provocar una mejoría en el paciente gracias a su creencia en la eficacia del tratamiento. El ejemplo clásico es la «pastilla vacía» sin principio activo que el paciente toma pensando que es un medicamento real. Sin embargo, a pesar de la ausencia de un componente activo, el organismo suele reaccionar a la «falsificación» liberando endorfinas, reduciendo el nivel de estrés y produciendo otros cambios positivos.

Nocebo (del latín «nocēbo», «dañaré») — es la cara opuesta del placebo, cuando las expectativas negativas (por ejemplo, sugerencias de que el tratamiento puede causar efectos adversos o que la enfermedad es irreversible) conducen al empeoramiento de los síntomas o a la aparición de nuevas molestias. A veces el dolor u otras sensaciones desagradables se intensifican realmente si el paciente está convencido de que «debe empeorar».

Contexto histórico e investigaciones actuales

La gente conocía el efecto placebo mucho antes de la consolidación de la medicina científica. Chamanes, curanderos y sanadores populares a menudo utilizaban rituales y pócimas apoyándose en la fe del paciente en el poder curativo de esas prácticas. Con el desarrollo de la farmacología se hizo evidente que, antes de confirmar la eficacia de cualquier fármaco, hay que tener en cuenta la posibilidad de la «autosugestión», por lo que los ensayos clínicos comenzaron a incluir un grupo de control con placebo.

El avance en la comprensión del mecanismo del placebo ocurrió cuando los científicos descubrieron que al tomar una «pastilla vacía» el cerebro de algunos pacientes libera endorfinas y otros neurotransmisores que reducen el dolor y contribuyen a la mejoría del estado. Además, en estudios con uso de resonancia magnética funcional se ha demostrado que los cambios afectan las mismas regiones cerebrales que se activan con fármacos reales.

El efecto nocebo, que se convirtió en objeto de estudio más intenso en la segunda mitad del siglo XX, a menudo surgía cuando al paciente se le informaba sobre posibles reacciones negativas y empezaba a sentir esas reacciones incluso en ausencia de un factor farmacológico. Por ejemplo, si se le comunica a una persona que un medicamento concreto tiene riesgo de provocar dolor de cabeza o náuseas, la probabilidad de que aparezcan esos síntomas aumenta.

Mecanismos fisiológicos y psicológicos

La clave para entender el placebo y el nocebo está en la intersección entre la fisiología y la psicología. Por un lado, nos enfrentamos a procesos bioquímicos en el cerebro: producción de endorfinas, dopamina, serotonina y otras sustancias que modifican la percepción del dolor y el estado emocional. Por otro lado, los factores cognitivos y emocionales desempeñan un papel enorme:

  • Expectativas: la convicción del paciente de que el tratamiento tendrá éxito (o no) desencadena una respuesta del organismo, preparando el «terreno» para las sensaciones correspondientes.
  • Atención y concentración: cuando la persona se centra en posibles efectos secundarios o en el dolor, el cerebro puede «amplificar» las señales, percibiéndolas con mayor intensidad (nocebo). En cambio, una actitud positiva ayuda a «distraerse» del dolor (placebo).
  • Reflejos condicionados: si el paciente ya ha tenido experiencia de un tratamiento eficaz con el mismo medicamento, incluso una «pastilla» sin principio activo del mismo «marca» puede provocar mejoría, porque el cerebro «reconoce» la situación y «activa» una reacción similar.
  • Interacción con el profesional de salud: la autoridad y la confianza del personal médico pueden reforzar o debilitar la fe del enfermo en la eficacia del tratamiento. El ánimo y la empatía aumentan el efecto placebo, mientras que expresar los riesgos de forma escueta o pesimista estimula el nocebo.

Misterios sin resolver: ¿por qué varían los efectos?

A pesar de décadas de investigación, todavía se desconoce por qué en algunas personas el placebo o el nocebo se expresan con mucha más intensidad que en otras. Algunas hipótesis apuntan a factores genéticos (por ejemplo, particularidades de los receptores de endorfinas), otras relacionan la eficacia con rasgos de personalidad (tendencia a la sugestionabilidad, confianza en las autoridades). También los científicos discuten hasta qué punto este efecto es estable en el tiempo: para algunos pacientes puede ser de corta duración, mientras que para otros produce resultados prolongados.

Otra «tierra incógnita» es la magnitud del efecto nocebo. La práctica clínica muestra que la publicidad de un supuesto «peligro» de un fármaco puede hacerlo menos eficaz o provocar reacciones adversas en una parte significativa de los pacientes. Sin embargo, el estudio sistemático del nocebo se ve dificultado por normas éticas: inducir deliberadamente expectativas negativas en los pacientes no siempre es justificable ni admisible.

Importancia para la psicoterapia y la medicina

1. Potenciación de la eficacia del tratamiento. La comprensión de que la psique humana puede «ayudar» o «estorbar» el tratamiento abre posibilidades para integrar métodos psicológicos en los protocolos médicos. Una comunicación bien construida entre el profesional y el paciente, el apoyo y la sugerencia de confianza —todo ello tiene una repercusión fisiológica real.

2. Aspectos éticos al informar a los pacientes. Todo profesional médico se enfrenta a un dilema: ¿cómo informar honestamente al paciente sobre los posibles efectos secundarios de un fármaco sin provocar la reacción nocebo? Por un lado, son fundamentales la transparencia y la autonomía del paciente; por otro, un exceso de focalización en lo negativo puede empeorar los resultados del tratamiento.

3. Rol de los psicoterapeutas. Psicoterapeutas y psicólogos pueden enseñar a los pacientes estrategias para reducir pensamientos ansiosos, gestionar la atención y emplear actitudes positivas. Esto disminuye la probabilidad de nocebo y aumenta las posibilidades de reacciones placebo. Por ejemplo, prácticas de relajación, entrenamientos autógenos y técnicas de sugestión consciente (autohipnosis) pueden actuar como catalizadores de los recursos internos del organismo.

4. Desarrollo de ensayos clínicos «inteligentes». La mayoría de los ensayos controlados aleatorizados consideran el efecto placebo, pero ahora los investigadores también intentan evaluar el efecto nocebo para interpretar los datos con mayor precisión. Pueden surgir nuevos protocolos que introduzcan un elemento de «entrenamiento placebo», donde al paciente se le prepara conscientemente para cambios positivos para ver hasta qué punto esto potencia la acción del fármaco real.

Recomendaciones prácticas

  • Para el personal médico: conviene cuidar con detalle el contenido y el tono de la información que transmiten a los pacientes. Enfatizar en exceso los efectos secundarios puede inducir nocebo, mientras que una presentación segura, pero honesta, de los hechos puede reforzar el efecto placebo.
  • Para los pacientes: es importante ser conscientes del papel de las propias expectativas y esforzarse por minimizar las actitudes negativas. Mantener una actitud positiva no significa ignorar los riesgos, sino evitar la rumiación y confiar en los profesionales.
  • Para los investigadores: es necesario seguir estudiando la neurobiología del placebo y el nocebo y diseñar experimentos más finos en los que estos efectos se controlen por separado.

Nuevos horizontes en la investigación

Los científicos actuales emplean activamente técnicas de neuroimagen (por ejemplo, resonancia magnética funcional) y pruebas genéticas para identificar qué genes pueden relacionarse con una mayor sensibilidad al placebo o al nocebo. Surge la idea de la «medicina personalizada», donde, junto con factores genéticos y fisiológicos, se considera el perfil psicológico del paciente. Es posible que algún día los médicos puedan «dosificar» métodos psicológicos para aumentar el beneficio de un fármaco o reducir el riesgo de efectos adversos.

Conclusión

Los efectos placebo y nocebo demuestran hasta qué punto los procesos mentales —expectativas, creencias, emociones— están relacionados con nuestro cuerpo. Independientemente de si la mejoría se debe al medicamento o a la creencia del paciente, el hecho de que se produzcan cambios fisiológicos no admite dudas. Para la medicina esto implica la necesidad de un enfoque integral, en el que además de los fármacos se contemple el apoyo psicológico. Para la psicoterapia supone oportunidades adicionales para trabajar con creencias y actitudes de los pacientes que pueden potenciar o debilitar el proceso terapéutico.

La principal dificultad es equilibrar la honestidad informativa con la «cautela» respecto a la psique del enfermo, para evitar en lo posible las «profecías negativas autocumplidas». El placebo y el nocebo siguen siendo ámbitos llenos de misterio, a pesar de los avances de la ciencia moderna, y quizá en estos efectos se oculte una de las claves para entender más a fondo la unidad de mente y cuerpo.

© 2025. El texto fue preparado con fines de exposición general del fenómeno placebo-nocebo y no pretende sustituir una consulta médica o psicológica exhaustiva.

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