Cuando me topé con el artículo Entropía y la idea de Dios(es): un enfoque filosófico de la religión como sistema adaptativo complejo de Matthew Zaro Fisher, me entró la curiosidad por saber cuánto convencería el planteamiento que reúne filosofía y teoría de sistemas complejos. Además, me encanta cuando los autores intentan entrelazar conceptos físicos —especialmente los tan difundidos como la entropía— con discursos humanísticos y religiosos. Eso suele prometer algo irónico: o se logra una brillante teoría integradora, o aparece otro malentendido lleno de términos oscuros en unas pocas decenas de páginas.
Al final Fisher no decepcionó. Su texto, publicado en la revista Religions (2024, 15(8), 925), intenta mostrar que la religión puede considerarse como un sistema adaptativo complejo (SAC), que, al igual que un organismo vivo, evoluciona y se adapta a nuevas circunstancias. El concepto clave aquí es la entropía: el aumento del desorden y de la incertidumbre. Fisher sostiene que la religión (incluida la idea de dios, dioses o lo “divino”) nos ayuda a reducir la entropía informativa, literalmente “ordenando” nuestra incertidumbre frente al tiempo y la mortalidad. Suena potente, pero vamos a desmenuzarlo con más detalle.
Idea general del artículo: la religión como sostén “anentrópico”
Para entender el sentido, es importante primero situarse en el marco general de la investigación:
- Problema inicial: observamos que la religión no desaparece pese a la industrialización, el avance de la ciencia y la difusión de ideologías seculares. En otras palabras, las prácticas religiosas adoptan nuevas formas, se transforman, pero no desaparecen por completo.
- Sistema adaptativo complejo (SAC): Fisher recurre a la idea de que la religión, como cualquier organismo complejo o estructura social, puede “ajustarse” a factores externos (nuevos conocimientos, cambios sociales, incluso catástrofes) y seguir existiendo.
- Papel de la entropía: el autor se centra en la entropía como medida de incertidumbre y caos. Cualquier sistema cerrado, por las leyes de la termodinámica, tarde o temprano “cae en el desorden”. Pero las personas, como “sistemas abiertos”, toman energía del exterior y —en términos muy simples— luchan contra su propia entropía creando un orden local (que, dicho sea de paso, sostiene la interacción social).
- Carácter “anentrópico” de la religión: se insiste en que el sistema religioso proporciona estructuras de sentido (en términos generales, “da respuesta” a preguntas existenciales), lo que reduce bruscamente la incertidumbre informativa. La gente intuye que, mediante ideas sagradas y rituales, de algún modo ordena su vida y da sentido a lo que sin la religión parecería impredecible.
En conjunto, el artículo sostiene que gracias a ese efecto “anentrópico” la religión cumple una función clave: mantiene a los sistemas psíquicos (cada individuo en su interior) y al sistema social (la sociedad) en cierto equilibrio. Esto se mantiene mientras la comunicación religiosa sea capaz de ofrecer modos de interpretación de la incertidumbre.
Fundamento teórico: de Luhmann a Shannon
El autor se apoya en una amplia gama de disciplinas —desde la cibernética hasta la sociología—. En el artículo se mencionan nombres y teorías como:
- Niklas Luhmann. Su teoría de los sistemas sociales sostiene que la sociedad no es solo la suma de individuos, sino un sistema de comunicaciones. Para Fisher esto es relevante porque el sistema religioso surge y “vive” mediante el intercambio constante de mensajes entre sistemas psíquicos (nosotros, las personas) y estructuras sociales.
- Claude Shannon. El famoso modelo de transmisión de información sirve de punto de partida para abordar la entropía. En la teoría de la información la entropía indica el grado de incertidumbre de un mensaje. Con alta entropía no podemos predecir lo que se nos comunicará; con baja entropía el mensaje es fácil de anticipar.
- Teoría evolutiva de la religión. Fisher remite a trabajos de Purzycki y Sosis que sostienen que la religión es un factor potente para sostener la cooperación en grandes grupos y, por tanto, aumenta las probabilidades de supervivencia. La misma idea de “sistema adaptativo complejo”: la religión “recuerda” prácticas eficaces, desecha las ineficaces y escala a un nuevo nivel.
- La idea del “yo teledinámico” (Deacon). Es un intento de comprender cómo surge la conciencia (o el “yo”) a partir del intercambio constante de energía con el entorno y cómo eso se refleja en la experiencia subjetiva. Fisher combina esto con el concepto de religión para proponer que la “personalidad en comunidad” resulta de una lucha cooperativa contra la entropía.
En definitiva, Fisher integra filosofía, cognitividad, sociología y conceptos de teoría evolutiva para persuadirnos: la religión es un mecanismo sociocognitivo que reduce los niveles de entropía (incertidumbre). El papel de las ideas de Dios o los dioses sería, por tanto, su aparente carácter anentrópico, es decir, aquello que percibimos como algo fuera de la decadencia material.
Entropía y la “flecha del tiempo”
El punto más interesante del artículo, a mi juicio, es el intento de Fisher de entrelazar la “flecha del tiempo” (la idea de que la entropía en un sistema cerrado aumenta y el tiempo avanza de forma irreversible) con reflexiones sobre la experiencia humana y el miedo a la muerte. Fisher sostiene que la sensación de “finitud” empuja a la persona a buscar maneras de estabilizarse como “sí mismo” (un ser que se auto-refleja). Por eso la religión, al ofrecer posibilidades de un más allá, ciclos de reencarnación, designios divinos o una “armonía universal”, brinda una especie de “punto de apoyo anentrópico”.
Dicho de otro modo, tendemos a creer que existe algo (Dios, un sentido absoluto, un bien supremo) que no está sometido a las leyes generales de la entropía. Todo eso, según Fisher, actúa como un poderoso estabilizador social y existencial. Más simple: “Todos morimos”, es una idea inquietante, y la religión capta la iniciativa y ofrece una respuesta: “Sí, pero… hay salvación, o hay retorno eterno, o hay reencarnación”. Así se reduce la incertidumbre existencial e informativa.
Los sistemas religiosos como controladores de la incertidumbre
Además del tiempo, el artículo examina en detalle la “entropía shannoniana”: cuantos más posibles mensajes haya, mayor es la entropía. Cuando un sistema de creencias religiosas expulsa variantes “indeseadas” (por ejemplo, reprime herejías o concreta dogmas), reduce la entropía y aumenta la “previsibilidad” del comportamiento social. El lenguaje dogmático (o los textos canónicos) cumple exactamente esa función: evitar que la comunidad caiga en interpretaciones caóticas.
Pero Fisher señala que el sistema religioso no es rígido. Al contrario, evoluciona y se “ajusta” a nuevos desafíos y dudas. Cuando surgen interpretaciones alternativas que amenazan con aumentar la incertidumbre, la tradición puede bien “quemar al hereje”, bien incluir la nueva interpretación dentro de una doctrina ampliada. El ejemplo del cristianismo temprano: la disputa entre arrianos y nicenos se resolvió mediante concilios y la adopción del Credo de Nicea —con ello se redujo la incertidumbre y la religión se “estabilizó” en un nuevo nivel.
Mis observaciones sobre el trabajo de Fisher
Naturalmente, la idea de que la religión es una forma de “luchar contra la entropía” resulta atractiva. Pero hay varios puntos que, a mi juicio, merecen atención y son discutibles:
- Función exagerada de la entropía. El autor explica de forma lógica que no nos gusta la incertidumbre y buscamos orden. Pero se puede discutir que precisamente la religión ejerza la función principal de combatir el caos. Existen numerosas fuentes seculares de sentido (arte, filosofía, ciencia) que también “cosen el mundo” y reducen la ansiedad. Así, Fisher parece otorgar a la religión una monopolización de la reducción de entropía, lo cual en ciertos casos resulta exagerado.
- Generalización de la idea “anentrópica” de lo divino. Fisher introduce el término “dimensión anentrópica del significado”, entendiendo algo “fuera de la entropía”, es decir, eterno o inmortal. Sin embargo, no todas las tradiciones religiosas se organizan alrededor de dioses inmortales o absolutos. Existen formas de panteísmo y creencias animistas donde los espíritus están sujetos a leyes naturales y mueren. Esas religiones también reducen la incertidumbre, pero no necesariamente apelan a la eternidad.
- Factor sociohistórico de poder y competencia. Autores como Luhmann y otros sociólogos de sistemas subrayan que cualquier sistema interactúa con múltiples subsistemas, incluidos la economía, la política y el derecho. La supervivencia de una religión puede explicarse mucho más por factores políticos (apoyo estatal, conquistas históricas, monopolio de la escritura y la educación) que por dinámicas entópicas.
- Complejidad para medir la “entropía real” en la sociedad. Para confirmar empíricamente la hipótesis de que la religión reduce eficazmente la entropía informativa se requieren modelos rigurosos, tal vez de la teoría de la información. En el artículo no se presentan cálculos cuantitativos detallados: todo permanece en el plano de las analogías teóricas. No es un fallo crítico, pero sí un motivo para avanzar en la investigación.
Direcciones posibles para desarrollar las ideas del autor
A pesar de las reservas, el artículo de Fisher me parece muy relevante para estudios interdisciplinarios sobre la religión. Algunas líneas que podrían constituir continuación o profundización son:
- Modelado cuantitativo. Investigadores podrían intentar estimar “digitalmente” la entropía en diversas comunidades religiosas y compararla con el nivel de dudas (o conflictos de interpretación). Por ejemplo, mediante análisis de textos, frecuencia de nuevas interpretaciones, número de sectas y escisiones.
- Estudio comparativo con sistemas no religiosos. Sería interesante analizar cómo comunidades científicas o movimientos de fans (seguidores de series o juegos) también “reducen la entropía” al formar códigos y excluir “herejías”. Esto podría mostrar que los procesos descritos son universales y no exclusivos de la religión.
- Desarrollar la idea “anentrópica” sin un dios absoluto. Conviene explorar si la noción de “contrarrestar la entropía” funciona en religiones donde los dioses son mortales o no existe una entidad divina clara (p. ej., en algunas corrientes del budismo).
- Análisis más profundo del poder y la desigualdad social. Comprender cómo los procesos entópicos se relacionan con el hecho de que unas religiones triunfaron históricamente y otras no. ¿Fueron las grandes religiones más eficaces gestionando la incertidumbre y captando el apoyo de las élites políticas?
Mi impresión y reflexión personal
Al leer el artículo de Fisher noté que logra reunir en un solo sitio teorías que suelen vivir en manuales distintos: sociología de la religión, la teoría de Luhmann, la entropía de Shannon, modelos evolutivos. Al mismo tiempo advierto cierta “licencia académica”: donde sería necesario delimitar con claridad —entre entropía informativa, entropía estadística, termodinámica y la “flecha del tiempo”— el autor a veces mezcla categorías. Quizá ese riesgo sea el precio inevitable de la interdisciplinariedad.
Me pareció que la tesis más fuerte del artículo es: la religión seguirá existiendo mientras en nuestra cultura persistan el miedo a la muerte, la soledad y la pérdida de sentido. Y dado que nadie ha anulado la segunda ley de la termodinámica, nacemos, envejecemos y morimos —nuestro “yo teledinámico” buscará maneras de hacer esa experiencia algo más predecible y confortable. La religión, concluye Fisher, ofrece una forma particular de “comunicación anentrópica” que cierra esa brecha.
Pensamientos finales
El artículo de Matthew Zaro Fisher “Entropy and the Idea of God(s): A Philosophical Approach to Religion as a Complex Adaptive System” no deja indiferente. Por una parte, inspira por su amplitud y ambición: el autor intenta conciliar termodinámica y filosofía de la religión, evolución y teoría de la información, psicología y estudios culturales. Por otra, exhibe riesgos típicos de esos “híbridos teóricos”: generalizaciones excesivas, métodos empíricos poco desarrollados y, en ocasiones, un uso discutible de términos físicos en contextos humanísticos.
Pero si se considera este trabajo como una invitación al diálogo y a la investigación conjunta, creo que es una vía muy fecunda. Al fin y al cabo, la religión es precisamente aquello que, según muchos antropólogos, no desaparece de la escena histórica; se mimetiza y se adapta a cambios culturales, sociales y tecnológicos. No han conseguido “eliminar” la forma religiosa de pensar ni los materialistas más recalcitrantes.
Así, contemplar la religión en términos de reducción continua de la incertidumbre frente al desorden entópico del tiempo es, en conjunto, una idea productiva. Quizá no explique todo, pero sin duda añade un eslabón interesante a la conversación científico-filosófica sobre la naturaleza de la fe religiosa y la persistente búsqueda humana de sentido frente a la finitud.
Si a usted, como a mí, le interesan estos cruces entre ciencias naturales y humanidades, le recomiendo al menos echar un vistazo a este artículo. No dará necesariamente la respuesta definitiva sobre por qué todavía no “nos hemos librado” de los dioses, pero sí empuja a reflexionar sobre nuestra inclinación a convertir elementos dispersos de la experiencia en una imagen del mundo ordenada, aunque en gran medida ilusoria.