La realidad política contemporánea muestra que los métodos de gobierno asociados al poder autoritario a menudo resultan semejantes en muchos países. ¿Cómo es posible que líderes de distintas partes del mundo, con contextos histórico‑culturales diferentes, utilicen las mismas herramientas para reprimir a la oposición, gestionar a las masas y consolidar su influencia?
La respuesta a esta pregunta se encuentra en la noción que los investigadores denominan «aprendizaje autoritario». Este proceso implica que los líderes autoritarios observan activamente a otros regímenes similares, adoptan las tácticas más eficaces y ajustan sus acciones teniendo en cuenta desafíos externos e internos. En este artículo examinamos la esencia de este fenómeno, sus causas y mecanismos, así como ejemplos reales que confirman la vigencia del concepto.
Qué es el aprendizaje autoritario
El término «aprendizaje autoritario» describe un proceso en el que los gobernantes o las élites políticas de regímenes no democráticos no actúan solo por instinto, sino que estudian deliberadamente el comportamiento de sus colegas en otros países. Si observan que ciertas medidas producen resultados positivos —por ejemplo, la supresión de protestas sin fuertes sanciones internacionales, una campaña de propaganda eficaz, el fortalecimiento del culto a la personalidad sin resistencia masiva— las adoptan y adaptan en su propio contexto.
Por otro lado, frente a un descontento social serio o presión externa, los líderes pueden tener en cuenta no solo las experiencias exitosas sino también las prácticas que fracasaron, tratando de evitar los mismos errores. De ese modo, el «aprendizaje autoritario» es una evolución permanente de tácticas y estrategias con el objetivo de preservar y reforzar el poder en sistemas no democráticos.
En el núcleo del «aprendizaje autoritario» está la idea de que ningún régimen político existe en aislamiento. Noticias, canales diplomáticos, encuentros de alto nivel, intercambio de personal y flujos de información permiten a los líderes autoritarios analizar lo que ocurre entre sus «aliados ideológicos» o, al contrario, entre sus «rivales en métodos». Como resultado de ese intercambio surge una suerte de «comunidad transnacional» en la que la experiencia en represión, propaganda, manipulación y control económico se perfecciona constantemente.
Orígenes y precedentes históricos
Los regímenes autoritarios no son algo nuevo. La historia está llena de ejemplos de monarquías absolutas, dictaduras, juntas militares y otras formas de poder concentrado en manos de un grupo reducido o de una sola persona. Desde épocas antiguas, las dinastías que gobernaban tomaban prestadas entre sí técnicas para mantener territorios, sofocar revueltas y distribuir recursos con el fin de reforzar su posición.
Sin embargo, como campo de investigación autónomo, el «aprendizaje autoritario» se consolidó relativamente recientemente, cobrando impulso en la era de la globalización. En la segunda mitad del siglo XX, sobre todo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y en el contexto de la Guerra Fría, muchos dictadores literalmente «copiaron» experiencias de sus aliados —ya fuera en materia de fuerzas represivas, censura o propaganda ideológica.
Así, las dictaduras militares de América Latina de mediados y finales del siglo XX (Chile bajo Augusto Pinochet, Argentina bajo Jorge Videla y otras) intercambiaron activamente experiencias de política represiva y prácticas administrativas. Asesores soviéticos actuaron como «maestros» para varios países del bloque del Este, mostrando cómo construir sistemas estatales de vigilancia y represión de la disidencia. A su vez, el poder soviético estudió y adoptó ciertos métodos de control de la Rusia zarista, adaptándolos a su agenda ideológica.
De ese modo, la idea del «aprendizaje autoritario» tiene raíces históricas profundas, pero en las últimas décadas se ha vuelto especialmente relevante debido a la aceleración de las comunicaciones globales y la interdependencia económica entre Estados.
Mecanismos principales del aprendizaje autoritario
Para comprender mejor cómo funciona exactamente el «aprendizaje autoritario», conviene analizar los mecanismos clave que sustentan este proceso. Entre los más significativos se encuentran:
- Observación y análisis: las élites autoritarias siguen noticias, informes de organizaciones de derechos humanos, datos de inteligencia y sus propios canales. Evalúan qué tan efectivas fueron ciertas medidas para reprimir protestas, manipular elecciones o construir un culto a la personalidad en otros países.
- Intercambios formales e informales de experiencia: estas transferencias pueden ocurrir durante visitas de delegaciones oficiales, en reuniones de organizaciones internacionales o en grupos de trabajo sobre seguridad y defensa. Con frecuencia la experiencia se transmite también en encuentros no oficiales, sesiones cerradas, a través de contactos personales e incluso mediante los servicios de inteligencia.
- Redes y alianzas transnacionales: los regímenes autoritarios pueden estar conectados por alianzas, proyectos conjuntos económicos o de seguridad. A través de estos canales se produce un intercambio más rápido y amplio de «saber hacer» en materia de represión y propaganda.
- Adaptación y aplicación selectiva: aunque un régimen adopte la táctica de otro, la adapta a su propio contexto histórico, cultural y socioeconómico. Por ejemplo, ciertos métodos de propaganda pueden funcionar en una región pero ser menos eficaces en otra, por lo que las autoridades locales reelaboran la «lección aprendida» según las particularidades locales.
- Uso de consultorías y tecnologías externas: además del contacto directo con colegas dictadores, los líderes autoritarios pueden recurrir a consultores externos: especialistas en TI que suministran herramientas de vigilancia masiva, agencias de relaciones públicas, desarrolladores de sistemas de reconocimiento facial, sociólogos que ayudan con métodos de manipulación de la opinión pública, entre otros.
Ejemplos de tácticas transmitidas a través del aprendizaje autoritario
En prácticamente cualquier área de la gestión política se pueden encontrar ejemplos de tácticas copiadas. No obstante, algunas son especialmente visibles y se mencionan con frecuencia en estudios sobre «aprendizaje autoritario». Veamos las más extendidas:
Aparato represivo y control de protestas
Cuando en un país se logra reprimir con éxito una movilización masiva, otros regímenes autoritarios pueden estudiar el guion aplicado. Por ejemplo, el uso de «fuerzas no identificadas», los llamados «matones» o la equiparación de participantes en protestas con extremistas: estos enfoques suelen convertirse en «manuales» que luego se reproducen en otras partes del mundo.
También puede incluirse la base legislativa: la adopción de leyes que restringen la libertad de reunión o amplían las facultades policiales. Si una ley «funciona bien» en un lugar (es decir, permite reprimir protestas sin una condena internacional contundente), otros regímenes suelen tomar prestada su idea, formulación estructural y mecanismos de aplicación.
Manipulación de elecciones e instituciones políticas
Algunos líderes autoritarios prefieren celebrar elecciones «pseudodemocráticas» y mantener los atributos formales de la democracia mientras controlan en la práctica todos los procesos clave. No es sorprendente que la tecnología de la «democracia gestionada» también sea adoptada por colegas del mismo campo autoritario.
Por ejemplo, se despliega una campaña de propaganda masiva a favor del candidato «necesario», la oposición se topa con obstáculos burocráticos para registrarse, el día de la votación puede haber falsificación de papeletas y otras violaciones. Con frecuencia se crean tribunales leales que «legalizan» decisiones dudosas, de modo que todo el proceso parece «legítimo» para una parte de la población o incluso para observadores internacionales si estos carecen de datos completos.
Control de medios y propaganda
Medios controlados por el Estado, uso de tecnologías para bloquear recursos independientes, creación de «fábricas de trolls»: todo ello son ejemplos de manipulación del espacio informativo que los Estados autoritarios se transfieren entre sí.
Un aspecto importante es que cada país aporta sus propias modificaciones. En unos lugares se apuesta por la desconexión total de redes sociales y una censura estricta; en otros, por la creación de numerosos perfiles falsos que simulan apoyo al poder, ahogando voces independientes. Observando cómo se aplican estas tácticas en otros países, los líderes sacan conclusiones, ajustan su estrategia y hallan los procedimientos más eficaces para su público local.
Herramientas económicas y compra de lealtades
Los regímenes autoritarios también aprenden a «usar correctamente» el erario para conservar el apoyo de determinados grupos o élites. Por ejemplo, pueden subsidiar a las fuerzas de seguridad y altos oficiales, aumentar las pensiones de los agentes, otorgar privilegios a empleados públicos o ocupar nichos sociales para «comprar» la lealtad de sectores clave.
Si en un país estas medidas ayudaron a reducir la amplitud de las protestas o a atenuar el descontento ciudadano, otros regímenes suelen intentar repetir la misma estrategia. Por supuesto, mucho depende del nivel de desarrollo económico y de los recursos concretos, pero los principios generales de «apaciguamiento financiero» de élites y votantes son bastante universales.
Contexto global y papel de las organizaciones internacionales
Una de las razones por las que el «aprendizaje autoritario» es tan dinámico hoy en día es la globalización y el desarrollo de las tecnologías de la información. Por un lado, las organizaciones internacionales (ONU, OSCE, organismos regionales, etc.) intentan monitorear los derechos humanos y promover estándares sobre elecciones y libertades civiles. Por otro lado, los propios líderes autoritarios pueden intercambiar experiencias con rapidez y encontrar maneras de eludir esas normas internacionales o minimizar las consecuencias negativas de su violación.
En conferencias internacionales, cumbres y foros, los regímenes autoritarios emplean esos espacios no solo para acuerdos económicos, sino también para encuentros cerrados donde se discuten cuestiones delicadas: cómo controlar el espacio digital, cómo neutralizar la influencia de ONG, qué retórica emplear frente a sanciones y críticas.
Tampoco hay que olvidar que algunos Estados autoritarios tienen un peso considerable en la política y la economía global. Eso les permite crear mecanismos alternativos de interacción en los que los estándares democráticos y de derechos humanos quedan en un segundo plano. Así, el intercambio de prácticas represivas y tecnologías de control se vuelve aún más fluido.
Tecnología: un nuevo frente del aprendizaje autoritario
En el siglo XXI, las tecnologías digitales se han convertido en uno de los campos clave para la interacción y el aprendizaje mutuo entre regímenes autoritarios. El control de Internet, la vigilancia digital de opositores, el análisis de grandes volúmenes de datos para detectar y neutralizar movimientos opositores: todo ello son áreas donde los líderes autoritarios muestran ingenio y comparten «secretos» entre sí.
Por ejemplo, sistemas especiales de monitoreo de redes sociales pueden rastrear sentimientos políticos, detectar indicios de protesta y reaccionar rápidamente, saturando el espacio mediático o bloqueando cuentas. Esos sistemas pueden desarrollarse en un país y venderse a otro como un producto, lo que subraya el componente comercial del aprendizaje autoritario.
Además, existe un mercado de servicios de ciberespionaje y ataques contra medios independientes o plataformas de activistas. Los líderes autoritarios pueden contratar esos servicios a empresas privadas o a gobiernos afines. Este intercambio de tecnologías, conocimientos y personal acelera el aprendizaje autoritario y lo hace más sofisticado.
Cómo afecta a la democracia y a la sociedad civil
El aprendizaje autoritario constituye una amenaza directa para las instituciones democráticas y las libertades. Si antes cada dictador, por así decir, «tropezaba con las mismas piedras» al enfrentar protestas o medios indeseados, ahora dispone de todo un «manual», aunque oficioso, que describe distintas formas de coacción tomadas de prácticas externas.
Esto significa que la sociedad civil debe enfrentarse no solo a un poder local concreto, sino a un fenómeno global en el que regímenes diferentes pueden protegerse mutuamente con ideas e innovaciones represivas. Organizaciones internacionales de derechos humanos, periodistas y activistas se enfrentan a un sistema de respuesta que se adapta velozmente y busca los métodos más eficaces de control y represión.
No obstante, el «aprendizaje autoritario» también puede provocar reacciones inversas. Comunidades internacionales, ONG y activistas comparten experiencias en la defensa de los derechos humanos, difundiendo técnicas avanzadas de seguridad digital, de comunicación y de organización de protestas. Puede decirse que presenciamos una suerte de «carrera armamentista»: los líderes autoritarios perfeccionan sus herramientas de represión, mientras los defensores de derechos hallan nuevas formas de resistencia.
Cambio de paradigma en las alianzas políticas
En el mundo contemporáneo, aliados en autoritarismo pueden ser Estados que, sobre el papel, son competidores económicos o geopolíticos. Los intereses globales pueden no coincidir, pero en la cuestión de «cómo contener con eficacia a la oposición» suelen intercambiar datos y experiencias.
Con frecuencia se forman bloques o acuerdos bilaterales donde la ventaja mutua consiste en respaldarse en la arena internacional (por ejemplo, en votaciones en la ONU) y en compartir tecnologías represivas. Esos «asocios» muestran que para un líder autoritario resulta más importante fortalecer su poder que mantener coherencia ideológica estricta. Las diferencias geopolíticas pueden pasar a un segundo plano frente a la oportunidad de adoptar medidas exitosas para conservar la autoridad.
Casos concretos de «aprendizaje autoritario»
Para ver cómo funciona el «aprendizaje autoritario» en la práctica, conviene revisar varios ejemplos que se discuten en la comunidad de politólogos:
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Aplicación de normas legales contra ONG: en muchos regímenes no democráticos se promulgan leyes de «agentes extranjeros» o similares, que restringen la actividad de las organizaciones no gubernamentales que reciben financiación del extranjero. Inicialmente esa práctica se consolidó en uno o varios países y luego otros la adoptaron, viendo en ella un medio para silenciar voces críticas bajo el pretexto formal de «defender la soberanía».
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Bloqueo de redes sociales: si en un país la desconexión temporal de redes sociales redujo significativamente la intensidad de las protestas o dificultó la coordinación de la oposición, otros regímenes autoritarios, al observar ese «efecto positivo», también pueden decidir tomar una medida tan radical ante disturbios masivos.
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Importación de sistemas de vigilancia y análisis de grandes datos: algunos Estados invierten activamente en el desarrollo y la exportación de suites informáticas capaces de rastrear correos electrónicos, llamadas telefónicas y actividad en redes sociales. Quienes adquieren estas soluciones obtienen simultáneamente experiencia en su implementación y uso óptimo para reprimir a los disidentes.
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Uso de «filtros de censura» en Internet: los Estados que desarrollaron tecnologías de análisis profundo del tráfico pueden compartirlas con aliados, enseñándoles a implementar sistemas eficaces de filtrado de contenidos o bloqueo de sitios críticos con el poder.
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Ejercicios militares conjuntos con medidas represivas internas: en ocasiones los líderes autoritarios forman coaliciones militares en las que se entrena no solo en habilidades de combate clásicas sino también en métodos «antiterroristas» que, en la práctica, se usan contra protestas pacíficas.
Contramedidas y perspectivas
Comprender el mecanismo del «aprendizaje autoritario» es el primer paso para diseñar respuestas. Las instituciones democráticas y las organizaciones de la sociedad civil pueden proponer varias estrategias:
- Solidaridad global: la unión de fuerzas pro‑derechos y pro‑democracia a nivel internacional permite desarrollar estrategias más coordinadas de presión, sanciones o información pública.
- Transparencia y visibilidad pública: la divulgación amplia en medios de los hechos de represión y de los métodos de control dificulta el aprendizaje encubierto y la replicación de prácticas duras. Si la sociedad conoce la naturaleza de las tácticas autoritarias, le resulta más fácil resistirlas.
- Apoyo a activistas locales y medios independientes: crear y financiar medios independientes locales puede ayudar a contrarrestar la propaganda. Formar activistas en técnicas de seguridad digital reduce la eficacia de las herramientas de vigilancia autoritarias.
- Sanciones internacionales contra la exportación de tecnologías represivas: en ciertos casos la comunidad internacional puede limitar o prohibir la venta de sistemas de vigilancia masiva a regímenes autoritarios, complicando su acceso a herramientas modernas.
- Difusión de valores democráticos mediante educación y cultura: una estrategia a largo plazo consiste en apoyar iniciativas civiles, programas educativos e intercambios culturales que fomenten una demanda sostenida por la libertad de expresión y la democracia.
Conclusión
El «aprendizaje autoritario» no es solo un término teórico, sino un proceso real y dinámico que influye de manera sustantiva en la vida política de muchas regiones. Al intercambiar experiencias y tecnologías, los líderes autoritarios aumentan la eficacia de sus métodos de control y represión, planteando desafíos tanto para la oposición interna como para la comunidad internacional.
No obstante, este fenómeno también tiene su contraparte. El aumento de la conciencia ciudadana, la implantación de iniciativas educativas y la solidaridad internacional pueden convertirse en contrapesos frente a un juego cada vez más complejo de «maestros y alumnos» en la escena política mundial. En última instancia, la lucha por las libertades, la democracia y los derechos humanos adquiere un carácter cada vez más global, exigiendo no solo respuestas locales sino también unidad y coordinación internacional.
Cada nuevo caso de «aprendizaje autoritario» confirma que el fenómeno se desarrolla con rapidez, adopta nuevas formas y sigue afectando la vida de millones de personas en todo el mundo. Cabe esperar que el fortalecimiento de la cooperación entre fuerzas democráticas permita enfrentar eficazmente este proceso y que la sociedad encuentre maneras no solo de reaccionar, sino también de prevenir la expansión de prácticas autoritarias.