Dengue: el virus tropical que desafía al mundo entero

Dengue: el virus tropical que desafía al mundo entero

El sol ardiente, las frutas exóticas y las playas de arena blanca: eso es lo que muchos imaginan al planear unas vacaciones en los trópicos. Pero detrás de ese paisaje idílico se oculta un peligro que los turistas a menudo olvidan. Se trata de la fiebre del dengue, una enfermedad que puede convertir unas vacaciones esperadas en una pesadilla. Cada año esta enfermedad afecta a millones de personas en todo el mundo, provocando preocupación entre médicos y epidemiólogos. ¿Cómo reconocer esta infección insidiosa y es posible protegerse contra ella?

¿Qué es la fiebre del dengue?

La fiebre del dengue es una enfermedad viral transmitida por la picadura de mosquitos. Predomina en las regiones tropicales y subtropicales del planeta. El virus del dengue pertenece al género Flavivirus de la familia Flaviviridae. Existen cuatro serotipos del virus del dengue (DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4), y cada uno puede causar la enfermedad.

Formas de la fiebre del dengue: desde leve hasta potencialmente mortal

Infección asintomática: muchas personas infectadas con el virus del dengue no presentan síntomas. Sin embargo, aún pueden transmitir el virus a los mosquitos, que a su vez pueden infectar a otras personas.

Dengue clásico: la forma más frecuente de la enfermedad. Los síntomas suelen aparecer entre 3 y 14 días después de la picadura de un mosquito infectado e incluyen fiebre alta, fuerte dolor de cabeza, dolor retroocular, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos y una erupción característica. Esta forma rara vez resulta fatal.

Dengue hemorrágico: una forma más grave de la enfermedad que puede desarrollarse si una persona se infecta por segunda vez con un serotipo diferente del virus del dengue. Los síntomas comienzan como en la forma clásica, pero luego la condición empeora rápidamente. Aparecen hemorragias, trombocitopenia (recuento bajo de plaquetas), y aumenta la permeabilidad vascular, lo que puede llevar a un estado de shock.

Síndrome de choque por dengue: la forma más grave, que puede causar la muerte. Se caracteriza por una caída brusca de la presión arterial. Sin intervención médica inmediata, en el 20% de los casos conduce al fallecimiento.

Historia del estudio

La historia del estudio de la fiebre del dengue se remonta a la antigüedad. Las primeras descripciones de una enfermedad similar al dengue datan del siglo III de nuestra era en una enciclopedia médica china. Sin embargo, los primeros brotes documentados ocurrieron a mediados del siglo XVIII en Asia, África y Norteamérica.

El nombre «dengue» proviene de la palabra suajili «ki denga pepo», que significa «ataque repentino causado por un espíritu maléfico». Esto refleja la aparición abrupta y la gravedad de los síntomas de la enfermedad.

Momentos clave en la historia del estudio del dengue:

1779 — Benjamin Rush describió un brote de una «fiebre devastadora» en Filadelfia, considerado el primer caso documentado de dengue en Estados Unidos. Rush señaló síntomas característicos: fiebre alta, dolor de cabeza, dolores musculares y articulares, y erupción. Llamó a la enfermedad «fiebre rompehuesos» debido a los intensos dolores en huesos y músculos.

1906 — Bancroft propuso la hipótesis de que los mosquitos eran los vectores de la enfermedad. Fue una idea revolucionaria, pues antes se creía que el dengue se transmitía por vía aérea o por contacto con personas enfermas.

1907 — Asburne y Craig demostraron experimentalmente la naturaleza viral de la enfermedad. Realizaron una serie de experimentos en voluntarios que probaron que el dengue era causado por un virus y no por bacterias.

1943-1944 — Sikes y Andrews, así como Kimmura y Hotta, aislaron el virus del dengue. Esto fue posible gracias al avance de los métodos virológicos. Los científicos utilizaron cultivos celulares y animales de experimentación para aislar y estudiar el virus.

Años 1950 — Se identificaron cuatro serotipos del virus del dengue. Este descubrimiento explicó por qué algunas personas enfermaban de dengue varias veces en la vida: cada serotipo confiere inmunidad solo frente a sí mismo, pero no frente a los demás.

Años 1970 — Se describió la forma grave de la enfermedad: el dengue hemorrágico. Este hallazgo se produjo durante epidemias en el sudeste asiático. Los científicos observaron que una reinfección por un serotipo distinto podía desencadenar un curso más grave de la enfermedad.

1997 — Se secuenció el genoma del virus del dengue, lo que abrió nuevas posibilidades para el desarrollo de vacunas y medicamentos antivirales.

2002 — Se identificó una relación entre características genéticas humanas y la gravedad del dengue, lo que ayudó a explicar por qué algunas personas desarrollan formas graves y otras no.

2015 — Se aprobó la primera vacuna contra el dengue (Dengvaxia). Sin embargo, más tarde se descubrió que podría ser peligrosa para personas que no habían padecido dengue previamente.

2019 — Se iniciaron ensayos clínicos de nuevas vacunas más seguras contra el dengue, basadas en los últimos avances en ingeniería genética.

¿Cómo se transmite la fiebre del dengue?

El principal vector del virus del dengue es el mosquito Aedes aegypti (mosquito de la fiebre amarilla), aunque otros miembros del género Aedes, como Aedes albopictus (mosquito tigre asiático), también pueden participar en la transmisión. Cabe destacar que estos mosquitos son activos principalmente durante el día, sobre todo en las horas de la mañana y al atardecer.

El ciclo de transmisión del virus es el siguiente:

  1. Un mosquito pica a una persona infectada y adquiere el virus junto con la sangre.
  2. El virus se replica en el organismo del mosquito durante 8–12 días.
  3. El mosquito infectado pica a una persona sana y le transmite el virus.
  4. En el organismo humano el virus tiene un periodo de incubación de 3–14 días, tras el cual comienzan a manifestarse los síntomas.
  5. Es importante destacar que la fiebre del dengue no se transmite directamente de persona a persona. Para la propagación de la enfermedad siempre se requiere un mosquito vector.

Casos destacados y brotes

La fiebre del dengue ha provocado en numerosas ocasiones epidemias de gran magnitud y ha atraído la atención pública internacional:

En 1779 una epidemia de dengue afectó simultáneamente a tres continentes: Asia, África y Norteamérica. Fue la primera pandemia de dengue documentada. En Filadelfia se enfermaron alrededor de 10 000 personas, lo que representaba casi el 10% de la población de la ciudad en ese momento. La epidemia provocó la paralización temporal del gobierno y de muchas empresas.

En la década de 1980 se observó un aumento pronunciado de los casos en el sudeste asiático, lo que llevó a reconocer el dengue como un problema grave de salud pública. En 1987, en Tailandia se registraron más de 170 000 casos, un récord para el país. La epidemia saturó el sistema de salud y generó alarma entre la población.

En 2019 varios países de América Latina, entre ellos Brasil, Colombia, Honduras y Nicaragua, declararon estado de emergencia por un número récord de casos de dengue. En Brasil se registraron más de 2 millones de casos, siete veces más que el año anterior. Este brote tuvo consecuencias económicas importantes, incluido el descenso del turismo en la región.

En 2022 Singapur afrontó el mayor brote de dengue en años, registrando más de 32 000 casos. Fue especialmente preocupante dado que Singapur es considerado uno de los países con los sistemas de control de mosquitos más eficaces. El brote motivó el refuerzo de las medidas de control de vectores, incluidas campañas a gran escala para eliminar criaderos y programas educativos para la población.

En 2023 Perú declaró el estado de emergencia en 13 regiones del país por una epidemia de dengue. Se registraron más de 147 000 casos y 248 muertes. Este brote estuvo relacionado con el cambio climático y las fuertes lluvias, que crearon condiciones ideales para la reproducción de los mosquitos vectores.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas de la fiebre del dengue pueden variar desde leves hasta graves. La forma clásica se caracteriza por un inicio súbito y un rápido desarrollo de los síntomas:

  • Fiebre alta (40 °C o más), que suele durar 5–7 días
  • Fuerte dolor de cabeza, frecuentemente con dolor detrás de los ojos
  • Dolores musculares y articulares tan intensos que la enfermedad a veces se denomina «fiebre rompehuesos»
  • Náuseas y vómitos, que pueden empeorar con el movimiento
  • Erupción cutánea que aparece entre el tercer y cuarto día de la enfermedad y que recuerda al sarampión
  • Cansancio y debilidad que pueden persistir varias semanas tras la recuperación

Cabe destacar que en los niños los síntomas suelen ser menos pronunciados que en los adultos, lo que puede dificultar el diagnóstico.

En los casos graves pueden aparecer manifestaciones hemorrágicas, como sangrado de encías, hemorragias nasales y aparición de hematomas en la piel. En el síndrome de choque por dengue se observa una caída brusca de la presión arterial, que puede provocar la muerte si no se trata a tiempo.

El diagnóstico de la fiebre del dengue se basa en la presentación clínica y en pruebas de laboratorio. Para confirmar el diagnóstico se emplean métodos serológicos (detección de anticuerpos contra el virus) y la PCR (reacción en cadena de la polimerasa) para detectar ARN viral. Es importante señalar que en los primeros días de la enfermedad las pruebas pueden dar resultados falsamente negativos, por lo que a veces es necesario repetirlas.

Tratamiento

Lamentablemente, no existe un tratamiento específico para la fiebre del dengue. La terapia se dirige a aliviar los síntomas y a mantener las funciones vitales del organismo. La base del tratamiento es una hidratación adecuada para prevenir la deshidratación. En los casos severos puede ser necesario el suministro de líquidos por vía intravenosa.

Para reducir la fiebre y aliviar el malestar se utilizan antipiréticos, principalmente paracetamol. Es importante evitar el uso de aspirina o ibuprofeno, que pueden aumentar el riesgo de sangrado. Cabe señalar que bajar la fiebre no acelera la recuperación, solo mejora el bienestar del paciente.

El reposo en cama es una parte importante del tratamiento, ya que ayuda al organismo a concentrar sus recursos en la lucha contra el virus. En casos críticos, especialmente en la forma hemorrágica del dengue, puede ser necesario un tratamiento más intensivo, que incluya infusiones intravenosas, transfusiones de sangre o de concentrado plaquetario.

Se presta especial atención al monitoreo de las funciones vitales del paciente, sobre todo durante el periodo crítico, que suele producirse entre el tercer y el séptimo día de la enfermedad. En ese momento puede haber un empeoramiento brusco, por lo que la vigilancia estrecha es fundamental para detectar y tratar posibles complicaciones a tiempo.

En los últimos años se han investigado antivirales para el tratamiento del dengue. Algunos fármacos experimentales han mostrado resultados prometedores en ensayos clínicos, pero aún no están aprobados para su uso generalizado.

También se investiga el uso de plasma de personas que han superado el dengue para tratar las formas graves de la enfermedad. Se supone que los anticuerpos presentes en ese plasma podrían ayudar al organismo a combatir el virus con mayor rapidez.

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