Una casa acogedora con una valla blanca, un automóvil nuevo en la entrada, una familia feliz y un trabajo estable… Durante muchos años esa fue la imagen clásica del sueño americano —el ideal al que aspiraban millones de personas no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Sin embargo, los tiempos cambian y hoy con más frecuencia se escuchan voces de quienes consideran que este sueño es inalcanzable.
Orígenes del concepto
El término «sueño americano» no apareció tan hace como podría parecer. Fue popularizado por el escritor James Truslow Adams en su bestseller «The Epic of America», publicado en 1931. Adams definió el sueño americano como «el sueño de una vida mejor, más próspera y más feliz para todos nuestros ciudadanos de cualquier rango».
La esencia de la idea es que, gracias al trabajo duro y la ingeniosidad, cualquier persona puede alcanzar una vida digna, aunque modesta, pero con cierto bienestar y seguridad.
El sueño americano hoy: visión de la sociedad
Hoy la situación no es tan clara. Según una encuesta del Pew Research Center realizada en 2024, solo el 53% de los encuestados consideran que todavía pueden alcanzar esa dicha. Un 41% adicional cree que fue alcanzable alguna vez en el pasado. Y un 6% está convencido de que el sueño americano nunca existió.
Los más pesimistas resultaron ser los estadounidenses menores de 50 años. Menos del 40% de las personas de entre 18 y 29 años creen que el sueño americano sigue siendo alcanzable hoy. La situación es solo un poco mejor entre las personas de mediana edad.
El costo del sueño americano
Para entender cuánto ha cambiado el acceso al sueño americano, consideremos varios aspectos clave y comparemos la situación actual con la del siglo pasado.
Ingresos
La buena noticia es que la familia estadounidense típica de cuatro personas gana hoy más que hace 30 años. En 2022, el ingreso medio de esa familia fue de algo más de 113 000 dólares, mientras que en 1990 esa cifra rondaba los 41 450 dólares. Ajustada por la inflación, la familia de 1990 habría ganado alrededor de 91 500 dólares a precios de 2022.
Compra de vivienda
El aumento de los ingresos es solo una parte de la historia. Es importante entender hasta dónde alcanzan esos recursos, especialmente cuando se trata de comprar una vivienda, uno de los pilares del sueño americano.
En 1990, el precio medio de una vivienda equivalía a aproximadamente 3,05 veces el ingreso anual de una familia de cuatro personas. Hoy esa relación ha aumentado a 3,64.
Por supuesto, hay que tener en cuenta que las viviendas actuales son, en promedio, más grandes y que las tasas hipotecarias han bajado desde casi el 10% en 1990 hasta menos del 7% ahora. No obstante, para la familia promedio la compra de una vivienda se ha vuelto una tarea más difícil.
Educación
Curiosamente, el costo de la matrícula universitaria para muchos estudiantes prácticamente no ha cambiado. En 1990, la tarifa media en una institución pública para estudiantes del mismo estado representaba alrededor del 11% del ingreso familiar medio. En 2024, esa proporción se mantuvo aproximadamente igual.
La situación es algo peor en las universidades privadas: si en 1990 la matrícula representaba el 29%, ahora esa cifra ha aumentado al 37%.
Al mismo tiempo, el porcentaje de estadounidenses de 25 años o más con educación superior hoy (38%) casi duplica la cifra de 1990 (20%).
Compra de automóvil
En los últimos 30 años, comprar un coche se ha vuelto un gasto más caro. El precio medio de un coche nuevo en 2024 supone el 42% del ingreso anual de la familia típica (frente al 36% en 1990).
Los automóviles usados también se han encarecido: si antes representaban el 16% del ingreso anual, ahora son el 23%. La situación se complica porque los bancos han empezado a ofrecer préstamos de automóvil a plazos más largos. Esto, aparentemente, reduce los pagos mensuales, pero al final hace que las familias permanezcan endeudadas durante más tiempo y terminen pagando más.
Gastos cotidianos
En cuanto a los gastos diarios, como la compra de alimentos y ropa, la situación parece más optimista. La comparación de los datos de la Encuesta de Gastos de los Consumidores para una familia de cuatro personas entre 1990 y 2022 muestra que la gente gasta aproximadamente lo mismo, o incluso menos, en las necesidades básicas.
En 1990, la familia típica gastaba alrededor del 73% de sus ingresos en comida, vivienda, ropa, transporte, atención médica y ocio. En 2022, esa proporción se redujo al 70%. El coste de la vivienda, el transporte y el ocio en general siguió el incremento de los ingresos. Los precios de los alimentos son algo más bajos y los de la ropa considerablemente más bajos que en 1990. Sin embargo, los gastos en atención sanitaria han aumentado de forma pronunciada.
¿Está vivo el sueño americano?
Por un lado, las familias ganan más (incluso ajustado por la inflación) que hace 30 años, y muchos aspectos de la vida cotidiana se han vuelto más asequibles. Por otro lado, adquirir los elementos clave del sueño americano (una vivienda propia y un automóvil) ahora es mucho más difícil.
Este problema se hizo especialmente agudo en los últimos años tras el fuerte aumento de los precios durante la pandemia y el brusco repunte de las tasas de interés. De hecho, los precios de la vivienda al otro lado del océano han permanecido inaccesibles durante más de tres años.
Las prioridades públicas también han cambiado. Para muchos estadounidenses modernos, el sueño americano puede significar ya no tanto poseer una vivienda, sino la estabilidad financiera, la posibilidad de recibir una educación de calidad o alcanzar un equilibrio entre trabajo y vida personal.
Además, a pesar de todas las dificultades, Estados Unidos sigue siendo un imán para millones de personas de todo el mundo que llegan en busca de una vida mejor. Como señala el Dr. Michael Strain, director de estudios de política económica en el centro de análisis conservador American Enterprise Institute: «En términos generales, creo que Estados Unidos sigue siendo un país de oportunidades».