Temperatura de bulbo húmedo: ¿para qué sirve?

Temperatura de bulbo húmedo: ¿para qué sirve?
El calor extremo se ha convertido en uno de los principales desafíos de nuestro tiempo. Se baten récords de temperatura uno tras otro, y las olas de calor cada vez son más frecuentes y destructivas. Pero medir solo la temperatura seca del aire no basta para entender cuán peligrosa puede ser esa meteorología para la salud. Es mucho más importante considerar la temperatura del bulbo húmedo: ofrece una imagen más completa del estado térmico del entorno.

Historia de la medición de la temperatura del bulbo húmedo

La idea de usar un termómetro envuelto en tela húmeda para evaluar la comodidad climática se propuso por primera vez en 1846 por el físico inglés John Dalton. Unos años después, en 1852, otro científico británico, John Gardner Gerrard, perfeccionó este método:

  • Propuso una fórmula para calcular la temperatura del bulbo húmedo a partir de la temperatura seca del aire y su humedad.
  • Desarrolló instrumentos de medición específicos.
  • El método se fue imponiendo gradualmente en todo el mundo y sigue utilizándose ampliamente en la actualidad.

Cómo funciona la temperatura del bulbo húmedo

La temperatura del bulbo húmedo se mide con un aparato en el que el termómetro está envuelto en una tela húmeda. La idea es que la evaporación del líquido en la superficie requiere energía: la llamada entalpía de vaporización. Esa energía se toma del aire circundante, lo que provoca el descenso de la temperatura del termómetro.

La intensidad de la evaporación depende de la diferencia entre la presión parcial de vapor de agua en el aire y la presión de vapor saturado sobre la superficie de la tela. Si el aire está seco, esa diferencia es grande y la evaporación ocurre rápidamente. En aire húmedo, la evaporación se ralentiza y la temperatura del termómetro aumenta.

Diferencia con la temperatura del bulbo seco

A diferencia de la temperatura seca del aire, la temperatura del bulbo húmedo tiene en cuenta no solo el calor, sino también la humedad. La diferencia entre ambas puede ser considerable. Por ejemplo:

  • Con una temperatura del aire de 40 °C y una humedad relativa del 30 %, la temperatura del bulbo húmedo será de alrededor de 27 °C.
  • Si la temperatura del aire es de 25 °C pero la humedad es del 90 %, la temperatura del bulbo húmedo también será alta, cerca de 24 °C.

Relación con la supervivencia en calor extremo

La temperatura del bulbo húmedo refleja la capacidad del organismo humano para enfriarse mediante la sudoración, que es el principal mecanismo de termorregulación en condiciones de calor. Cuanto mayor es ese valor, menos posibilidades tiene el cuerpo de disipar el exceso de calor. Si la temperatura del bulbo húmedo supera los 35 °C, el organismo ya no puede enfriarse de forma eficaz. Esto puede causar golpe de calor, deshidratación, agotamiento e incluso la muerte.

Esto afecta especialmente a los grupos vulnerables: personas mayores, niños y personas con enfermedades crónicas. Su capacidad de termorregulación es significativamente menor que la de los adultos sanos, por lo que corren un riesgo mucho mayor cuando la temperatura del bulbo húmedo es elevada.

Monitoreo climático global

La medición y el análisis de la temperatura del bulbo húmedo desempeñan un papel clave en los estudios sobre el impacto del cambio climático en la salud humana. Centros climáticos líderes, como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), siguen con atención la evolución de este indicador en distintas regiones del mundo.

Según las proyecciones del IPCC, hacia finales de este siglo, debido al calentamiento global, el número de días con temperaturas del bulbo húmedo peligrosamente altas podría aumentar entre un 50 % y un 100 % en comparación con mediados del siglo XX. Esto incrementará sustancialmente los riesgos para la salud y la vida de personas en muchos países.

Además, la temperatura del bulbo húmedo es relevante en otros ámbitos:

  • En aviación: para el cálculo de la masa máxima de despegue y la seguridad en el aterrizaje de las aeronaves.
  • En agricultura: para el monitoreo y la predicción del desarrollo de plagas y enfermedades de los cultivos.
  • En energía: para evaluar la eficiencia de los sistemas de refrigeración de centrales eléctricas y otros instalaciones industriales.
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