8K vs 4K: ¿vale la pena gastar más por los píxeles?

8K vs 4K: ¿vale la pena gastar más por los píxeles?

Cada año los fabricantes de televisores intentan vendernos la próxima novedad. En esta ocasión se trata del formato 8K Ultra HD —una resolución que promete una nitidez de imagen increíble. ¿Dónde están las dificultades?

¿Qué es el 8K y en qué consiste?

Técnicamente, el 8K es un formato de vídeo con una resolución de 7680 × 4320 píxeles —una densidad de imagen extremadamente alta, que supera en cuatro veces al 4K habitual. Para comparar:

  • Full HD (1080p): 1920 × 1080 píxeles
  • 4K Ultra HD: 3840 × 2160 píxeles
  • 8K Ultra HD: 7680 × 4320 píxeles

En palabras sencillas, la cantidad de píxeles ha crecido hasta aproximadamente 33 millones frente a 8 millones en 4K. A primera vista, el progreso es evidente.

Esta tecnología surgió como parte de la búsqueda de una imagen perfecta para pantallas profesionales, donde cada detalle importa. Se empezó a hablar del 8K en 2003, cuando la empresa japonesa NHK inició investigaciones sobre resoluciones extremadamente altas para la transmisión televisiva. Su objetivo fue desarrollar un estándar capaz de transmitir un nuevo nivel de realismo.

Hoy en día, el 8K está respaldado por fabricantes como Samsung (modelos QN900C y QN800C), LG (serie Z3), Sony (Z9J) e incluso TCL.

¿Por qué el 8K es, por ahora, poco práctico?

Lo más paradójico es que el ojo humano, por su fisiología, no puede distinguir todos esos millones de píxeles en pantallas de tamaño habitual. Piense: para ver realmente la diferencia entre 4K y 8K en un televisor de 55 pulgadas, tendría que sentarse literalmente a metro y medio. No es la posición más cómoda para ver películas o jugar. Su oftalmólogo probablemente no lo recomendaría.

La óptica del ojo humano está diseñada de tal manera que, más allá de cierta distancia, el cerebro deja de percibir las diferencias más finas en los detalles. Es decir, aunque la parte técnica sea perfecta, el espectador no percibirá un efecto visual real.

Contenido: ¿dónde encontrar vídeos en 8K?

El principal problema del ultra alta resolución es la ausencia casi total de contenido. Incluso el 4K no se ha convertido todavía en un estándar generalizado. La mayoría de los servicios de streaming, como Netflix y Amazon Prime, siguen ofreciendo vídeo en 1080p, y los discos Blu-ray clásicos permanecen mayoritariamente en Full HD.

Producir vídeo en 8K requiere inversiones enormes, tanto financieras como técnicas. Por ejemplo, crear un minuto de vídeo en 8K puede llevar hasta cuatro veces más tiempo y recursos que en 4K.

La excepción son los vídeos de demostración creados específicamente para ferias como CES o IFA. Allí gigantes como LG y Samsung muestran las impresionantes capacidades de las pantallas 8K, pero por ahora esos contenidos rara vez llegan al consumidor final.

Limitaciones técnicas del futuro

Si hablamos de transmitir señal 8K, se trata de un verdadero desafío para la infraestructura de internet actual. Si el streaming en 4K necesita alrededor de 25 Mbit/s, el 8K requerirá del orden de 100 Mbit/s de conexión estable. Incluso con la expansión de redes de fibra óptica, la transmisión masiva en 8K sigue siendo algo lejano.

Además, las consolas modernas, como PlayStation 5 y Xbox Series X, apenas están empezando a ofrecer juegos en 4K con ajustes máximos. El soporte completo de 8K no será posible sin hardware más potente.

¿Dónde el 8K es realmente necesario?

Paradójicamente, la ultra alta resolución tiene sentido en varias áreas muy especializadas. Se trata de sistemas de proyección, monitores profesionales, equipos para salas de cine y dispositivos de realidad virtual, donde la proximidad de la pantalla al ojo hace que cada píxel sea críticamente importante.

El 8K se utiliza incluso en medicina, por ejemplo en operaciones quirúrgicas en clínicas avanzadas.

Conclusión

Hoy por hoy, el 8K es más una maniobra de marketing que una necesidad tecnológica real. Es posible que dentro de una década la situación cambie, pero por el momento es una forma de vender televisores más caros.

La conclusión es muy simple: no se apresure a gastar dinero solo por el número de píxeles. La calidad de imagen es mucho más que la mera resolución. De hecho, los fabricantes pueden mejorar la percepción visual mediante varios parámetros clave:

  • Contraste: la capacidad de distinguir detalles en las áreas oscuras y claras, creando sensación de profundidad y volumen. Por ejemplo, la tecnología OLED de LG permite conseguir un negro prácticamente perfecto.
  • Gama de colores: la saturación y naturalidad de los tonos, especialmente en la reproducción de tonos naturales. Sony desarrolla TRILUMINOS Display, que ofrece una notable precisión en la reproducción del color.
  • Claridad de movimiento: la suavidad de la imagen en escenas dinámicas, con prácticamente eliminación del desenfoque por movimiento.
  • Tecnologías HDR: un rango ampliado de brillo que permite reproducir el claroscuro de la forma más realista posible. Dolby Vision y HDR10+ siguen siendo líderes en este mercado.
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