Mercurio es el planeta más pequeño del Sistema Solar, nombrado en honor al dios romano del comercio y de los viajeros. Al estar el más cercano al Sol, este cuerpo celeste orbita alrededor de nuestra estrella más rápido que los demás planetas, alcanzando una velocidad media de alrededor de 170 000 kilómetros por hora. Pero eso es solo la punta del iceberg. Aquí hay 10 hechos que demuestran que este pequeño mundo ardiente, conocido desde los libros de la escuela, es mucho más interesante de lo que parece.
10. En los polos de Mercurio hay hielo de agua, a pesar de la proximidad al Sol
Parece increíble que en un planeta tan cercano al Sol algo pueda congelarse. Sin embargo, en los polos del vecino más próximo a nuestra estrella existen miles de millones de toneladas de hielo de agua.
Este fenómeno se explica por una peculiaridad de la ubicación de los cráteres en las regiones polares. Los cráteres profundos en los polos norte y sur se hallan en zonas de sombra permanente. Los rayos solares nunca alcanzan el fondo de esos cráteres debido a la escasa inclinación del eje del planeta, que es de menos de 0,03 grados (en comparación, la inclinación de la Tierra es de 23,4 grados). Como resultado, la temperatura en estas áreas puede descender hasta -170 °C o menos, lo que permite que el agua permanezca congelada durante miles de millones de años.
Las primeras evidencias de la presencia de hielo fueron obtenidas por la sonda MESSENGER, que realizó varios sobrevuelos del planeta entre 2008 y 2015. Las mediciones por radar detectaron zonas altamente reflectantes en las regiones polares, características del hielo de agua. Investigaciones posteriores confirmaron que estos materiales reflectantes son realmente hielo de agua y no otras sustancias con propiedades similares.
La presencia de agua en este planeta tiene gran importancia para entender la historia de la formación del Sistema Solar. Los científicos creen que el agua pudo llegar allí con cometas y asteroides que impactaron la superficie a lo largo de miles de millones de años. Esta teoría respalda la hipótesis de que el agua en la Tierra y en otros planetas también pudo tener un origen cósmico.
9. Las temperaturas superficiales varían de extremadamente altas a extremadamente bajas
Siendo el planeta más cercano al Sol, Mercurio experimenta variaciones de temperatura increíbles. En las zonas iluminadas por el Sol la temperatura superficial puede alcanzar los 430 °C, suficiente para fundir plomo.
Sin embargo, debido a la ausencia de una atmósfera que retenga el calor, las temperaturas nocturnas caen hasta -180 °C. Para comparar, el cero absoluto, la temperatura más baja posible en el universo, es -273 °C. Así, la diferencia entre las temperaturas diurnas y nocturnas en el planeta supera los 600 grados, el mayor contraste térmico entre todos los planetas del Sistema Solar.
Este régimen extremo de temperaturas influye de forma importante en los procesos geológicos. A plena luz solar las rocas superficiales se expanden y por la noche se contraen, lo que provoca meteorización mecánica. Como resultado de este "estrés térmico" se forman grietas y fallas en la superficie que con el tiempo se transforman en polvo.
Es interesante que, debido a su lenta rotación, un "día solar" (de salida a salida del Sol) en este planeta dura alrededor de 176 días terrestres. Esto significa que algunas regiones pueden estar bajo un Sol abrasador casi tres meses seguidos y luego pasar el mismo tiempo en el frío helador de la noche.
8. Mercurio no tiene atmósfera, pero sí una exosfera muy tenue
A diferencia de la Tierra, el planeta más cercano al Sol no posee una atmósfera verdadera. Esto se debe a dos factores principales: la débil gravedad y la cercanía a nuestra estrella.
La gravedad es apenas del orden del 38% de la terrestre, lo que no es suficiente para retener una envoltura gaseosa. Además, al estar tan cerca del Sol, el planeta está expuesto constantemente a la intensa radiación solar y al viento solar, un flujo de partículas cargadas procedentes de la estrella.
El viento solar literalmente "sopla" las partículas de la superficie. Estos átomos, junto con partículas expulsadas por los impactos de meteoritos, forman una envoltura extremadamente tenue alrededor del planeta: la exosfera. En su composición se incluyen oxígeno, sodio, hidrógeno, helio y potasio.
La exosfera de Mercurio es tan escasa que su densidad es inferior a una billonésima parte de la atmósfera terrestre. En ese medio los átomos prácticamente no colisionan entre sí. El sodio en la exosfera produce un brillo característico que puede observarse desde la Tierra mediante análisis espectral.
La composición de esta delgada capa de gas cambia constantemente bajo la influencia del viento solar y de la bombardeo meteorítico. Estudiar esos cambios permite a los científicos comprender mejor la interacción entre la superficie de planetas sin atmósfera y el medio espacial.
7. La superficie está cubierta de enormes cráteres de impacto
A lo largo de miles de millones de años innumerables meteoritos, asteroides y cometas han chocado con Mercurio, convirtiendo su superficie en un paisaje lleno de cráteres de distintos tamaños.
El cráter más grande es la cuenca Caloris, con un diámetro de cerca de 1530 km, lo que equivale a aproximadamente el 40% del diámetro del propio planeta. Para comparar, sería como si en la Tierra existiera un cráter del tamaño de Australia. El impacto que creó la cuenca Caloris fue tan potente que generó ondas sísmicas que atravesaron todo el planeta y deformaron la superficie en el lado opuesto.
El segundo cráter por tamaño se llama Rachmaninov y tiene un diámetro de alrededor de 306 km. Ambas gigantescas estructuras se formaron en los primeros días del Sistema Solar, cuando las colisiones cósmicas eran mucho más frecuentes.
Es interesante que muchos cráteres reciben nombres de figuras destacadas del arte: escritores, pintores y compositores. Entre ellos hay un cráter nombrado en honor al autor de libros infantiles Dr. Seuss, creador de títulos famosos como "El gato en el sombrero" y "Cómo el Grinch robó la Navidad".
A diferencia de la Tierra, donde la erosión, la actividad tectónica y los fenómenos atmosféricos modifican constantemente la superficie, en Mercurio los cráteres se conservan casi sin cambios durante miles de millones de años. Esto convierte al planeta en una suerte de museo de la historia temprana del Sistema Solar.
6. Mercurio se parece mucho a la Luna terrestre
Por su superficie llena de cráteres, la ausencia de atmósfera y su pequeño tamaño, el planeta más cercano al Sol se parece por fuera más que nada a la Luna terrestre. Al ver las fotografías, incluso un observador experimentado tendría dificultades para diferenciarlos a primera vista.
Sin embargo, a pesar del parecido exterior, existen diferencias fundamentales entre estos cuerpos celestes. A diferencia de la Luna, Mercurio está expuesto de forma constante a intensa radiación solar. Durante miles de millones de años esto ha provocado cambios específicos en la composición química de las rocas superficiales.
Además, el núcleo del planeta probablemente sigue parcial o totalmente fundido, mientras que el núcleo lunar se enfrió hace mucho. Esta diferencia explica por qué Mercurio tiene un campo magnético y la Luna no.
En la superficie de Mercurio también se han hallado formaciones geológicas inusuales que no existen en la Luna, por ejemplo, amplias llanuras con composición y estructura superficiales peculiares. Esas regiones podrían haberse formado por actividad volcánica antigua, que en la Luna se manifestó de manera distinta.
La gravedad en la superficie del primer planeta desde el Sol es aproximadamente el 38% de la terrestre, mientras que en la Luna es solo el 16,5%. Esa diferencia influye de manera importante en los procesos de erosión y en la formación de la superficie de ambos cuerpos.
5. El núcleo metálico es extraordinariamente grande
Una de las características más sorprendentes de Mercurio es su núcleo metálico desproporcionadamente grande, que ocupa cerca del 85% del radio del planeta. Para comparar, el núcleo de la Tierra ocupa solo alrededor del 30% del radio terrestre.
Durante mucho tiempo una explicación popular para este fenómeno fue la teoría de que numerosos impactos de asteroides a lo largo de miles de millones de años habrían arrancado una gran parte de la corteza rocosa, dejando un planeta con un núcleo metálico sobredimensionado.
Sin embargo, investigaciones recientes han propuesto una explicación alternativa. Según una nueva hipótesis, el tamaño masivo del núcleo de Mercurio se debe al propio Sol y a su campo magnético gigante. En los primeros días de formación del Sistema Solar, el campo magnético solar atrapó partículas de hierro y las atrajo hacia el interior. Como resultado, los discos protoplanetarios más cercanos al Sol acumularon más partículas de hierro que los discos de los planetas exteriores.
El núcleo de Mercurio probablemente sigue parcialmente fundido o incluso totalmente líquido, a pesar de que han pasado miles de millones de años desde su formación. Debido al enfriamiento y la contracción gradual del núcleo, el planeta se reduce lentamente de tamaño. Según estimaciones científicas, su diámetro se ha reducido aproximadamente en 7 km desde su formación.
Esta contracción provoca la aparición en la superficie de características geológicas típicas: pliegues tectónicos, algunos de los cuales alcanzan cientos de kilómetros de longitud y más de un kilómetro de altura. Estas particularidades hacen del vecino más próximo al Sol un planeta único desde el punto de vista de la actividad geológica.
4. El planeta posee un campo magnético inusualmente fuerte
El gran núcleo metálico de Mercurio, que probablemente aún está fundido, genera un campo magnético inusualmente intenso para un cuerpo de su tamaño. Aunque representa solo alrededor del 1,1% de la intensidad del campo terrestre, es suficiente para frenar el viento solar y formar una magnetosfera.
El descubrimiento del campo magnético fue una sorpresa para los científicos. Según las teorías existentes, para generar un campo magnético hace falta una rotación rápida del planeta, algo que Mercurio no tiene: completa una rotación sobre su eje en 58,6 días terrestres. Este hallazgo obligó a revisar los modelos de campos magnéticos planetarios.
Al estar tan cerca del Sol, el campo magnético interactúa con el viento solar y crea enormes remolinos magnéticos, una especie de tornados que azotan la superficie. Estos remolinos magnéticos pueden alcanzar alturas de hasta 800 km y desplazarse a velocidades de hasta 700 km/s.
La magnetosfera tiene una estructura singular. A diferencia del dipolo terrestre, está desplazada hacia el norte casi un 20% del radio del planeta. Esta asimetría sigue siendo un enigma para los planetólogos y puede estar relacionada con características de la estructura interna o con la influencia del viento solar.
La interacción del campo magnético con el viento solar origina procesos complejos en la magnetosfera, incluidas subtormentas magnéticas —fenómenos similares a las auroras en la Tierra, pero mucho más intensos debido a la proximidad al Sol. Estudiar esos procesos ayuda a los científicos a comprender mejor la interacción de los planetas con el viento solar en todo el Sistema Solar.
3. Algunos satélites del Sistema Solar son más grandes que Mercurio
A pesar de que Mercurio está clasificado oficialmente como planeta, es realmente muy pequeño. Con un radio de solo 2440 km, el ancho de este cuerpo celeste es un poco más de un tercio del ancho de la Tierra, cuyo radio es de 6378 km.
De hecho, el planeta es tan pequeño que dos satélites del Sistema Solar — Ganímedes (satélite de Júpiter, el mayor satélite del Sistema Solar) y Titán (satélite de Saturno) — ambos son más grandes que él.
El diámetro de Mercurio es de 4880 km, mientras que el de Ganímedes es de 5262 km y el de Titán de 5149,46 km. Es una situación única en nuestro Sistema Solar que satélites sean mayores en tamaño que uno de los planetas.
No obstante, en masa el planeta más cercano al Sol supera con creces a ambos satélites. Su masa es de alrededor de 3,3 × 10^23 kg, más de 2,5 veces la masa de Ganímedes y más de 4,5 veces la masa de Titán. Esta diferencia se explica por la composición metálica del núcleo, que tiene una densidad mucho mayor que el hielo de agua y los materiales rocosos que constituyen principalmente a Ganímedes y Titán.
También es interesante que en tamaño Mercurio solo es un poco más grande que la Luna, cuyo diámetro es de 3474 km. Si la Luna fuera algo mayor o Mercurio algo menor, en nuestro Sistema Solar existiría otro caso de un satélite que supera en tamaño a un planeta.
2. Un día solar dura lo mismo que dos años mercurianos
Una de las características más sorprendentes de Mercurio es la relación entre sus periodos orbital y de rotación. Un día sidéreo en el planeta, el tiempo necesario para una rotación completa sobre su eje, dura cerca de 58,6 días terrestres. Un año, equivalente a una órbita completa alrededor del Sol, dura 88 días terrestres.
Sin embargo, el día solar, definido como el intervalo entre dos pasos consecutivos del Sol por el meridiano (de orto a orto), dura 176 días terrestres, ¡lo que equivale a dos años mercurianos! Este fenómeno es único en el Sistema Solar.
Esta extraña situación surge por la relación entre la rotación del planeta sobre su eje y su movimiento orbital alrededor del Sol. Mercurio rota en una resonancia 3:2 con su traslación alrededor del Sol: realiza exactamente tres rotaciones sobre su eje por cada dos órbitas alrededor del Sol.
A causa de esta resonancia, ciertas zonas del ecuador experimentan condiciones de temperatura extremas. Cuando el Sol está en el cenit en estas regiones, el planeta también se encuentra en perihelio (el punto más cercano al Sol en su órbita), lo que provoca la máxima radiación solar posible.
Curiosamente, durante mucho tiempo los astrónomos pensaron que Mercurio estaba en rotación sincrónica, siempre mostrando la misma cara al Sol, como hace la Luna con la Tierra. Solo en 1965, gracias a observaciones por radar, los científicos descubrieron que no era así y determinaron el verdadero periodo de rotación del planeta.
1. Solo tres misiones han sido enviadas a Mercurio
A pesar de su cercanía a la Tierra, el planeta más próximo al Sol permaneció poco estudiado durante mucho tiempo. En toda la historia de la exploración espacial se han enviado apenas tres misiones: Mariner 10, MESSENGER y BepiColombo.
La primera misión, Mariner 10, visitó Mercurio en 1974 y proporcionó las primeras imágenes detalladas de la superficie. La sonda realizó tres sobrevuelos y pudo cartografiar aproximadamente el 45% de la superficie con resoluciones de hasta 1 km. Gracias a esa misión los científicos detectaron por primera vez el campo magnético y obtuvieron datos sobre la atmósfera y la superficie.
La segunda misión, la sonda MESSENGER, realizó varios sobrevuelos, el primero de ellos el 14 de enero de 2008. Entre 2008 y 2015 este aparato envió a la Tierra enormes volúmenes de datos y cartografió toda la superficie. La misión proporcionó datos sin precedentes sobre la composición química de la superficie, la historia geológica y la estructura interna del planeta.
La tercera misión, BepiColombo, un proyecto conjunto de la Agencia Espacial Europea y la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón, actualmente está en camino hacia su objetivo. Dos orbitadores —un orbitador planetario para Mercurio y un orbitador magnetosférico para Mercurio— estudiarán la magnetosfera y cartografiarán la superficie. Se espera que lleguen en noviembre de 2026 tras completar seis sobrevuelos del planeta.
La dificultad para investigarlo se debe a varios factores. En primer lugar, por la cercanía al Sol las naves espaciales están expuestas a radiación solar intensa y a altas temperaturas. En segundo lugar, para entrar en órbita alrededor de Mercurio es necesario frenar considerablemente, lo que complica la misión desde el punto de vista técnico.
Las misiones futuras podrían incluir módulos de aterrizaje para estudiar la superficie de forma directa. Sin embargo, las condiciones térmicas extremas y la ausencia de atmósfera hacen que el aterrizaje sea una tarea técnica extremadamente compleja, que requerirá el desarrollo de nuevos materiales y tecnologías.