Al menos una vez hemos oído hablar del CI — ese enigmático coeficiente intelectual que supuestamente puede indicar cuánto eres de inteligente. Los éxitos en la escuela, la facilidad para resolver problemas lógicos, la capacidad de captar rápidamente la esencia: todo parece reducirse a un solo número. Pero, ¿qué hay realmente detrás de esa cifra? ¿Por qué una persona se desenvuelve igual de bien en matemáticas, idiomas y acertijos, mientras que a otra no se le da bien ninguno de ellos? A principios del siglo XX, el psicólogo británico Charles Spearman propuso una respuesta a estas preguntas: lo llamó factor g.
Hoy nos adentraremos en el sentido de esta idea: qué es el factor g, cómo se determina, por qué sigue siendo una piedra angular de la psicología de la inteligencia y cómo los científicos actuales intentan matizar o incluso replantear este concepto. Empezaremos por lo básico: qué es la inteligencia y cómo puede medirse.
La inteligencia como enigma de la ciencia: de conjeturas a mediciones
En la vida cotidiana llamamos "listo" a quien encuentra soluciones con rapidez, razona con lógica, recuerda bien, aprende rápido y, en general, "capta todo al vuelo". Pero en términos científicos, la inteligencia es el conjunto de capacidades mentales: percepción de la información, procesamiento, lógica, memoria, atención, adaptación y capacidad de aprendizaje. El problema es que todas estas capacidades están estrechamente entrelazadas, y durante mucho tiempo los psicólogos no supieron con certeza si existe una especie de "potencia mental" única o si la inteligencia es simplemente un conjunto de habilidades independientes.
Charles Spearman buscó respuesta a esta cuestión y propuso una idea que literalmente transformó la ciencia cognitiva.
Factor g de Spearman: energía mental en una variable
En 1904, Charles Spearman, al estudiar los resultados de exámenes escolares, observó algo extraño: si un alumno obtiene buenos resultados en un tipo de tareas (por ejemplo, las lógicas), probablemente también tendrá una puntuación alta en otras materias, incluso en aquellas no directamente relacionadas con la lógica. Esto sugería que todas las capacidades mentales, por distintas que sean, se alimentan de alguna fuerza común. Spearman llamó a esa fuerza «g», de general (factor general de inteligencia).
Propuso un modelo de dos factores: cada resultado en una tarea cognitiva depende de dos componentes. El primero es el factor g, la capacidad intelectual general. El segundo es el factor s, específico para la tarea concreta. Por ejemplo, resolver una ecuación algebraica requiere tanto de la inteligencia general como de conocimientos y habilidades matemáticas concretas.
Qué es el factor g desde el punto de vista científico
Desde la psicometría, el factor g es una variable que se extrae estadísticamente al analizar un gran número de pruebas cognitivas. El método empleado es el análisis factorial. Este permite identificar un núcleo común: esa capacidad general que influye en la mayoría de las tareas.
Es importante entender que el factor g no es una habilidad concreta. Más bien es un rendimiento mental general. Se manifiesta en la rapidez con la que una persona puede alternar entre tareas, en la capacidad para mantener la atención y en la rapidez para encontrar soluciones no convencionales. Spearman describió incluso al g como una «energía mental» que se distribuye de forma diferente entre las personas: algunos la tienen más, otros menos.
Investigaciones modernas indican que el factor g puede explicar entre el 40 y el 50% de las diferencias en los resultados entre personas en una amplia variedad de pruebas. Es una cifra considerable.
Inteligencia fluida e inteligencia cristalizada: el factor g no es único
Más tarde, en las décadas de 1960, la idea del factor general fue desarrollada por Raymond Cattell y John Horn. Propusieron dividir el g en dos componentes:
- Inteligencia fluida (Gf) — la capacidad de razonamiento lógico, de resolver problemas nuevos y de abstraer, independientemente de la experiencia acumulada.
- Inteligencia cristalizada (Gc) — el conocimiento que una persona acumula a lo largo de la vida: vocabulario, hechos, reglas y normas culturales.
Por ejemplo, resolver un rompecabezas desconocido es una prueba de la inteligencia fluida. Y contestar un examen sobre términos o capitales de países es una prueba de la inteligencia cristalizada. Ambos tipos de inteligencia son importantes y, juntos, conforman lo que a menudo se llama el CI general.
¿Se puede medir el factor g?
Las pruebas modernas de inteligencia —como la escala de Wechsler o la prueba de Raven— no miden el factor g de forma directa, pero están diseñadas para cubrir la mayor cantidad posible de aspectos de la actividad mental. Tras realizar varios subtests distintos, el sistema puede calcular un resultado global del que, mediante métodos estadísticos, se extrae el indicador g.
Pero es importante: el factor g no es el mismo número que el CI que aparece al final de una prueba. Es un componente interno que influye en todos los subtests. El CI puede tomarse como una aproximación del g, pero no coincide exactamente con él.
Factor g y biología: qué dice la neurociencia
Las investigaciones muestran que el factor g tiene correlatos biológicos. Por ejemplo, se ha relacionado con:
- el tamaño y el volumen del cerebro (en promedio — pero no en todos);
- la velocidad de procesamiento de la información (por ejemplo, en la velocidad de reacción);
- la eficiencia de la conexión entre distintas áreas cerebrales (sustancia blanca);
- el metabolismo de la glucosa en el cerebro;
- el nivel de heredabilidad (según distintas estimaciones — del 50 al 80%).
Esto significa que, aunque la inteligencia no se reduce únicamente a la biología, posee una base fisiológica sólida. No obstante, el entorno, la educación, la motivación e incluso la alimentación pueden influir de forma significativa en su desarrollo.
Críticas al factor g: ¿y si la inteligencia no es una sola?
Los defensores de teorías alternativas sobre la inteligencia consideran que reducir todas las capacidades mentales a una variable es una simplificación. Uno de los críticos más conocidos es Howard Gardner, autor de la teoría de las inteligencias múltiples. Identificó al menos ocho tipos independientes: lógico-matemática, lingüística, musical, corporal-cinestésica, visuoespacial, interpersonal, intrapersonal y naturalista.
También existen teorías que plantean que la inteligencia está compuesta por varios procesos cognitivos básicos que funcionan en paralelo: memoria a corto plazo, procesamiento de la información, funciones ejecutivas. Todo ello sugiere que, aunque la idea del factor g es útil, puede no ser suficientemente precisa para la ciencia cognitiva contemporánea.
¿Por qué el factor g sigue siendo importante?
A pesar de las críticas, el factor g sigue utilizándose como referencia en psicología, educación e incluso economía. Muestra una relación consistente con:
- el éxito académico;
- la productividad profesional;
- el nivel general de ingresos;
- la salud y la esperanza de vida.
Esto no significa que un g alto garantice una vida feliz. Pero, en promedio, las personas con niveles más altos de inteligencia general aprenden más rápido, se adaptan mejor a nuevas circunstancias y resuelven problemas con mayor efectividad.