Venus es similar a la Tierra en tamaño, pero las condiciones en la superficie son muy diferentes: temperatura muy alta, una presión enorme y una densa capa de nubes de ácido sulfúrico. En los últimos años la imagen se ha aclarado: la revisión de mapas radar ha revelado indicios recientes de erupciones, se ha medido con más precisión el período de rotación, se han descrito mejor los vientos rápidos en las capas altas y los cambios en la composición del gas con la altitud. A continuación — diez puntos detallados en un lenguaje natural y sin términos incomprensibles.
10. Volcanismo moderno: cráter modificado y flujos de lava jóvenes
La comparación de imágenes radar de la misma región mostró que en la cima de Maat Mons el cráter volcánico ha cambiado: el contorno se amplió, se observan señales de colapso del borde y posible relleno por material fundido. Es difícil explicar esos detalles sin actividad reciente. Para un volcán activo, esas reconstrucciones encajan en el patrón habitual de crecimiento y hundimiento.
En las planicies vecinas se observan campos de lava lisos con cráteres de impacto escasos. La baja densidad de cráteres indica una superficie de edad reducida: si los flujos fueran antiguos, se habría acumulado un mayor número de marcas por impactos. Cuando la morfología, el conteo de cráteres y el brillo radar coinciden, la conclusión sobre una erupción reciente se vuelve convincente.
Las observaciones térmicas aportan argumentos adicionales. En el rango infrarrojo se han detectado localmente zonas más cálidas sobre los complejos volcánicos. Paralelamente, en las capas altas de la atmósfera de vez en cuando se registran picos de compuestos sulfurosos — compañía típica de gases que ascienden desde el interior y luego se transforman en aerosol de ácido sulfúrico.
9. La duración del día venusiano cambia por el intercambio de momento entre la atmósfera y el interior
Venus gira muy despacio y en sentido contrario al de la Tierra: una rotación tarda aproximadamente 243 días terrestres. Al mismo tiempo, el período varía ligeramente de un año a otro. La razón es clara: la densa atmósfera transporta momento angular y, por fricción, lo transmite a la corteza sólida, de modo que la velocidad de rotación se acelera o desacelera un poco.
Las oscilaciones son pequeñas en términos absolutos, pero en la escala de años se detectan de forma clara en mediciones radar. Para los cartógrafos es una cuestión práctica: hay que reajustar periódicamente las coordenadas de los objetos geológicos al período actual, para que los mismos puntos de referencia no 'se desplacen' en longitud al comparar distintos conjuntos de datos.
Para los investigadores de la atmósfera, esa relación es una prueba importante para los modelos. Si el cálculo de la circulación general reproduce correctamente los cambios observados del período, significa que en él se han tenido en cuenta de forma adecuada los vientos en altura, las mareas atmosféricas por el calentamiento solar y los transportes verticales. En caso contrario, habrá que revisar los parámetros.
8. Superrotación: las capas superiores circundan el planeta en aproximadamente cuatro días terrestres
En el nivel de las cimas de las nubes soplan vientos muy rápidos. Las masas de aire completan una vuelta alrededor del planeta en apenas unos días. El régimen lo sostienen dos factores: mareas atmosféricas provocadas por el calentamiento solar, que transportan momento angular por altura y latitud, y grandes ondas en la atmósfera que organizan corrientes en chorro.
El sistema es sensible a los detalles. Un cambio pequeño en la estabilidad de las capas o en el perfil de vientos puede reorganizar notablemente la velocidad y ancho de las corrientes en chorro. Por eso en distintas estaciones se observa una distribución diferente del brillo, se desplazan los límites de las bandas y cambia la altura de las cimas de las nubes.
La relación con el relieve es real, aunque la superficie esté oculta. Sobre grandes elevaciones se han observado arcos extensos — consecuencia de ondas internas en la atmósfera que se elevan desde abajo y alcanzan los niveles superiores. Es un ejemplo claro de cómo la forma del terreno influye en la circulación a través de un canal de ondas, incluso con una densa cubierta de nubes.
7. En las nubes altas existe un componente que absorbe la radiación ultravioleta
En imágenes de onda corta se aprecia un patrón de contraste: unas áreas del disco son más oscuras que otras. Lo crea una sustancia que absorbe la radiación ultravioleta. Su naturaleza exacta aún no está determinada. Entre las principales hipótesis están compuestos de azufre y productos de reacciones fotoquímicas que forman complejos intermedios.
La concentración del absorbente cambia con la latitud y con el tiempo. Por ello varía la reflectividad del borde superior de las nubes, lo que afecta al calentamiento de las capas altas y, como consecuencia, a la intensidad de las mareas atmosféricas y a la velocidad de las corrientes en chorro. No se puede ignorar este componente: sin él el balance energético queda distorsionado.
Las observaciones en ultravioleta ayudan a entender no solo la química, sino también la dinámica. Cuando la absorción es mayor, los niveles superiores reciben más energía y la superrotación se mantiene más fácilmente. El debilitamiento del efecto provoca la reacción inversa: las corrientes se reorganizan gradualmente.
6. El dióxido de azufre en la atmósfera superior varía considerablemente
Por encima del límite superior de las nubes, la cantidad de dióxido de azufre sube o baja por factores de varias veces en lapsos relativamente cortos. Hay dos enfoques para explicarlo. El primero apuesta por el aporte de gases desde abajo: corrientes ascendentes llevan compuestos sulfurosos que luego se convierten en aerosol de ácido sulfúrico y descienden a alturas menores. El segundo enfatiza el papel de la fotoquímica y del transporte sin necesidad de vincularlo a erupciones.
En la práctica actúan ambos mecanismos y su contribución varía. Para separar la dinámica de la química se necesitan series prolongadas de mediciones de perfiles por altura y latitud, así como evaluaciones paralelas de las propiedades del aerosol. Solo así se puede saber cuándo domina el aporte desde abajo y cuándo las transformaciones locales.
La variabilidad del dióxido de azufre influye en el panorama climático. Cuanto más aerosol de ácido sulfúrico se forma en las capas altas, más se dispersa la luz y más cambian el calentamiento y la estructura de los vientos. La química y la circulación están directamente vinculadas.
5. No tiene campo magnético propio, pero funciona una magnetosfera inducida
En el interior de Venus no existe un campo dipolar global como el de la Tierra. El entorno magnético se forma por la interacción del viento solar con la ionosfera. Se genera una onda de choque, una región de compresión y una cola larga en el lado nocturno. La configuración depende de la dirección del campo magnético interplanetario y cambia rápidamente durante las erupciones solares.
Cuando las condiciones externas se intensifican, los límites se desplazan, aumentan los flujos de partículas cargadas y los sistemas de corrientes se reorganizan. Por la ausencia de un 'armazón' rígido de líneas de fuerza propias, los iones ligeros se retienen menos y parte se pierde hacia la región de la cola. Para las naves espaciales esto implica un entorno de radiación variable, sensible a la fase del ciclo solar.
Desde el punto de vista científico, Venus es útil para comparar con la Tierra y Marte. Aquí se aprecia qué papel puede desempeñar solo una atmósfera conductora sin la participación de un núcleo de hierro, y cómo varía la pérdida de partículas según el campo externo.
4. Tesserae: relieve complejo y posibles rocas ricas en sílice
Se denomina tesserae a mesetas elevadas con crestas y bloques entrecruzados. En el lado nocturno, algunas áreas irradian calor menos que las planicies vecinas. Ese comportamiento concuerda con un mayor contenido de sílice, es decir, con una composición más "continental" de las rocas en comparación con las planicies basálticas.
En la Tierra las rocas ricas en sílice a menudo se forman con la participación de agua, por lo que la hipótesis de una composición similar en las tesserae hace que la historia temprana de Venus sea especialmente interesante. Sin embargo, existe otra explicación: la baja emisividad térmica puede deberse a una diferente granulometría y a una costra superficial de meteorización, y las deformaciones podrían ser resultado de tensiones prolongadas en la masa de basalto.
Lo aclararán espectrómetros con alta resolución espacial y cuidadosas estimaciones de edad mediante la estadística de cráteres de impacto. La combinación de datos permitirá saber dónde realmente existen análogos continentales y dónde opera un escenario puramente tectónico sin la participación del agua.
3. Ventanas infrarrojas nocturnas permiten ver la superficie a través de las nubes
La cubierta de nubes es prácticamente opaca en luz visible, pero en el lado nocturno hay ventanas estrechas del espectro alrededor de un micrómetro donde la radiación térmica del terreno sale al exterior. Por esos canales se elaboran mapas de brillo, se comparan regiones y se extraen conclusiones sobre la composición. En esencia, es una forma de mirar bajo las nubes sin aterrizar.
La emisión depende de cuánto cede calor la roca. Por la forma de la curva espectral se pueden juzgar las diferencias entre llanuras y elevaciones, el grado de meteorización y el posible contenido de hierro. El conjunto de indicadores ayuda a identificar las áreas que conviene investigar primero.
El método tiene limitaciones: la señal se atenúa por los aerosoles, de día queda totalmente enmascarada por la luz solar reflejada, y la resolución depende de la altura orbital y de la sensibilidad de los instrumentos. No obstante, esta técnica ya ha proporcionado las primeras estimaciones globales de las propiedades de la superficie bajo las nubes.
2. La composición isotópica del hidrógeno indica una gran pérdida de agua en el pasado
En la atmósfera de Venus la proporción de deuterio respecto al hidrógeno normal es notablemente mayor que en la Tierra. Las partículas ligeras se pierden al espacio más rápido, las pesadas permanecen más tiempo, y a lo largo de largas épocas el equilibrio se desplaza. Ese resultado concuerda con un escenario en que la superficie primitiva se calentó mucho, el vapor de agua fue descompuesto por la radiación solar y el hidrógeno abandonó el planeta.
Si la hipótesis sobre rocas ricas en sílice en las tesserae se confirma, será una indicación adicional de la participación del agua en la formación de la corteza antigua. Entonces la tarea clave será fechar las regiones principales y comparar su historia con modelos del clima de la Venus primitiva.
La conclusión es simple: hoy el planeta es seco y caliente, pero los datos isotópicos y, posiblemente, la mineralogía de algunas áreas sugieren condiciones más húmedas al inicio de su historia.
1. Misiones próximas: una sonda de descenso y dos cartógrafos orbitales
En los próximos años se esperan tres grandes proyectos. Una cápsula de descenso atravesará toda la columna atmosférica, medirá relaciones isotópicas, gases nobles y perfiles de parámetros con la altitud, y además transmitirá imágenes de las tesserae durante el descenso. Dos naves orbitales realizarán cartografiado radar global, medirán desplazamientos de la superficie desde la órbita y sondajes en infrarrojo.
Ese conjunto cubre las principales lagunas. La cápsula proporcionará patrones de referencia de composición, los radares mostrarán la estructura bajo las nubes con alta resolución, y las series de observaciones a largo plazo seguirán los cambios de la atmósfera y la dinámica en las distintas capas. En conjunto, esos datos responderán preguntas clave: qué tan activo es el volcanismo actual, cómo está estructurada la corteza y por qué cambia el período de rotación.
Para el lector esto significa una cosa: en la próxima década sabremos mucho más sobre Venus. Aparecerán mapas comparables en calidad con los mejores conjuntos de la Tierra y Marte, y muchas preguntas controvertidas pasarán del terreno de las conjeturas al ámbito de las mediciones.
El retrato de Venus se vuelve más nítido. Señales recientes de erupciones, oscilaciones del período, vientos extremadamente rápidos, variaciones del dióxido de azufre y el programa de nuevos vuelos se ensamblan en una imagen coherente.