En el mundo de las distribuciones Linux las sorpresas son algo habitual. Pero Neptune OS incluso suena, para quienes llevan tiempo en Linux, como algo del tipo "¿esto no será una broma?". Sin embargo es real: Neptune es un Debian reelaborado con su propia visión de cómo debe ser una distribución moderna para gente común que no quiere convertir la instalación de controladores en una aventura nocturna.
Distribución para quienes no quieren complicarse
Neptune OS se presenta como una solución lista basada en la versión estable de Debian, donde ya hay todo lo necesario para el día a día: el escritorio KDE Plasma, Chromium actualizado en lugar del eterno ESR de Firefox, el reproductor multimedia VLC y el cliente de correo Thunderbird. Además incluye soporte preinstalado para Flatpak, para instalar versiones recientes de programas. Lo único que no incluye son las aplicaciones flatpak por defecto. Probablemente para dejar al usuario al menos una pequeña ilusión de control.
- Debian estable en el interior, pero un escritorio moderno en el exterior.
- Más aplicaciones multimedia y de usuario incluidas de serie.
- Un sistema que no requiere arrastrar códecs, controladores y suplicar con sudo de forma manual.
Proceso de instalación: amigable con matices
La instalación de Neptune es sencilla e incluso acogedora: el sistema arranca en modo live y la instalación la gestiona el conocido Calamares. Pero no todo es perfecto. Las pruebas en VirtualBox mostraron curiosas decisiones de particionado: de un disco virtual de 20 GB el instalador asignó nada menos que 8 GB a swap, lo que hoy se ve al menos como generoso y en el peor caso como derrochador.
Es posible cambiar el particionado manualmente, pero solo a través de LVM: por algún motivo el instalador no ofrece otras opciones. Como resultado, el sistema queda constreñido en un reparto de 11,2 GB para la partición principal, de los cuales Neptune ocupa casi 10 GB. En comparación, un Debian 12.11 "puro" consume alrededor de 6,4 GB, y el swap allí es mucho más comedido — solo 1 GB.
- Partición swap del tamaño de la memoria RAM — un vestigio de la década pasada.
- Demasiado poco espacio libre para actualizaciones justo después de la instalación.
- La limpieza manual tras actualizar no es lo ideal para los novatos.
¿Por qué el sistema es tan pesado?
A simple vista Neptune parece una distribución KDE normal, pero el volumen de espacio usado dice lo contrario. ¿De dónde casi 10 GB? Sencillo: no solo están los programas básicos, sino herramientas especializadas para multimedia, ¡dos navegadores! (Chromium y Konqueror), dos terminales (Konsole y Yakuake), dos soluciones de copia de seguridad (Timeshift y Back in Time) y un montón de editores y reproductores adicionales.
- Ardour — estación de trabajo de audio digital profesional.
- Kdenlive — editor de vídeo adecuado para entusiastas de YouTube e incluso pequeñas productoras.
- LibreOffice Writer y ReText para Markdown — dos editores de texto desde el inicio.
- Un conjunto de reproductores, editores de imágenes y utilidades para todos los gustos.
Todo esto es útil… si realmente piensas montar pódcasts, doblar vídeos y diseñar logotipos. Para la mayoría de usuarios es un capricho agradable pero innecesario que ocupa la mitad del SSD.
Orígenes y logotipo: qué calla la letra "zeta"
Al entrar en el sitio de Neptune, llama la atención un logotipo inusual: la letra griega minúscula zeta. No es un gesto puramente estético: la distribución tiene raíces en ZevenOS, un antiguo remixe de Ubuntu popular que presentaba una interfaz al estilo BeOS. ZevenOS apareció por primera vez en 2008, casi justo después de que se extinguiera el proyecto yellowTab Zeta, que continuó la idea de BeOS.
Zeta (ese de yellowTab) intentó ser un heredero moderno de BeOS, y ZevenOS aportó nostalgia a los aficionados ya dentro del mundo Linux. Neptune comenzó como "ZetaOS Neptune Edition": una variante más orientada al público basada en Debian y con KDE en lugar del Xfce personalizado.
- La simbología y la concepción vienen en herencia de la época de BeOS.
- El enfoque en multimedia y soporte de códecs también es un saludo desde el mundo BeOS.
- La extraña duplicación de componentes y la atención a los detalles visuales son la mochila histórica que arrastra Neptune desde hace 17 años.
Escritorios, más de los necesarios
Al iniciar se recibe no solo KDE Plasma 5.27.5 (no es exactamente lo más reciente; la serie 5.27 llegó hasta la 5.27.12), sino la posibilidad de elegir sesiones alternativas: X11 o Plasma, y también una opción menos evidente — Enlightenment E16. Incluso hay opciones que no funcionan, como "E16 GNOME 2" y "E16 KDE" — probablemente incluidas por colección.
El soporte de entornos alternativos es algo positivo si te gustan los experimentos. Pero para una distribución que se anuncia como una solución sencilla "para todos", eso tiende a añadir confusión.
¿En qué se diferencia Neptune de un Debian puro?
Para ser justos —y para entender por qué se consumen gigabytes— comparamos Neptune con un Debian 12.11 estándar. La diferencia salta a la vista:
- En Debian tendrás que lidiar desde el principio con la contraseña de root, sudo, instalar DKMS para VirtualBox e incluso añadir códecs manualmente.
- Neptune viene con los controladores necesarios, soporte para Flatpak y utilidades multimedia preinstaladas.
- Funciona desde el primer arranque, en vez de ser un "kit para montar uno mismo".
Pero esa comodidad se paga con un mayor tamaño del sistema, duplicidad de aplicaciones y, a veces, exotismos innecesarios en el escritorio.
¿Para quién es todo esto — y vale la pena probarlo?
Neptune OS claramente no aspira a ser un Debian oficial ni una distribución ultraligera para un portátil anticuado. Es más un intento de hacer Debian accesible "para todos", especialmente para quienes solo quieren trabajar con archivos, vídeo y música sin pelear continuamente con códecs y paquetes.
Es especialmente interesante considerarlo como alternativa a Windows 10, que pronto dejará de recibir soporte masivo. Si quieres seguir en Debian pero sin sufrimiento, aquí tienes una opción lista. Aunque habrá que aceptar una huella considerable en el sistema y algunas rarezas en la ensambladura.
- Si te gusta trastear y montar todo a mano — probablemente no es para ti.
- Si buscas “lo enciendo y funciona” — es una opción válida.
- A los amantes del multimedia que no quieren configurar nada también les agradará.
Qué convendría mejorar
Neptune merece una pequeña "limpieza general". Sería deseable ver KDE Plasma en su versión más reciente, separar los programas especializados en paquetes opcionales y moderar el tamaño del swap. También vendría bien eliminar sesiones de escritorio no funcionales o obsoletas.
Pero pese a todos los asperezas, Neptune tiene personalidad, historia y un argumento a favor de la simplicidad: con él hay menos lío que con un Debian puro. Y eso, siendo sinceros, ya es mucho.
Conclusión: ¿para quién se ha creado Neptune?
Neptune OS es una distribución con carácter. No está pensada para ascetas del minimalismo ni para fanáticos de la personalización extrema, sino para quienes valoran la comodidad y están dispuestos a sacrificar parte del SSD a cambio de tranquilidad. Si buscas un Debian "vivo" con soporte de códecs y ajustes mínimos, prueba Neptune. Si prefieres orden perfecto, paquetes ultramodernos y minimalismo, quizá debas buscar otra cosa.
Una cosa es segura: en una época en que las distribuciones Linux compiten por la comodidad, un poco de historia, algo del estilo BeOS y un poco de peso extra pueden convertir a una distribución en algo verdaderamente singular.