La revolución de las fresas de Dyson: así es el invernadero más inteligente del Reino Unido

La revolución de las fresas de Dyson: así es el invernadero más inteligente del Reino Unido

¿Alguna vez te has preguntado cómo podría ser el futuro de la agricultura? Yo no demasiado, para ser sincero, hasta que me topé con la noticia de que Dyson (sí, esos mismos de los secadores y las aspiradoras) se puso a cultivar fresas, y no en cualquier sitio, sino en un invernadero del futuro en Lincolnshire, Reino Unido. Diré la verdad: al principio fui escéptico, pero cuanto más leía, más me interesaba. ¡Es realmente audaz! Intentaré contar qué ocurre allí sin aburrir con tecnicismos. Vamos.

¿Cómo llegó Dyson a esto?

Si piensas que Dyson solo hace aparatos para el hogar, como yo antes, subestimas mucho sus ambiciones. James Dyson, una persona conocida por su pasión por la ingeniería, decidió que Gran Bretaña no solo debía fabricar aspiradoras, sino también cultivar su propia comida sin depender de importaciones desde Europa o Marruecos. Así, en esencia, comenzó esta epopeya de las fresas, que en los foros agrícolas locales ya llaman "revolución bajo vidrio".

Pocos saben que Dyson se dedica a la agricultura desde 2013. Han invertido sumas importantes para hacer la agroindustria más inteligente, sostenible y un poco menos monótona. No es solo marketing: es un experimento de ingeniería donde cada detalle está pensado al extremo.

Tiovivos giratorios de fresas: no es broma

Probablemente lo más sorprendente de esta historia es la estructura del invernadero. Imagínate 26 acres (aprox. 10,5 hectáreas) de vidrio y acero. En el interior hay hileras y más hileras de fresas, pero no en surcos: están… en enormes ruedas giratorias. Es como la noria en la ribera sur de Londres, pero en lugar de cabinas hay contenedores con plantas.

¿Para qué tanta mecánica? Según explican los ingenieros de Dyson, la rotación permite que cada planta reciba por turnos la cantidad óptima de luz y aire. De día las fresas se calientan con el sol y, cuando hay nubes o es de noche, entran en acción lámparas LED especiales. Y, si lo piensas, es una solución ingeniosa: las plantas obtienen un microclima "personal" y la productividad aumenta considerablemente. Además, toda la estructura tiene un aspecto casi espacial; si alguien me hubiera mostrado esto hace diez años, habría pensado que era un arte conceptual para una película de ciencia ficción.

Algunos datos secos (no podemos prescindir de ellos)

  • El invernadero alberga más de 1 225 000 (!) plantas de fresa.
  • La cosecha anual es de aproximadamente 1250 toneladas de fruto. Imagina camiones llenos de fresas que prácticamente crecen todo el año.
  • Todos los parámetros principales —temperatura, humedad, nivel de CO₂, incluso la intensidad de la luz— se ajustan automáticamente mediante un sistema inteligente. Las fresas aquí, por cierto, crecen sin estrés, lo que debería influir en su sabor.
  • Toda el agua de riego procede de la lluvia: se recoge, se filtra y vuelve a las plantas. Además, han diseñado el drenaje para que las bayas no se "ahoguen".

Robots, sensores y nada de químicos

Entregar la cosecha solo a manos humanas sería quedarse en lo tradicional. Dyson emplea robots: circulan entre las hileras, escanean las plantas, localizan las bayas maduras y las separan con delicadeza para no dañar las ramas. A veces pienso que la próxima vez esos robots también harán la mermelada...

¿Y el control de plagas? Todo es ecoamigable: nada de químicos. Tienen pequeños robots "semilleros" que dispersan insectos beneficiosos por el invernadero, como mariquitas. Además, con fines preventivos, las bayas se irradian con luz ultravioleta. Parece que siempre hay una nueva idea por probar.

¿Energía a partir de... residuos? Sí, no lo has leído mal

Otra característica distintiva es que el invernadero dispone de su propia planta de biogás. Básicamente, junto al recinto hay una gran instalación que funciona mediante digestión anaeróbica y convierte residuos vegetales y domésticos en energía para alimentar el propio invernadero. Así, no solo crecen fresas, sino que también se genera electricidad y calefacción para el invierno: un ciclo bastante cerrado.

Además, los subproductos de la planta se usan para fabricar abonos naturales que vuelven al cultivo. El CO₂ liberado en el proceso se reinyecta en el invernadero para acelerar el crecimiento de las fresas. Es un ciclo cerrado parecido al de la naturaleza, pero con robots y sensores.

¿Para qué montar todo esto?

Si piensas que todo se hizo por el hype, la realidad es más compleja. Para el Reino Unido cultivar fresas todo el año no es un lujo sino casi una necesidad: el país suele importar gran parte de su producción y el clima no ofrece una larga temporada agrícola. Dyson apuesta a que los invernaderos inteligentes reducirán la dependencia de suministros desde España o Marruecos, disminuirán los costes de transporte y, además, ofrecerán frutas más frescas. Y, por supuesto, hay un componente ecológico: cuanto más cerca esté la comida del consumidor, menos camiones en carretera y menos emisiones.

Dudas y dificultades (cómo no)

Suena espectacular, ¿verdad? Pero hay un matiz: proyectos como este cuestan fortunas. Sí, los robots ahorran mano de obra, pero ellos mismos tienen un precio equivalente al de un buen automóvil deportivo y requieren mantenimiento continuo. Además, en regiones con mucho sol y tierra disponible, invernaderos tan tecnificados pueden no ser económicamente justificables por ahora.

Y la pregunta principal: ¿y el sabor? Me gustaría probar esas fresas por simple curiosidad. Dicen que las frutas salen más dulces y firmes que las "convencionales", pero eso hay que comprobarlo personalmente. Si te encuentras en un supermercado británico, busca la etiqueta Dyson Farming; cuentan que a veces aparecen incluso en invierno.

¿Se puede replicar en otros países?

Dyson no se conforma. La empresa planea experimentar con otros cultivos: lechuga, tomates y quizá incluso patatas. Imagina mini granjas en el centro de la ciudad: las fresas se cosechan por la mañana y al mediodía ya están en la estantería. Para ciudades con mala calidad ambiental y temporadas agrícolas cortas, sería una solución muy interesante.

Conclusiones y opinión personal

En vez de un cierre rígido, unas reflexiones en voz alta. Lo que me llamó la atención no fue tanto la cantidad de robots o las estructuras futuristas, sino la filosofía del proyecto. No es solo una "granja inteligente": es un intento de rehacer la agroindustria desde cero, hacerla lo más autónoma, ecológica y —tal vez algún día— accesible posible.

¿Se convertirán las fresas de Dyson en la nueva "mina de oro" de los supermercados británicos? El tiempo lo dirá. Pero que estas iniciativas funcionan en la práctica ya es un dato notable. A veces, para mejorar el mundo, basta con empezar a cultivar frutas. No importa la edad ni cuánto costó tu primer electrodoméstico.

En resumen, si ves en algún lugar fresas con la etiqueta Dyson, no las ignores: quizá sean el sabor del futuro.

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