Cada vez que pienso en los sueños, me invade una sensación extraña. Cerramos los ojos — y ¡zas! — nos encontramos en un mundo donde se puede atravesar paredes y rendir un examen de matemáticas avanzadas a la propia abuela. ¿Tiene lógica? No. ¿Es apasionante? Definitivamente sí.
¿Saben qué me sorprende más? Dormimos alrededor de ocho horas al día. ¡Es un tercio de la vida! Y la mayor parte de ese tiempo nuestro cerebro nos entretiene con una sala de cine personal, con argumentos que ni siquiera le hubieran pasado por la cabeza a David Lynch. Y lo más asombroso es que todavía no entendemos bien para qué lo hace.
En los últimos treinta años la neurobiología ha cambiado radicalmente nuestra idea del sueño. Resulta que los sueños no son una casualidad o un "fallo" de un cerebro cansado. Son un trabajo serio que la naturaleza ha perfeccionado durante millones de años de evolución. Y si la evolución no eliminó esa función, es porque tiene sentido.
Vamos a tratar de entender qué ocurre en nuestra cabeza cuando dormimos. Aviso desde ya: algunos datos les sorprenderán.
Qué ocurre en la cabeza de la persona que duerme
Durante mucho tiempo se pensó que, al dormir, el cerebro simplemente se apagaba y descansaba, como un ordenador en modo de reposo. Qué sorpresa se llevaron los científicos en los años cincuenta cuando por primera vez conectaron sensores a la cabeza de un voluntario mientras dormía.
Imaginen sus caras cuando el electroencefalograma mostró que el cerebro de la persona dormida funcionaba casi con la misma actividad que en vigilia. ¡Y a veces incluso más! Fue un auténtico impacto para la comunidad científica.
Hoy sabemos: durante los sueños vívidos se desata una auténtica tormenta de actividad en el cerebro. Se activan las mismas áreas que responden a las emociones, al movimiento y a la percepción. Por eso el sueño nos parece tan real: para el cerebro, es real.
Es especialmente interesante observar la corteza visual. De día procesa lo que vemos con los ojos. ¿Y de noche? Ella misma crea imágenes "desde dentro", sin información externa. En esencia, el cerebro se convierte en director, cámara y público al mismo tiempo. Y hay que admitir que lo hace bien: algunos argumentos oníricos le podrían competir a cualquier superproducción de Hollywood.
Sueño REM: cuando nacen los sueños más vívidos
Conviene hacer un pequeño paréntesis. El sueño es algo complejo, con varias capas. Se compone de varias fases, y la más enigmática es la fase REM, que significa movimientos oculares rápidos. Es en esos momentos cuando aparecen los sueños más vívidos, extraños y memorables.
¿Qué nos sucede durante la fase REM? El panorama, para ser francos, impresiona:
- Los ojos se mueven rápidamente bajo los párpados cerrados — de ahí el nombre. Los científicos creen que literalmente "miramos" el sueño;
- El cuerpo queda temporalmente paralizado — la naturaleza evita que agitemos los brazos persiguiendo a un monstruo;
- El corazón late más rápido, la respiración se acelera — como ocurre en emociones reales;
- La temperatura corporal sube ligeramente — el cerebro trabaja a toda máquina.
Durante la noche pasamos por cuatro a seis ciclos de este tipo. Cada uno dura entre cinco minutos y media hora. ¿Han notado que los sueños de la mañana se recuerdan mejor? Es porque hacia el amanecer los periodos REM se hacen más largos e intensos.
Y sí, la fase REM no es exclusiva de los humanos. Se observa en la mayoría de los mamíferos e incluso en algunas aves. Así que cuando su perro sacude las patas en sueños, probablemente esté realmente corriendo tras algo en sus propios sueños caninos. Las investigaciones muestran que la actividad cerebral de los animales durante REM es sorprendentemente parecida a la humana.
Principales teorías sobre por qué soñamos
La pregunta de un millón de dólares: ¿para qué sirve todo esto? Los científicos se han devanado los sesos durante décadas y han propuesto muchas teorías. Cada una suena lógica. Tal vez la verdad esté en un punto intermedio: los sueños cumplen varias funciones a la vez.
Teoría del procesamiento de información
Imaginen: durante el día su cerebro recibe una cantidad enorme de información. Sonidos, imágenes, olores, emociones, pensamientos — todo eso necesita ser ordenado. ¿Qué hacer con ese caos informativo?
Una de las teorías más populares sostiene que durante el sueño el cerebro clasifica las impresiones del día. Lo importante se envía a la memoria a largo plazo; lo innecesario, a la papelera. Es una gran limpieza, pero en la cabeza.
Esto explica por qué en los sueños suelen aparecer sucesos del día anterior, aunque de forma muy disparatada. El cerebro "digiere" la información nueva intentando vincularla con lo que ya sabe. Investigaciones actuales confirman que durante el sueño ocurre una activa reorganización de las conexiones entre neuronas.
Teoría de la regulación emocional
¿Han notado esto? Por la noche un problema puede parecer catastrófico, y por la mañana — bastante resoluble. "Mañana será otro día" no es solo un dicho, es un hecho con base científica.
Los sueños ayudan a procesar experiencias emocionales, especialmente las estresantes o traumáticas. Durante la fase REM se activa el sistema límbico — nuestro centro emocional —, pero se suprime la producción de noradrenalina, la hormona del estrés. Surge así un entorno "seguro" para trabajar las emociones.
Tal vez por eso después de una pesadilla a menudo sentimos alivio. El cerebro ensaya una situación difícil en un entorno controlado, como en un simulador.
Teoría de la resolución creativa de problemas
¿Han oído la historia sobre Dmitri Mendeléyev? Dicen que vio su tabla periódica en un sueño cuando no lograba ordenar los elementos. O la de Kekulé, a quien se le apareció la estructura del anillo bencénico en forma de serpiente que se mordía la cola.
Claro, esas historias pueden ser leyendas bonitas. Pero lo cierto es que los sueños sí pueden ser fuente de intuiciones creativas.
Durante el sueño el cerebro opera en modo de "vuelo libre". Las restricciones lógicas se relajan y surgen asociaciones inesperadas entre ideas. Por eso muchos escritores, artistas y científicos mantienen un cuaderno junto a la cama: nunca se sabe qué aparecerá en un sueño.
Teoría de la "limpieza" cerebral
Esta teoría es relativamente nueva, pero suena muy convincente. Resulta que durante el sueño el cerebro literalmente se limpia.
Estudios muestran que durante el sueño se activa el llamado sistema glinfático — una especie de "alcantarillado" del cerebro. Lava los productos de desecho metabólico, incluidos proteínas vinculadas a la enfermedad de Alzheimer.
Así que el sueño no es solo una limpieza psicológica, sino también una limpieza física. Quizá por eso la falta de sueño es tan perjudicial para el pensamiento y se asocia con diversas enfermedades cerebrales.
Calidoscopio de sueños: qué tipos de sueños existen
El mundo onírico sorprende por su variedad. Hay tramas cotidianas tranquilas, auténticas películas de aventuras y filmes de terror. Los psicólogos han intentado clasificar esa riqueza.
Sueños habituales
Son nuestras "series" diarias: sueños que tenemos casi cada noche. Allí se mezcla la realidad cotidiana de forma extraña: un compañero de trabajo de repente es profesor en tu escuela, o en casa aparece una habitación que nunca existió.
Por cierto, ¿por qué en los sueños se suele romper la lógica del espacio y del tiempo? Porque el cerebro durante el sueño controla mal la secuencia de eventos, pero maneja muy bien emociones e imágenes.
Pesadillas
Aproximadamente el 85% de los adultos sufre pesadillas de vez en cuando. En los niños son más frecuentes —lógico, ya que su psique procesa muchas impresiones nuevas y a veces alarmantes.
Curiosamente, el contenido de las pesadillas es similar en culturas distintas: caídas, persecuciones, pérdida de seres queridos, llegar tarde a un evento importante. Y aún hay gente que sueña con exámenes años después de haber terminado los estudios. Eso sugiere que las pesadillas reflejan temores humanos universales.
Sueños recurrentes
Algunas personas ven el mismo sueño durante años o incluso décadas, o sueños con tramas muy parecidas. Los psicólogos interpretan esto como una señal de un problema no resuelto: el cerebro intenta procesarlo una y otra vez.
Conozco a alguien a quien desde hace veinte años le sueña que llega tarde al tren. Los detalles cambian, pero la esencia es la misma. Quizá eso refleja su temor permanente a llegar tarde en la vida real.
Sueños lúcidos
Esto ya es otra historia fascinante. Los sueños lúcidos son aquellos en los que sabes que estás durmiendo y puedes controlar en parte lo que sucede. ¿Se lo imaginan? Volar, encontrarse con quien sea, viajar a cualquier época.
La capacidad para tener esos sueños se puede entrenar. Existen técnicas y hasta dispositivos para estimularlos. Los monjes tibetanos practican los sueños lúcidos desde hace siglos como parte de sus prácticas espirituales.
No es fácil para todos, pero quienes dominan la técnica descubren posibilidades sorprendentes.
Qué influye en nuestros sueños
Los sueños no surgen de la nada. En lo que soñamos y en cuán vívidos son influyen muchos factores. Algunos son bastante inesperados.
Comida y hora de la cena
¿Comieron mucho antes de dormir? Prepárense para sueños intensos y a menudo extraños. La digestión eleva la temperatura corporal y acelera el metabolismo, haciendo que el sueño sea más superficial.
Los platos picantes, el queso y el chocolate se consideran especialmente propensos a provocar sueños. Y el alcohol, contrariamente a la creencia popular, empeora los sueños: al principio suprime la fase REM y después viene un "rebote" — los sueños se vuelven intensos y a menudo desagradables.
Estrés y estado de ánimo
¿Están pasando por un periodo difícil? Prepárense: el cerebro seguirá "digeriendo" los problemas durante el sueño. El estrés y la ansiedad son las principales fuentes de pesadillas.
Por otro lado, el buen humor y una actitud positiva favorecen sueños agradables. Así que la vieja recomendación de "acostarse con buenos pensamientos" tiene una base científica.
Medicamentos y suplementos
Muchos fármacos influyen considerablemente en los sueños. Los antidepresivos a menudo suprimen la fase REM; los bloqueadores beta pueden provocar sueños muy vívidos; la vitamina B6 aumenta el recuerdo de los sueños.
La melatonina —un suplemento popular para mejorar el sueño— también hace que los sueños sean más coloridos y memorables. Si empiezan a tomar algo nuevo y notan cambios en los sueños, es normal.
Posición al dormir
Incluso la postura influye en el contenido de los sueños. Dormir boca abajo suele inducir sueños de carácter... digamos, íntimo. Dormir boca arriba aumenta la probabilidad de pesadillas y de parálisis del sueño. Dormir de lado se considera óptimo para sueños tranquilos.
Hablando de parálisis del sueño: es cuando te despiertas pero no puedes moverte. Da miedo, pero es completamente seguro —es solo un "fallo" en el sistema de despertar.
¿Es posible controlar los sueños?
Pregunta que preocupa a muchos: ¿se puede controlar lo que soñamos? Controlar plenamente los sueños aún no está al alcance ni de los investigadores más avanzados. Pero influir en su orientación general sí es posible.
Técnicas de sueños lúcidos
La manera más eficaz es aprender a tener sueños lúcidos. Las prácticas principales:
- Lleven un diario de sueños — anoten todo lo que recuerden justo al despertarse. Esto mejora la memoria onírica y ayuda a detectar elementos recurrentes;
- Hagan comprobaciones de realidad — varias veces al día pregúntense: "¿Estoy soñando?", miren la hora o sus manos;
- Técnica MILD — al quedarse dormidos repitan: "La próxima vez que sueñe, sabré que estoy soñando";
- Sueño interrumpido — despiértese una hora antes, piense en los sueños y después vuelva a dormir.
Suena sencillo, pero en la práctica requiere paciencia y ensayo.
Tecnologías de apoyo
Los dispositivos modernos ofrecen soluciones interesantes. Hay máscaras que detectan las fases del sueño y emiten señales durante el periodo REM para ayudar a lograr la lucidez.
Aplicaciones móviles analizan movimientos y sonidos para determinar el mejor momento para despertar. Si te despiertas en una fase ligera, recordarás mucho mejor los sueños.
Programar los sueños
Planear con exactitud el argumento de un sueño, claro, no es posible. Pero sí se puede influir en el tono general. La meditación antes de dormir, pensamientos agradables o un buen libro preparan al cerebro para una noche positiva.
Existe una técnica para "pedir" un sueño: al quedarse dormidos formulen con claridad qué les gustaría soñar o qué problema quieren resolver. A veces funciona —el cerebro incorpora la intención en el programa nocturno.
Misterios que aún quedan por resolver
A pesar de los avances, los sueños siguen llenos de enigmas. ¿Por qué algunas personas recuerdan cada sueño en detalle y otras juran que no sueñan en absoluto? ¿Por qué aceptamos con calma situaciones absurdas en los sueños? ¿Se puede aprender a comunicarse a través de los sueños?
Una de las preguntas más intrigantes es cuánto influyen los sueños en la formación de nuestra personalidad. Tal vez esas aventuras nocturnas determinan en gran medida quiénes somos.
El desarrollo de neurotecnologías abre perspectivas fascinantes. Hoy los científicos ya pueden en parte "leer" el contenido de los sueños a partir de la actividad cerebral. En el futuro quizá aprendan a grabarlos y reproducirlos. Imaginen: por la mañana podríamos revisar nuestro sueño como una película de ayer.
Los sueños siguen siendo uno de los últimos grandes misterios de la conciencia humana. Cada noche emprendemos un viaje sorprendente a las profundidades de nuestra alma, nos reencontramos con recuerdos olvidados, deseos y temores secretos. Los sueños son una ventana al subconsciente, un laboratorio creativo y, quién sabe, quizás la clave para entender lo que nos hace humanos.
Así que valoren sus sueños: pueden decir más de ustedes de lo que creen. Y recuerden: un sueño completo con sus fases y ensueños no es un lujo, es una necesidad. Cada noche su cerebro realiza un trabajo colosal de "mantenimiento" de la conciencia. Dénenle esa oportunidad —y les recompensará con claridad de pensamiento, creatividad y, quizá, sueños sorprendentes que permanecerán con ustedes toda la vida.