Hoy cualquier servicio interno, aplicación móvil o microservicio se comunica a través de interfaces de programación. Desde fuera parece un intercambio inocuo de JSON, pero por dentro hay una compleja maquinaria de autorización, serialización, cacheo y enrutamiento. Si un ingeniero DevOps deja una “puerta trasera” en la configuración, la API puede pasar de ser un conveniente bus de datos a una tubería corroída por el óxido, por la que se filtra información confidencial.
A continuación —un análisis profundo sobre cómo errores típicos en la configuración de interfaces REST abren las puertas a atacantes y por qué 2025 batió todos los récords en incidentes relacionados con APIs.
Por qué la API REST sigue siendo el talón de Aquiles del panorama corporativo
El mundo avanza hacia un enfoque “API-first”: la lógica de negocio se divide en decenas de microservicios, accesibles por clientes externos e internos. Esa arquitectura mejora la escalabilidad, pero multiplica los puntos de fallo. En una encuesta de CybelAngel, publicada en agosto de 2025, el 99 % de las organizaciones admitió haber sufrido al menos un incidente grave de seguridad de API en los últimos 12 meses, y un tercio de las violaciones correspondió a Broken Object Level Authorization (BOLA).
Las vulnerabilidades en las API son peligrosas por dos razones. Primero, las interfaces suelen ser públicas: “apretar las tuercas” después del lanzamiento puede ser tarde, porque los clientes ya esperan un contrato estable. Segundo, las solicitudes máquina a máquina se generan a cientos de miles por segundo, de modo que incluso anomalías sutiles se pierden en los registros si no hay telemetría adecuada.
Análisis de errores clave de configuración
1. Broken Object Level Authorization (BOLA)
Escenario: el front-end transmite el ID del recurso del lado del cliente /users/1234/profile, y el backend confía en devolver el objeto sin verificar si pertenece al usuario autenticado. Basta cambiar 1234 por 1235 y los datos personales de alguien pueden acabar en manos ajenas.
El incidente de Intel “Outside” (febrero de 2025) es ilustrativo: un investigador modificó JavaScript, obtuvo el token de un empleado “legítimo” y descargó un archivo JSON de 1 GB con datos de 270 000 colegas. El problema fue precisamente la falta de control de acceso profundo sobre cada objeto.
2. CORS excesivamente permisivo
La cabecera Access-Control-Allow-Origin: * facilita la vida del front-end, pero permite que scripts desde cualquier dominio recopilen tokens ajenos. Un error común es dejar el comodín en producción, olvidando restringir las reglas a dominios concretos.
3. Serialización incorrecta y registro excesivo
A los desarrolladores les gusta registrar el “volcado completo de un objeto”. Al llegar al log, un campo JSON oculto como passwordHash puede terminar en un bucket S3 sin cifrar. Los parsers automáticos configurados para buscar palabras clave encuentran esos archivos en minutos.
4. Ausencia de limitación de velocidad (Rate Limiting)
Sin un estricto control de velocidad, un atacante puede en pocas horas probar millones de variantes de tokens hasta encontrar uno válido. Además, un DDoS vía API suele ser más barato que una tormenta de red “clásica”.
5. Endpoints de “prueba” ocultos
En entornos de desarrollo es práctico tener /debug o /v1/internal/dump que devuelven todo el contexto de la solicitud. Cuando esas rutas permanecen en producción, los atacantes obtienen un mapa del sistema con variables de entorno sensibles y configuraciones.
Matices de la autenticación
JSON Web Token (JWT) mal gestionado puede convertirse en un caballo de Troya. La especificación permite “firmar” un token con el algoritmo none; si la librería no valida el campo alg, el atacante puede enviar un token sin firma y el servidor lo considerará legítimo. No es menos peligroso el over-scope: cuando un token concede acceso a varios microservicios a la vez.
Consecuencias reales de interfaces REST mal configuradas
• Avis Car Rental (2024) — quejas de clientes por notificaciones de multas por viajes que no realizaron. La causa fue una API pública donde el número de licencia de conducir se transmitía como parámetro de URL. El fuerza bruta permitió extraer datos de 38 000 clientes.
• Prudential Insurance (2024) — violación de la privacidad de 36 000 asegurados por falta de filtrado de entrada; una consulta con un ID largo hacía que la API devolviera una lista agregada en lugar de un registro individual.
• Caso en fintech (2025): una startup emitía tarjetas para criptomonedas. La comprobación de saldo mediante /balance?card= funcionaba sin autorización, confiando en la complejidad del UUID. Un laboratorio de seguridad demostró que en un día se pudieron descubrir 23 identificadores activos y extraer 11 MB de datos transaccionales.
Antipatrones de desarrollo que suelen provocar brechas
- Lógica temporal de bypass de autorización — ramas de código para QA que permanecen en el build de release.
- Copypaste de controladores — duplicación de métodos “tal cual” sin verificar diferencias de roles.
- Herencia de DTO — el front-end recibe campos de más por la serialización automática.
- API-Gateway monolítico — un componente guarda las llaves de todos los subsistemas y, sin embargo, se audita con menos frecuencia que los microservicios.
Herramientas de detección y pruebas
• OWASP ZAP — escáner proxy con el complemento API Vulnerability Scanner, entiende Swagger/OpenAPI.
• Burp Suite Professional — el módulo Repeater ayuda a experimentar con parámetros y cabeceras.
• gRPC-Mock y Pynt Cloud — permiten levantar simulaciones de microservicios para verificar que el contrato no revela información de más.
• Snyk API-Testing — busca BOLA, autenticación rota y errores de CORS en CI/CD.
Pasos para construir una estrategia de protección fiable
Consejo: “apaga todo lo que sobra” no funciona si no sabes qué sobra. Por eso el primer paso es el inventario. Un mapa de API bien hecho incluye estado (prod/dev), lista de consumidores, campos sensibles e historial de revisiones. Después —una defensa en cuatro niveles:
- Identificación del usuario — tokens de corta vida, mTLS, PKCE para clientes móviles.
- Autorización a nivel de objeto — verificación de permisos sobre cada registro, no solo sobre el endpoint.
- Observabilidad — logs estructurados más trazabilidad con
trace-iddesde el front-end hasta la base de datos para detectar anomalías. - Protección contra abusos — limitación estricta de velocidad, captcha para IP sospechosas y algoritmos de análisis del comportamiento que distinguen una aplicación legítima de un script.
DevSecOps y desplazar las verificaciones hacia etapas tempranas en el contexto de las API
El enfoque de desplazar las verificaciones hacia etapas tempranas requiere revisar la especificación ya en la solicitud de extracción: herramientas linter para OpenAPI buscan esquemas de autorización inseguros y errores de tipo. Herramientas como Checkov añaden políticas para “prohibir CORS *” en módulos de Terraform. Tras el despliegue es útil un agente eBPF que intercepte llamadas al sistema y detecte bypass de autenticación dentro del clúster.
Economía de una fuga: cuánto cuesta un interruptor olvidado
Un estudio de Check Point sobre los siete principales riesgos de API en 2025 mostró que el coste medio por incidente superó los 3,1 millones de USD, y notificar a los reguladores en regiones con GDPR le costó a las empresas 400 000 USD en multas.
Las pérdidas directas son solo la punta del iceberg. La reputación, la pérdida de integraciones con socios y el encarecimiento del seguro cibernético suelen afectar al negocio más que el pago puntual.
Conclusión
La seguridad de las API no es una “casilla” en una lista de verificación, sino un proceso continuo que abarca diseño, desarrollo, despliegue y operación. Un error de configuración que parece menor en el momento del lanzamiento puede, al cabo de un año, convertirse en una fuga masiva y en gastos multimillonarios.
Para que una interfaz REST no se convierta en una presa a punto de resquebrajarse, es necesario fomentar una cultura DevSecOps, automatizar las pruebas, limitar estrictamente los permisos y revisar constantemente las suposiciones propias. Así la API seguirá siendo un canal fiable de intercambio de datos y no una invitación para atacantes curiosos.