Se acerca la nueva temporada de «One-Punch Man»: ¿qué explica el fenómeno del héroe calvo que conquistó el género?

Se acerca la nueva temporada de «One-Punch Man»: ¿qué explica el fenómeno del héroe calvo que conquistó el género?

Desde la salida de la primera temporada de One-Punch Man ha pasado casi una década, y durante todo ese tiempo el nombre de Saitama ha seguido siendo símbolo de una parodia extraña, casi filosófica, de todo el género de superhéroes. En otoño de 2025, por fin arrancó la esperada tercera temporada, y en las redes volvieron las discusiones: ¿por qué la gente se encariñó tanto con ese calvo del traje amarillo? ¿Por qué, a pesar de una década de memes, parodias e imitaciones, la popularidad del anime no baja? ¿Y cómo es que detrás de una idea tan sencilla se esconde una de las historias más profundas de la animación japonesa contemporánea?

De webcómic a fama mundial

One-Punch Man no empezó como un gran proyecto mediático sino como una modesta webmanga publicada en el sitio personal del autor bajo el seudónimo ONE. Dibujo tosco, viñetas absurdas, una trama sin grandilocuencia: miles de lectores percibieron en eso un aliento vivo de un género cansado de sus propios clichés. Más tarde el dibujante Yusuke Murata, conocido por Eyeshield 21, reimaginó la historia con un detalle profesional y el proyecto despegó. El manga se convirtió en un éxito instantáneo y el estudio Madhouse lo adaptó al anime, marcando un nuevo estándar de dinámica visual para las series de acción.

La primera temporada de 2015 sorprendió a la audiencia con la combinación de combates ultrarrápidos y humor absurdo. Aquí el héroe no luchaba por reconocimiento, no sufría por el deber ni soñaba con salvar al mundo: hacía actos heroicos por aburrimiento y buscaba un rival digno para sentir algo de emoción. Esa simplicidad resultó brillante. En un mundo donde cada superhéroe grita consignas y salva a la humanidad por gloria, Saitama carece de pompa pero está lleno de profundidad. Es un antihéroe que está hastiado del poder, como quien está cansado de un trabajo monótono.

El problema del poder y la filosofía del aburrimiento

La trama de One-Punch Man parece elemental: el protagonista es tan poderoso que vence a cualquier enemigo con un solo golpe. Pero esa idea funciona como metáfora. Saitama simboliza el vacío interior que llega con el logro de la perfección absoluta. Cuando lo has conseguido todo, ¿para qué levantarse por las mañanas? Ahí reside una fina filosofía de la serie: el poder sin propósito priva de sentido. A diferencia de héroes como los de Naruto o My Hero Academia, Saitama no aspira a la cima: ya está en ella y por eso es profundamente infeliz.

Aun así, One-Punch Man no deriva en depresión. Es irónico. Su protagonista compra verduras en oferta, vive en un barrio modesto y discute con un robot aprendiz sobre cosas domésticas. Esa cotidianeidad acerca al superhumano y lo hace más comprensible que cualquier salvador cargado de pompa. Saitama encarna lo que seríamos si tuviéramos poder ilimitado pero ningún desafío digno. Y quizá por eso es tan popular: no es perfecto, es gracioso y extraordinariamente humano.

Sátira al género y a la sociedad

El fenómeno de One-Punch Man no es solo una parodia de los superhéroes: es un espejo que refleja el absurdo de la cultura moderna del poder. Héroes de la Asociación de Héroes, como Tatsumaki, King o Tiger Tank, exhiben grotescamente cómo la sociedad valora a la persona mediante rankings, títulos y likes. Incluso los monstruos no son meros villanos, sino símbolos de debilidades humanas: avaricia, vanidad, envidia. En ese contexto Saitama no aparece como un dios sino como una persona normal que ve el mundo sin ilusiones.

La capa satírica se refuerza con la puesta en escena visual: contrastes fuertes entre escenas hiperrealistas de combate y planos deliberadamente sencillos, casi cómicos, con el rostro inexpresivo del héroe. Ese lenguaje visual se volvió la tarjeta de presentación de la serie, subrayando que lo grandioso y lo cotidiano pueden coexistir en un mismo plano, como ocurre en la vida.

Poder sin orgullo: por qué Saitama es único

La figura de Saitama rompe con los cánones de los héroes del anime japonés. No traza planes grandiosos, no lucha por amor ni anhela reconocimiento. Su poder no es un don sino el fruto de la terquedad. El entrenamiento, que consiste en cien flexiones diarias, carrera y renunciar al aire acondicionado, se volvió leyenda por sí mismo. En esa simplicidad late un mensaje potente: la grandeza no tiene que ser épica. A veces el camino hacia la fuerza es disciplina y perseverancia llevadas al absurdo.

Pero la paradoja principal de Saitama es la ausencia de orgullo. No presume de sus logros, no exige atención y no explica quién es. Incluso cuando el mundo lo considera un fracasado, no discute. Ese contraste fenomenal convierte al personaje en el antídoto del héroe tradicional. Sus victorias no vienen acompañadas de fanfarrias, y por eso genera respeto. Saitama no demuestra que es el mejor; simplemente vive, y en eso radica su triunfo sobre los moldes del género.

Influencia en la industria y la cultura

One-Punch Man se volvió no solo una serie, sino un fenómeno cultural. Generó incontables memes e inspiró a dibujantes, filósofos y guionistas a reflexionar sobre la noción de poder absoluto. Su influencia se percibe incluso en la cultura occidental, desde programas paródicos hasta videojuegos. Saitama se convirtió en símbolo de equilibrio interior y humildad. En una época en que los héroes gritan por justicia y buscan likes, él demuestra que se puede ser poderoso sin necesitar aplausos.

Es interesante que el anime tocara también una cuestión generacional. Para los espectadores jóvenes Saitama es un meme y la imagen de “demasiado fuerte para preocuparse”. Para los adultos es el reflejo del cansancio ante la carrera interminable por el éxito. Vive sencillamente, come ramen y vuelve a casa acompañado por el aburrimiento que ya se volvió su filosofía. Ese contraste es la fuente del encanto singular de la serie.

Por qué se retrasó la producción de la tercera temporada

Tras el éxito arrollador de la primera temporada, los fans esperaban la continuación como una celebración. Pero cuando en 2019 salió la segunda temporada, hubo menos entusiasmo. La producción pasó de Madhouse al estudio J.C. Staff, y la audiencia notó una caída en la calidad de la animación. La plasticidad relámpago de los combates dio paso a cuadros estáticos y ángulos simplificados. Sin embargo, en lo argumental la serie se mantuvo a la altura y el interés por la franquicia no desapareció.

El retraso de la tercera temporada se explica por varios factores. Primero, el manga de ONE y Murata avanza despacio, y los creadores del anime tuvieron que esperar material acumulado. Segundo, el formato de la serie exige una animación costosa: cada combate de Saitama contra un nuevo monstruo es literalmente un festín de efectos visuales. 

Tras la caída de audiencia en la segunda temporada, los estudios decidieron no apresurarse y devolver la calidad al nivel del original. Según rumores, en la tercera temporada participa un equipo formado parcialmente por exmiembros de Madhouse, y por eso las expectativas son tan altas.

El regreso de la leyenda

Las primeras imágenes de la tercera temporada mostraron que los autores corrigieron errores del pasado. La imagen vuelve a ser dinámica, la pelea con Garou promete ser una obra maestra visual y el tono recupera la mezcla característica de ironía y reflexiones existenciales. 

Al mismo tiempo, el mundo de One-Punch Man se expande: el foco no está solo en Saitama, sino también en personajes secundarios, cada uno con su dilema moral. Ahí reside la fuerza de la trama: aun con la fórmula más simple —un golpe, una victoria— la serie logra mantenerse viva e impredecible.

Por qué todavía lo esperamos

Se podría decir que One-Punch Man es solo una parodia que llegó en el momento justo. Pero eso sería demasiado superficial. Su éxito no es azar sino resultado de una comprensión sutil de la naturaleza humana. En cada uno de nosotros hay un Saitama: alguien que alcanzó algo y no sabe qué hacer después. Nos reímos de su indiferencia porque nos vemos en él. Es un héroe que no necesita un traje con logo, porque su lucha es interna, no externa.

Y quizá por eso, incluso años después, One-Punch Man no envejece. Nos recordó que el poder puede ser aburrido y que la debilidad puede mover al crecimiento. Ridiculizó y replanteó el género sin destruirlo. Y lo más importante: mostró que bajo la capa de comedia puede ocultarse una verdadera filosofía sobre el sentido de la vida, la apatía y la aceptación de uno mismo.

Reflexiones finales

La tercera temporada no es solo la continuación de una franquicia popular, sino un regreso en cierto sentido legendario. En una época en que las películas de acción se vuelven predecibles y los héroes intercambiables, One-Punch Man sigue recordando que incluso en un mundo de hiperpotencia se puede hablar de aburrimiento, soledad y búsqueda de sentido. 

Saitama es un héroe que no salva al mundo, sino que salva al espectador de las ilusiones. Nos recuerda que la perfección no garantiza la felicidad y que el poder sin propósito es otra forma de vacío.

Por eso el regreso de One-Punch Man no es solo la alegría de los fans, sino un recordatorio para todos: a veces el mejor golpe es el que atraviesa no al enemigo, sino a las ilusiones. Y tal vez por eso aún esperamos que el héroe calvo vuelva a levantar el puño —no para ganar, sino por el sentido.

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