En el mundo de la ciberseguridad, los botnets representan un fenómeno singular. No son simplemente una herramienta maliciosa, sino toda una infraestructura que controla miles, y a veces millones, de dispositivos en todo el mundo. ¿Cómo están organizados los botnets? ¿Para qué se usan? ¿Y por qué la lucha contra ellos se vuelve cada vez más difícil? Vamos a analizarlo.
¿Cómo está estructurado un botnet?
Un botnet es una red de dispositivos infectados con software malicioso que permite a un atacante controlar esos dispositivos de forma remota. Esos dispositivos se llaman "zombies" o bots. Pueden incluir ordenadores, teléfonos inteligentes, dispositivos IoT e incluso servidores.
El elemento principal de un botnet es su gestión, que puede ser centralizada o descentralizada. En el primer caso, el atacante, llamado botmaster, usa servidores para enviar órdenes a los dispositivos infectados. En el segundo, se emplea la tecnología peer-to-peer (P2P), donde los dispositivos infectados se intercambian comandos directamente, sin un nodo central. Ese enfoque hace que el botnet sea prácticamente imposible de desconectar por completo.
Además, el propietario del dispositivo infectado también puede ser responsabilizado. En algunos países existen leyes que obligan a los usuarios a asegurar sus dispositivos. En esos casos, si su termostato inteligente pasa a formar parte de un botnet y participa en un ataque DDoS, usted puede responder ante la ley.
¿Para qué se usan los botnets?
Los botnets son increíblemente versátiles. He aquí algunas áreas de aplicación:
- Ataques DDoS: millones de bots envían simultáneamente solicitudes al servidor de la víctima, sobrecargándolo y provocando fallos. Esto se usa con frecuencia para extorsión o acciones políticas.
- Difusión de spam: los dispositivos infectados envían millones de mensajes publicitarios o correos de phishing, ocultando al remitente real.
- Robo de datos: los bots pueden recopilar contraseñas, información financiera y datos personales de los dispositivos infectados.
- Minado de criptomonedas: los botnets utilizan la potencia de cálculo de los dispositivos infectados para minar criptomonedas sin el conocimiento de los propietarios.
- Espionaje: cámaras, micrófonos y datos pueden utilizarse para vigilar a los propietarios de los dispositivos.
Evolución de los botnets
Los primeros botnets eran relativamente primitivos. Infectaban dispositivos aprovechando vulnerabilidades de software o mediante correos de phishing. Sin embargo, con el tiempo su complejidad y funcionalidad crecieron. Los botnets modernos usan métodos de infección complejos, como:
- Kits de exploits: herramientas de software que escanean automáticamente los dispositivos en busca de vulnerabilidades.
- Ataques de fuerza bruta: intento automático de contraseñas para acceder al dispositivo.
- Uso de vulnerabilidades zero-day: se explotan errores de software aún no corregidos.
Además, las tecnologías de inteligencia artificial y aprendizaje automático permiten a los botnets adaptarse a las defensas y cambiar de táctica en tiempo real.
Amenazas del Internet de las cosas (IoT)
Los botnets hace tiempo que superaron los límites de los ordenadores y teléfonos inteligentes. Con el aumento de la popularidad del Internet de las cosas, millones de nuevos dispositivos —desde bombillas inteligentes hasta termostatos— se conectan a Internet. A menudo tienen protección mínima, lo que los convierte en objetivos ideales para los botnets.
Un ejemplo conocido es el botnet Mirai, que infectó a cientos de miles de dispositivos IoT y provocó ataques DDoS de gran escala. Mirai aprovechaba dispositivos con contraseñas preestablecidas que los usuarios no cambiaban.
¿Por qué es difícil detectar los botnets?
Uno de los problemas clave en la lucha contra los botnets es su sigilo. Un dispositivo infectado puede seguir funcionando casi sin cambios, lo que complica la detección del malware. Además, los botnets modernos a menudo cifran sus comandos, haciéndolos invisibles para los antivirus tradicionales.
Otro problema es el carácter global de los botnets. Los dispositivos que forman la red pueden estar en diferentes países, lo que dificulta su rastreo y bloqueo debido a las diferencias en la legislación.
Mercado de los botnets: ciberdelitos como servicio
Los botnets se han convertido en parte del mercado clandestino de la ciberdelincuencia. Se pueden alquilar o vender, lo que los hace accesibles incluso para atacantes con pocos conocimientos. Además, existen sitios especializados que, por una tarifa, permiten realizar automáticamente un ataque DDoS por encargo. Los precios dependen de la potencia del botnet y de sus capacidades – desde unos cientos hasta miles de dólares.
Los servicios de seguridad de todo el mundo combaten activamente estos servicios. Por ejemplo, recientemente durante la operación internacional PowerOFF la policía cerró 27 plataformas para organizar ataques DDoS por encargo. En las acciones policiales fueron detenidos tres administradores en Francia y Alemania y se obtuvieron datos de 300 usuarios de dichos servicios.
Anteriormente, en octubre de 2024, en el marco de la operación PowerOFF fue confiscada una de las mayores plataformas DDoS — Dstat.cc — y también fueron arrestados dos sospechosos vinculados a su actividad. En julio, Reino Unido informó sobre la eliminación de DigitalStress, otro servicio similar.
¿Lucha contra los botnets: mito o realidad?
Las empresas de seguridad y las autoridades trabajan activamente para eliminar botnets. Por ejemplo, uno de los mayores botnets — Emotet — fue neutralizado por esfuerzos internacionales en 2021. Sin embargo, tan pronto como un botnet desaparece, surgen otros nuevos, más complejos y sofisticados.
La protección eficaz contra los botnets requiere soluciones tanto técnicas como jurídicas. Actualizar el software, usar antivirus y aumentar la concienciación de los usuarios son solo parte del trabajo. Además de las medidas de los usuarios, existen enfoques más amplios:
- Sistemas de detección y prevención de intrusiones (IDS/IPS): analizan el tráfico en busca de actividades sospechosas.
- Listas negras de direcciones IP: bloqueo de la interacción con fuentes de amenazas conocidas.
- Filtrado DNS: bloqueo de dominios maliciosos.
- Cooperación entre países: creación de grupos internacionales para desmantelar botnets, como en el caso de Emotet.
Conclusión
Los botnets no son solo una amenaza digital, sino un desafío de la era moderna. Subrayan la fragilidad de nuestra infraestructura digital y la importancia del esfuerzo colectivo para garantizar la seguridad. Cualquier usuario conectado a Internet puede convertirse en parte de un botnet, pero cada uno de nosotros puede prevenirlo si empieza a cuidar su higiene digital.