Control de aplicaciones en el iPhone: guía para proteger tu privacidad en iOS

Control de aplicaciones en el iPhone: guía para proteger tu privacidad en iOS

El iPhone dejó de ser simplemente un teléfono hace mucho tiempo. Es un archivo personal de conversaciones, fotos, geolocalización, aplicaciones bancarias y chats de trabajo. Al mismo tiempo, son las aplicaciones las que se convierten en el principal canal de fuga de datos, a menudo no por mala intención, sino por permisos excesivos y actividad en segundo plano. La buena noticia es que iOS ofrece al usuario mucho más control del que se suele pensar. La mala noticia es que, por defecto, casi nadie utiliza ese control.

Analizaremos cómo iOS gestiona el acceso de las aplicaciones a los datos, qué herramientas funcionan realmente en 2025 y por qué a veces un informe claro resulta más eficaz que cualquier advertencia abstracta.

Cómo iOS gestiona los permisos de las aplicaciones

iOS se construyó desde el principio alrededor de un modelo de permisos puntuales. La aplicación no recibe "todo de una vez", sino que solicita acceso a la cámara, al micrófono, a la geolocalización, a las fotos o a los contactos por separado. Y es fundamental que esos permisos no están tallados en piedra. Es posible y recomendable revisarlos.

La situación típica es la siguiente: la aplicación solicita acceso en el momento en que la función parece lógica. El navegador pide geolocalización, el mensajero la cámara, la red social las fotos. El usuario acepta y, al cabo de un mes, ya no recuerda qué accesos concedió y por qué.

iOS divide la mayoría de permisos en niveles. La geolocalización puede estar permitida siempre, solo al usar la aplicación o denegada por completo. El acceso a las fotos puede ser total o limitado. Estos niveles influyen directamente en la cantidad de datos que la aplicación recibe en segundo plano.

La visión general se encuentra en la sección «Ajustes» → «Privacidad y seguridad». Allí los permisos están agrupados por tipo, no por aplicación. Ese enfoque muestra de inmediato los desequilibrios. Por ejemplo, si una decena de aplicaciones tiene acceso al micrófono, es motivo para detenerse y reflexionar.

La higiene básica es la siguiente:

  • geolocalización «Al usar la aplicación» para la mayoría de los servicios;
  • acceso a las fotos limitado, no a toda la biblioteca;
  • cámara y micrófono solo para las aplicaciones que realmente los necesitan.

Informe de privacidad: el argumento más claro

Desde iOS 15 existe una herramienta que muchos siguen ignorando. Se trata del «Informe de privacidad de las aplicaciones». Es, probablemente, el argumento más contundente frente a quienes piensan que "no pasa nada".

Se activa en la sección «Privacidad y seguridad» y, una vez habilitado, comienza a recopilar datos en segundo plano. A diferencia de las listas secas de permisos, aquí se ve una línea de tiempo: cuándo exactamente la aplicación accedió a la cámara, al micrófono, a la geolocalización y con qué dominios se comunicó.

El momento más aleccionador suele estar relacionado no con los sensores, sino con la red. Ver que una linterna hipotética o una utilidad simple se comunica regularmente con decenas de dominios externos resulta mucho más ilustrativo que cualquier teoría sobre espionaje.

El informe muestra tres bloques clave: acceso a datos y sensores, actividad de red y dominios, y frecuencia de las consultas. Esto permite separar rápidamente las aplicaciones que realmente funcionan según lo previsto de las que realizan actividad intensa en segundo plano.

El consejo práctico es sencillo. Active el informe, use el teléfono varios días y luego revise la lista. En la mayoría de los casos, después de eso, las decisiones de revocar permisos o eliminar aplicaciones se toman por sí solas.

Acceso a las fotos: qué cambió en las nuevas versiones de iOS

El acceso a la biblioteca de fotos fue durante mucho tiempo uno de los puntos más sensibles. O la aplicación ve toda la biblioteca o no ve nada. Desde las últimas versiones de iOS, incluida iOS 17, Apple ha revisado notablemente esa lógica.

En primer lugar, apareció un modo de acceso limitado más claro. El usuario elige fotos o álbumes concretos, y la aplicación físicamente no puede leer el resto de la biblioteca. Esto está implementado a nivel del sistema y no depende de la buena fe del desarrollador.

En segundo lugar, las aplicaciones ahora pueden solicitar acceso solo para escritura. Es decir, pueden guardar fotos o vídeos sin obtener permiso para leer las imágenes ya existentes. Para escáneres de documentos, cámaras y editores, esto suele ser más que suficiente.

Merece mención aparte los recordatorios del sistema. Si ha dado a una aplicación acceso extendido a las fotos "siempre", iOS con el tiempo sugerirá revisar esa decisión. Es un ejemplo raro de cuando el sistema empuja suavemente al usuario hacia una opción más segura.

En la práctica esto significa una regla simple. El acceso total a las fotos tiene sentido solo para galerías y servicios en la nube. Todo lo demás funciona bien con acceso limitado o solo de escritura.

Seguimiento, segundo plano y canales ocultos de recopilación de datos

Aun cuando una aplicación no tiene acceso a la cámara o a las fotos, no significa que no recopile datos. La actividad en segundo plano, las peticiones de red y el seguimiento entre servicios siguen siendo factores importantes.

La sección «Seguimiento» en los ajustes permite impedir que las aplicaciones vinculen sus acciones entre distintos servicios. Desactivar la solicitud global de seguimiento rara vez rompe la funcionalidad, pero reduce de forma notable el volumen de perfiles publicitarios.

Poco menos importante es el control de la actualización en segundo plano. En la sección «Actualización en segundo plano» es fácil descubrir que decenas de aplicaciones pueden trabajar en segundo plano sin una necesidad clara. Cada actualización de este tipo implica tráfico de red y metadatos.

Conviene además revisar el acceso a la red local y a Bluetooth. Muchas aplicaciones lo usan formalmente por comodidad, pero en la práctica es otra fuente de información sobre el entorno del usuario.

La lista mínima de verificación es:

  • limitar la actualización en segundo plano solo a las aplicaciones necesarias;
  • prohibir el seguimiento entre servicios;
  • revisar periódicamente el informe de privacidad.

Una estrategia práctica, no paranoia

El error más común es intentar ajustar todo perfectamente en una sola noche. Ese enfoque cansa rápido y acaba con el usuario restaurando los ajustes por defecto.

Es mucho más eficaz establecer una rutina. Una vez al mes revisar la sección de privacidad, ver el informe y comprobar qué aplicaciones usaron recientemente permisos sensibles.

Preste atención a las actualizaciones. Tras grandes actualizaciones, las aplicaciones a veces empiezan a solicitar nuevos permisos. Ese es un momento normal para reevaluar la confianza, no una razón para pulsar automáticamente "Permitir".

Y, por último, el paso más subestimado es eliminar las aplicaciones innecesarias. Aunque no se abran durante meses, pueden actualizarse, recopilar telemetría y aparecer en los informes.

Controlar las aplicaciones en el iPhone no es una lucha contra la tecnología ni un intento de vivir aislado. Es higiene digital habitual. Al entender quién y cuándo accede a los datos, usted empieza a gestionar el dispositivo en lugar de limitarse a usarlo.


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