CGRI (Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica) — es una formación militar de élite de Irán, creada en 1979 por orden del ayatolá Jomeini tras la revolución islámica. Su objetivo es proteger el sistema de gobierno islámico y mantener la estabilidad ideológica del régimen.
El CGRI no es simplemente un ejército. Es una estructura de fuerza paralela, con autonomía respecto a las fuerzas armadas regulares de Irán ( Artesh). Entre sus tareas están las operaciones militares, la supervisión política y la influencia económica.
Estructura del CGRI
- Fuerzas terrestres — unidades regulares equipadas para operaciones dentro del país y en regiones fronterizas.
- Fuerzas navales — actúan principalmente en el Golfo Pérsico. Se caracterizan por su alta movilidad y se apoyan en embarcaciones rápidas y misiles de corto alcance.
- Fuerzas aeroespaciales — responsables del programa de misiles y de la defensa antiaérea. Bajo su mando están misiles balísticos de medio alcance, incluidos los Shahed y los UAV iraníes.
- Al Quds — una unidad especial dedicada a la exportación de la revolución. Es la que coordina las actividades de las fuerzas proxy iraníes en el extranjero (Hezbolá, HAMAS, hutíes, etc.).
- Basij — milicia popular voluntaria, utilizada a menudo para reprimir protestas y garantizar el control interno.
El CGRI y la economía
El CGRI controla activos económicos significativos en Irán — desde la construcción y la industria petrolera hasta las telecomunicaciones. Esto lo convierte en no solo una estructura militar, sino en una especie de «estado dentro del estado».
El CGRI y la política exterior
A través de Al Quds, el CGRI participa en operaciones fuera de Irán: desde Siria e Irak hasta Yemen y Líbano. Apoya activamente a grupos armados hostiles a Israel y a Estados Unidos, suministrándoles armas, entrenamiento y financiación.
Qué son las FDI
FDI (Tsva Haganá LeIsrael, Fuerzas de Defensa de Israel) — son las fuerzas armadas nacionales de Israel, fundadas en 1948. Su tarea principal es la protección del Estado de Israel frente a amenazas externas. Las FDI son uno de los ejércitos más capaces del mundo, con un alto nivel de equipamiento tecnológico y movilidad operativa.
Estructura de las FDI
- Fuerzas terrestres — unidades acorazadas, de infantería y de artillería. Se distinguen por su alto nivel de flexibilidad táctica.
- Fuerza Aérea — una de las más avanzadas tecnológicamente en el mundo. Incluye cazas (F-35, F-16), drones de ataque y sistemas de defensa antimisiles.
- Fuerza Naval — de tamaño reducido, pero muy eficiente. Su foco principal es la protección de la costa y la disuasión nuclear mediante submarinos de la clase «Delfín».
- Inteligencia — depende de la Dirección de Inteligencia Militar (AMAN) y también coopera con el Mossad y el Shin Bet.
Servicio obligatorio y reservistas
Las FDI se basan en un sistema de servicio militar obligatorio universal. Sirven todos — hombres y mujeres. Tras completar el servicio, los conscriptos pasan a la reserva y pueden ser movilizados en cuestión de horas.
Tecnología militar y ciberguerra
Las FDI no son solo infantería. Es un ejército donde drones, sistemas como Cúpula de Hierro, Lanza de David, la intercepción de misiles y los ciberataques forman parte de la cotidianidad. Israel es considerado un líder en ciberseguridad militar y en tecnologías de vigilancia.
Diferencias clave entre el CGRI y las FDI
| Parámetro | CGRI (Irán) | FDI (Israel) |
|---|---|---|
| Tipo de estructura | Ejército paralelo, guardia ideológica | Ejército estatal, fuerzas de defensa |
| Subordinación | Al ayatolá y al Consejo de Seguridad Nacional | Ministerio de Defensa y gobierno de Israel |
| Misión principal | Proteger la revolución islámica, expansión ideológica | Proteger a Israel frente a amenazas |
| Actividad internacional | Apoyo a grupos proxy, guerra híbrida | Operaciones antiterroristas, ataques limitados |
| Papel económico | Control de grandes sectores de la economía | Ausente |
| Orientación ideológica | Islamismo chiíta | Doctrina defensiva secular |
Distribución actual de fuerzas
Capacidades militares
- Israel posee un arsenal nuclear (aunque no confirmado oficialmente), aviación de alta precisión, un desarrollado sistema de defensa antiaérea, inteligencia satelital y ventaja tecnológica.
- Irán cuenta con una red multinivel de grupos proxy, misiles balísticos, drones de ataque y unidades de sabotaje del CGRI.
Escenarios de conflicto
El prolongado enfrentamiento entre Israel e Irán finalmente salió de la sombra y se transformó en una guerra abierta, mostrando el choque clásico entre dos doctrinas militares radicalmente distintas. Mientras Israel apuesta por la superioridad tecnológica, la inteligencia precisa y el dominio aéreo, Irán recurre tradicionalmente a tácticas asimétricas, utilizando terrorismo, ciberataques y presión mediante una red de aliados, desde Hezbolá en Líbano hasta los hutíes en Yemen. No obstante, los acontecimientos de los últimos días demostraron que Teherán está dispuesto a un enfrentamiento militar directo, abandonando la estrategia habitual de hacer la guerra a través de terceros.
Las raíces de la actual escalada se remontan a los trágicos sucesos del 7 de octubre de 2023, cuando el ataque de HAMAS a Israel desencadenó una reacción en cadena que poco a poco involucró a más actores regionales. Inicialmente, las partes seguían reglas no escritas de guerra encubierta: Israel atacaba objetivos iraníes en Siria e Irán respondía a través de sus proxies. Sin embargo, la destrucción por parte de Israel del consulado iraní en Damasco el 1 de abril de 2024 rompió ese frágil equilibrio. Por primera vez en la era moderna, Irán se decidió por un ataque directo al territorio israelí, lanzando el 14 de abril de 2024 más de 300 cohetes y drones. Aunque la mayoría fue interceptada, la barrera psicológica se rompió, y Israel respondió con los primeros ataques abiertos sobre territorio iraní el 26 de octubre de 2024.
El verdadero punto de inflexión llegó el 13 de junio de 2025, cuando Israel lanzó la operación "León Ascendente", la acción militar más extensa contra Irán en toda la historia del conflicto. Coordinada por las FDI, el Mossad y otras estructuras de defensa, la operación movilizó más de 200 aviones y atacó más de 100 objetivos, empleando alrededor de 330 tipos distintos de munición. La selección de objetivos dejó clara la estrategia israelí: infligir el máximo daño al programa nuclear iraní y al potencial militar. Fueron atacados objetivos nucleares clave en Natanz, Tabriz, Arak e Isfahán, la sede del CGRI en Teherán, fábricas de misiles y sistemas de defensa antiaérea. Simultáneamente, Israel infligió un golpe duro al mando militar iraní, eliminando al comandante del CGRI Hossein Salami, al jefe del Estado Mayor Mohammad Bagheri, al comandante de la fuerza aérea del CGRI Amir Ali Hajizadeh y a seis destacados científicos nucleares.
La respuesta iraní no se hizo esperar y demostró que Teherán está dispuesto a escalar a pesar de las pérdidas sufridas. Aquella misma noche comenzaron ataques masivos con cohetes y drones contra ciudades israelíes, que se han prolongado por cinco días. Ocho oleadas de operaciones de respuesta mostraron que el complejo militar-industrial iraní conserva la capacidad de lanzar ataques a gran escala. Además, varios cohetes iraníes lograron penetrar el famoso sistema de defensa antiaérea israelí, que incluye Cúpula de Hierro, Lanza de David y sistemas Arrow, reforzado por los THAAD estadounidenses. El impacto de misiles iraníes en la zona de la refinería de Haifa el 17 de junio fue un golpe simbólico a la infraestructura energética israelí.
Las pérdidas humanas del conflicto ilustran claramente su carácter asimétrico. En Irán, donde se atacaron tanto objetivos militares como civiles, fallecieron más de 224 personas, incluidas más de 70 mujeres y niños, y 1277 resultaron heridas. La pérdida del alto mando militar fue un golpe sin precedentes para la maquinaria militar iraní. En Israel, donde los cohetes iraníes apuntaron principalmente a objetivos militares aunque algunos alcanzaron zonas residenciales, murieron 24 civiles. Sin embargo, la consecuencia más grave para Irán fue el daño a su programa nuclear: según el director general del OIEA, Rafael Grossi, prácticamente las 15 000 centrifugadoras en la mayor instalación de enriquecimiento de uranio en Natanz quedaron gravemente dañadas o destruidas, lo que retrasó el programa nuclear iraní varios años y creó riesgos de contaminación radiactiva.
Las consecuencias económicas del conflicto se reflejaron de inmediato en los mercados mundiales, confirmando el papel central de Oriente Medio en el sistema energético global. Los precios del petróleo subieron un 7,26% —el mayor aumento desde la invasión rusa de Ucrania en marzo de 2022. El crudo Brent alcanzó los 74,23 dólares por barril, y los analistas no descartan un repunte hasta los 100 dólares en caso de un bloqueo del estrecho de Ormuz —una vía crítica por la que transita un tercio del comercio marítimo mundial de petróleo. Cada incremento de 10 dólares en el precio del petróleo podría sumar 0,5% a la inflación mundial, algo especialmente doloroso cuando los bancos centrales de muchos países apenas empezaban a contener las presiones inflacionarias. Los mercados bursátiles reaccionaron de forma previsible: el índice S&P 500 cayó un 0,4%, mientras que el oro subió un 1,2%, mostrando el clásico traslado de inversores hacia activos refugio.
En el frente diplomático, el conflicto evidenció los límites de los mecanismos internacionales para resolver crisis en condiciones de enfrentamiento militar directo. La sexta ronda prevista de negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Omán fue cancelada: resulta difícil negociar sobre un programa nuclear cuando las instalaciones nucleares están siendo bombardeadas. Teherán intentó involucrar a mediadores regionales, apelando a Omán, Catar y Arabia Saudita para presionar al presidente Trump, ofreciendo flexibilidad en las negociaciones nucleares a cambio de un alto el fuego. Sin embargo, la posición israelí se mantiene firme: el primer ministro Netanyahu declara que estará dispuesto a negociar solo tras la eliminación total de la amenaza nuclear y misilística iraní. Este estancamiento diplomático se agrava por la retórica beligerante de ambas partes: el ministro de Exteriores iraní Abbas Araghchi exige que Trump obligue a Israel a detener la agresión, mientras que los líderes israelíes insisten en la necesidad de llevar la operación hasta su conclusión lógica.
Desde el punto de vista técnico-militar, el conflicto ha sido una prueba para ambas doctrinas. La distancia de 1300 a 1500 kilómetros entre los países convierte cada ataque en una operación logística compleja, especialmente para la aviación israelí, obligada a operar al límite de su radio de acción. No obstante, los israelíes demostraron capacidad para ejecutar golpes de precisión contra objetivos seleccionados, reivindicando haber alcanzado la superioridad aérea sobre Teherán. Los misiles balísticos iraníes, que recorren esa distancia en unos 12 minutos a velocidades de hasta cinco veces la del sonido, mostraron la capacidad de superar incluso los sistemas antiaéreos más modernos, lo que supuso una sorpresa desagradable para los planificadores militares israelíes.
Hoy, en el quinto día de combates activos, la situación oscila entre un conflicto localizado y una catástrofe regional. Ambas partes continúan intercambiando ataques bajo creciente presión internacional, mientras el petróleo cotiza alrededor de 76 dólares por barril y el oro sigue subiendo como activo refugio. Los expertos barajan cuatro escenarios principales: una escalada con la implicación de los grupos proxy iraníes y el posible cierre del estrecho de Ormuz; una estabilización en el nivel actual con intercambios periódicos de ataques; una solución diplomática bajo presión internacional; o la transformación en una guerra regional a gran escala con la participación de Estados Unidos y otras potencias. Cada uno de esos escenarios tendría consecuencias radicalmente distintas para la economía mundial y la estabilidad regional.
El conflicto actual marca la transición definitiva de años de guerra encubierta a un enfrentamiento militar abierto, causando un daño serio al programa nuclear iraní y evidenciando la vulnerabilidad de ambas partes ante los sistemas de armamento modernos. El aumento de víctimas entre la población civil, las amenazas a la economía mundial y a la seguridad energética ponen en entredicho la arquitectura de estabilidad regional en Oriente Medio. En las próximas 48-72 horas quedará claro si los esfuerzos diplomáticos de la comunidad internacional lograrán detener la escalada, o si el mundo será testigo de la primera guerra a gran escala entre Israel e Irán con todas sus consecuencias impredecibles.