Arvi Hacker y la "Escuela ciudadana de hackers": de grandes aspiraciones a la cárce

Arvi Hacker y la "Escuela ciudadana de hackers": de grandes aspiraciones a la cárce

En junio de 2025 un tribunal dictó sentencia contra una persona que durante más de dos décadas intentó convertirse en leyenda de la comunidad informática nacional. Ilya Vasiliev, más conocido por el seudónimo Arvi Hacker, recibió ocho años de colonia penal por publicaciones en redes sociales. Pero la historia de este personaje extraordinario comenzó mucho antes: en los convulsos años 90, cuando Internet en Rusia daba sus primeros pasos y el concepto de "hacker" estaba envuelto en los aires románticos del submundo informático.

El hombre que quiso entrar en los libros de historia

Ilya Vladimirovich Vasiliev nació el 9 de diciembre de 1973 en Moscú, en una época en la que las computadoras personales aún parecían cosa de ciencia ficción. Pero ya en la juventud quedó claro que ese joven no era de los que se conforman con el papel de extra en el gran drama de la vida. Según testigos de la época, Arvi desde joven destacaba por su carisma y afán de liderazgo; sin embargo, encontrar un espacio adecuado para su realización no resultó sencillo.

Los primeros intentos por entrar en la historia se asociaron al movimiento hippie. En la Rusia postsoviética de los 90 ese movimiento vivió una especie de renacimiento: los jóvenes adoptaban con entusiasmo corrientes contraculturales occidentales. Vasiliev intentó convertirse en uno de los líderes de ese movimiento, pero algo no funcionó. Posiblemente los tiempos del amor libre y el pacifismo ya no encajaban con el espíritu de una época en que el país se sumergía rápidamente en el capitalismo y el pragmatismo.

Hubo otros intentos por hallar su vocación, pero el verdadero giro llegó con la difusión de las tecnologías informáticas. A mediados de los 90 Vasiliev centró su atención en la incipiente cultura hacker y, por fin, sintió que había encontrado su elemento.

Nacimiento de la "Escuela Cívica de Hackers"

A finales de la década de 1990 Ilya Vasiliev fundó lo que debía ser su obra principal: la Escuela Cívica de Hackers. El nombre no fue casual: el fundador presentaba su institución como alternativa a la criminalización del subsuelo informático. Si los hackers clásicos cada vez se asociaban más con intrusiones y ciberdelitos, Arvi proponía un "camino luminoso": el culture del hacker como arte de programar y filosofía de la creatividad tecnológica.

La ideología de la escuela se basaba en varios postulados. Primero, el hacker no es un delincuente sino un creador, un "programador maníaco" obsesionado con la perfección del código. Segundo, el verdadero hackeo requiere no solo habilidades técnicas, sino también desarrollo espiritual. Tercero, el conocimiento debía estar al alcance de todos los interesados, por una tarifa moderada, claro.

La formación en ГШХ costaba 50 dólares al mes, lo que para finales de los 90 era una suma bastante considerable. Por ese dinero los alumnos obtenían acceso a clases de programación, conversaciones filosóficas con el maestro y, lo que no era menor, el estatus de pertenencia a una comunidad élite. Arvi no escatimaba en promesas: "conviértete en Dios — ven a la Escuela Cívica de Hackers", "mis alumnos aprenden a crear código genial", "yo ofrezco la mejor hackers education del mundo".

Métodos de enseñanza y sus particularidades

El plan de estudios de la Escuela Cívica de Hackers reflejaba las concepciones bastante específicas del fundador sobre las tecnologías contemporáneas. Los lenguajes principales eran QBasic y Turbo Pascal 7, entornos que por entonces ya estaban moralmente obsoletos por alrededor de diez años. Como logros ejemplares de los alumnos se mostraban un juego de Tetris en QBasic y vídeos demostrativos en Pascal.

Los críticos no tardaron en señalar el anacronismo de tal enfoque. Mientras el mundo migraba hacia C++, Java y tecnologías web, la Escuela seguía formando especialistas en herramientas claramente desfasadas. Pero Arvi tenía su explicación: el verdadero hackeo no depende de modas; lo esencial es la comprensión de los principios y la filosofía de la programación.

Además de las disciplinas técnicas, el programa incluía artes marciales, oratoria y meditación. Vasiliev estaba convencido de que un verdadero hacker debía desarrollarse de forma armónica, combinando prácticas intelectuales y físicas.

Años dorados: SPRYG y sueños nepalíes

Paralelamente al desarrollo de la escuela, Arvi Hacker se dedicó a organizar eventos a gran escala. Así surgió el festival SPRYG — "encuentro tradicional del underground informático" — que aspiraba a ser la cita principal en el calendario de los hackers rusos. Los primeros festivales se celebraron en Moscú y reunían a entusiastas de distintas áreas: desde especialistas en seguridad informática hasta artistas de arte ASCII.

SPRYG se presentaba como un espacio para el intercambio de conocimientos e ideas. El programa incluía conferencias sobre seguridad informática, demostraciones de Demo Art, debates sobre virmaking y phone phreaking. Una característica importante era la falta de "control ideológico general": Vasiliev se enorgullecía de que incluso partes enfrentadas pudieran participar en su evento.

El punto culminante de las ambiciones de Arvi fue el proyecto de 2004: la creación del Templo de los Hackers en Nepal. En la pintoresca orilla del río Bagmati, con vistas al Himalaya, el fundador de la escuela construyó una pequeña estructura que debía ser el centro espiritual del movimiento hacker mundial. Las paredes del templo estaban decoradas con mandalas realizadas en códigos ASCII, una fusión simbólica de prácticas espirituales antiguas y tecnologías modernas.

Para entonces Vasiliev ya estudiaba activamente el budismo y hasta llegó a ser el superior del "Centro Zen de Moscú". En el templo se reanudó la publicación de la revista de hackers "La espada de la luz", y el programa de formación se amplió con prácticas meditativas. La prensa occidental se interesó por este proyecto exótico: el diario canadiense Toronto Globe dedicó un reportaje a Arvi.

Críticos y escépticos

No obstante, no todos en la comunidad IT compartían el entusiasmo de la prensa extranjera. Muchos especialistas rusos miraban con ironía la actividad de Vasiliev. La Escuela Cívica de Hackers sufrió críticas por sus métodos arcaicos de enseñanza y las ambiciones exageradas de su fundador.

"Arvi es un usurpador, un gurú no reconocido", escribían los críticos. "Sus 'logros' provocan risa entre especialistas de prestigio. Pero los jóvenes sin saber ni sabiduría se dejan llevar por sus afirmaciones de grandeza". Los comentarios más mordaces se referían a las "especialidades" de la escuela — "Dios informático" y "genio informático", esta última supuestamente destinada a los alumnos con notas mediocres.

Los escépticos señalaban la evidente contradicción entre las promesas grandilocuentes y los modestos resultados. El negocio de la escuela no prosperó especialmente: Vasiliev no solo no adquirió la "mansión lujosa" prometida, sino que tenía dificultades para renovar el parque informático. Probablemente el problema era que el mercado de servicios educativos en TI evolucionaba rápidamente, ofreciendo programas mucho más modernos y prácticos.

Del romanticismo informático al activismo político

Poco a poco los intereses de Ilya Vasiliev comenzaron a desplazarse de cuestiones puramente técnicas hacia asuntos sociales y políticos más amplios. La filosofía budista contribuyó a formar una visión pacifista, y la experiencia con la comunidad internacional alimentó una actitud crítica hacia la realidad rusa.

En los últimos años Arvi Hacker se pronunció cada vez más sobre cuestiones políticas, criticó las acciones de las autoridades rusas y condenó abiertamente la operación militar especial. En las redes sociales compartía sus reflexiones sobre los acontecimientos, sin preocuparse demasiado por la corrección política ni por las posibles consecuencias.

Esa evolución, de entusiasta de la tecnología a activista político, fue lógica. Una persona que durante toda su vida predicó la libertad de la información y la apertura del conocimiento no podía permanecer al margen de procesos que, en su opinión, amenazaban esos valores. Además, los principios budistas de no violencia chocaban visiblemente con las acciones militares.

Camino a la prisión: de multas a pena real

Los problemas con la ley para Vasiliev comenzaron en mayo de 2023, cuando agentes del FSB registraron su apartamento y se incautaron de todo el equipo informático. Vasiliev, confiando en las promesas de las fuerzas de seguridad de que "por palabras en Rusia a nadie se encarcela", entregó voluntariamente las contraseñas de todos los dispositivos. Ese mismo día le impusieron una multa de 40.000 rublos por "desacreditar" al ejército debido a una publicación en VKontakte.

Tras la multa Vasiliev eliminó todas sus cuentas en redes sociales con la esperanza de evitar problemas mayores. Pero el equipo nunca le fue devuelto y, un año después, el 22 de junio de 2024, fue arrestado por un cargo más grave: la difusión de "noticias falsas" sobre el ejército ruso.

La base del caso penal fueron publicaciones en Facebook, redactadas en inglés, donde Vasiliev criticaba los ataques rusos en territorio ucraniano. Uno de los mensajes imputados, del 25 de diciembre de 2022, contenía la frase: "Putin rechazó el alto el fuego navideño". Los investigadores hallaron estos materiales en los equipos incautados anteriormente y los consideraron "información deliberadamente falsa".

Investigación y juicio

Durante la investigación se efectuó una pericia psico-lingüística que, según la fiscalía, confirmó la culpabilidad del acusado. A Vasiliev se le imputó el inciso "d" de la parte 2 del artículo 207.3 del Código Penal de la Federación Rusa — difusión de noticias falsas sobre el ejército ruso, cometido "por motivos de odio político".

El abogado Oskar Cherdzhiev calificó el arresto de su defendido como injustificado y señaló el absurdo de la situación: "Imputar a un budista un motivo de odio es como afirmar que un periódico se mojó en el fuego". La defensa subrayó que Vasiliev era "un moscovita de origen", nacido y residente en Rusia, dedicado a la meditación y sin ninguna relación con los servicios especiales ucranianos.

El 25 de junio de 2025 la juez del juzgado de Preobrazhensky de Moscú, Valentina Lebedeva, dictó la sentencia: ocho años de colonia penal de régimen general más la prohibición de administrar sitios web durante cuatro años. Vasiliev no reconoció su culpabilidad.

Vida en el centro de detención preventiva y reflexiones sobre el destino

El tiempo en el centro de detención preventiva fue para Arvi Hacker un periodo de reflexión forzada sobre la vida vivida. En sus cartas se quejaba de las condiciones: debía meditar "en los catres", los compañeros de celda eran personas con graves enfermedades y durante más de seis meses no le permitieron ver a un médico. Resultó especialmente doloroso que la administración del centro no autorizara encuentros con un sacerdote budista.

Pero lo más duro no eran las incomodidades cotidianas, sino el derrumbe de las ilusiones. Un hombre que durante décadas predicó la elitización y la exclusividad se vio obligado a "compartir el pan" con arrestados que "no pasaron ninguna selección — ni técnica ni ética". Aquellos alumnos que antes debían "superar un concurso" quedaron en la vida anterior.

Balance de una trayectoria singular

La historia de Ilya Vasiliev es en gran medida la historia de toda una generación de entusiastas informáticos rusos que en los convulsos 90 intentaron crear algo nuevo sobre los escombros del viejo mundo. Su biografía refleja tanto las ilusiones románticas de la época como sus duras realidades.

Por un lado, Arvi Hacker fue realmente un pionero: uno de los primeros en intentar institucionalizar la cultura hacker en Rusia, crear programas educativos y unir a la comunidad. Sus festivales SPRYG fueron un fenómeno notable en la historia del IT nacional, y el Templo de los Hackers en Nepal fue sin duda un proyecto original.

Por otro lado, las pretensiones de genialidad a menudo no estuvieron respaldadas por logros reales. La enseñanza con tecnologías obsoletas, las ambiciones desmesuradas y la inclinación a la autopromoción convirtieron a Vasiliev en una figura más caricaturesca ante la comunidad profesional.

El acorde final —ocho años de colonia por publicaciones en redes sociales— resulta trágicamente simbólico. Un hombre que pasó la vida intentando entrar en los libros de historia lo consiguió, pero no de la manera que soñaba. Hoy el nombre de Arvi Hacker está para siempre ligado no a avances tecnológicos o descubrimientos espirituales, sino a las represiones políticas.

Quizá esta historia contiene una lección para todos: la verdadera grandeza no se mide por declaraciones ruidosas ni proyectos exóticos, sino por la contribución real al desarrollo de la sociedad y la disposición a asumir responsabilidades por las propias convicciones. En ese sentido, los últimos años de la vida de Ilya Vasiliev, cuando pasó de excéntrico gurú informático a activista político, pueden haber sido los más honestos y significativos de su biografía.

Hoy, cuando las tecnologías digitales son parte integral de nuestra vida y los conceptos de libertad de información y lealtad política chocan con creciente frecuencia, la historia de Arvi Hacker adquiere especial actualidad. Recuerda que la elección entre la comodidad y los principios se presenta tarde o temprano ante cada uno de nosotros —y no siempre es una elección fácil.

Alt text