Internet y las comunicaciones parecen garantizadas hasta el momento en que se pierde la cobertura: en la montaña, en el mar, en la taiga o en la ciudad tras un fallo en una infraestructura principal. Entonces se revela una debilidad común en la mayoría de las redes: necesitan infraestructura terrestre. La comunicación satelital resuelve exactamente ese problema, porque se apoya en el segmento espacial y funciona donde la “tierra” guarda silencio.
Sin términos complejos, se trata de la transmisión de datos y voz a través de un satélite que actúa como puente radioeléctrico entre dos puntos. Un punto puede ser su antena en el tejado; el otro, una estación terrestre, un buque, un avión u otra antena. A diferencia de la red celular habitual, aquí no existe la cadena obligatoria de torres alrededor suyo. Hay un terminal, un satélite y luego el enrutamiento por la red del operador.
Los canales satelitales pueden ser de banda ancha, cuando se trata de internet para oficinas, asentamientos, expediciones y plataformas móviles. Pueden ser de banda estrecha, cuando la prioridad es la fiabilidad y la cobertura global más que la velocidad. Un buen referente es la gama Certus de Iridium, pensada precisamente para «en todas partes y siempre», con terminales compactos y velocidades moderadas, pero con cobertura planetaria.
Es importante entender que las comunicaciones satelitales no son un único producto ni una sola tecnología. Es una familia de soluciones que difieren por las órbitas, las bandas de frecuencia, los tipos de antena, la arquitectura de red e incluso el modelo de negocio. Por eso la pregunta «qué comunicaciones satelitales existen» se descompone en la práctica en la elección de un sistema concreto según la tarea.
- Para acceso de banda ancha suelen emplearse VSAT y las modernas redes LEO.
- Para seguridad y telemetría se suelen elegir la banda L y servicios de banda estrecha.
- Para transporte son críticos la resistencia a la climatología y la continuidad de la conexión en movimiento.
Cómo funciona la transmisión de señal: del terminal a Internet
En la base de cualquier línea de comunicación satelital está el canal radioeléctrico «tierra — espacio — tierra». Su terminal genera la petición, modula la señal y la envía al satélite en el canal ascendente. El satélite recibe esa señal y o bien la retransmite a una estación terrestre del operador, o la reenvía a través de su propia red espacial si la arquitectura lo permite.
Después interviene la parte terrestre. La estación gateway está conectada al internet troncal, a redes corporativas o a servicios especializados. Desde allí la respuesta vuelve por la misma ruta, pero ya en el canal descendente. Para el usuario esto se percibe como internet habitual, solo que con requisitos distintos para la instalación del terminal y para la visibilidad del cielo.
Las redes LEO modernas incorporan además otra capa lógica importante. El terminal no “se aferra” a un único aparato: selecciona constantemente el satélite óptimo y conmutan según el movimiento de los satélites y las condiciones para evitar la degradación del enlace. Esto es precisamente lo que describe Starlink, donde los terminales cambian de satélite en tiempo real cuando el canal empeora.
Factores que influyen en la calidad. Primero, la órbita y la distancia al satélite, que determinan la latencia. Segundo, las frecuencias y el ancho de banda del canal, que condicionan la velocidad potencial. Tercero, el ruido y la meteorología. En algunas bandas la lluvia y la nieve húmeda afectan de forma real. Y, por último, la disponibilidad de gateways y la congestión de segmentos cuando demasiados abonados comparten una misma zona de cobertura.
- El terminal recibe datos del dispositivo del usuario y forma la señal radioeléctrica.
- La señal se envía al satélite por el canal ascendente.
- El satélite la retransmite al gateway o la transmite por enlaces intersatélite dentro de la red.
- El gateway introduce el tráfico en Internet o en la red privada del cliente.
- La respuesta regresa por el canal descendente.
Tipos de sistemas satelitales y en qué se diferencian de la celular y la radio
La división más importante es por órbita. Los aparatos geoestacionarios se sitúan muy alto y “miran” siempre la misma área. Eso es útil para cubrir grandes territorios, pero la distancia al satélite es enorme y las latencias son notables. Las constelaciones de baja órbita vuelan más cerca, ofrecen menor latencia y son más adecuadas para servicios interactivos, pero requieren cientos o miles de satélites y una compleja gestión.
Un buen ejemplo del enfoque LEO es Starlink. En su página tecnológica la compañía indica una altura alrededor de 550 km y compara la latencia: alrededor de 25 ms para baja órbita frente a más de 600 ms para GEO. En la práctica los números varían, pero el orden de magnitud es ese.
LEO tiene también otro representante en la «liga mayor». En la página de OneWeb se indica que la constelación opera a unos 1200 km y está diseñada para alta velocidad y baja latencia en comparación con GEO. Es el caso en el que las comunicaciones satelitales se construyen no como “un gran repetidor”, sino como una red completa con gestión de recursos y tráfico.
La diferencia con la red celular es sencilla. En una red celular su teléfono se conecta a la estación base más cercana y luego el tráfico circula por la red terrestre del operador. En la radio suele no existir una red IP como tal: hay un canal directo y banda limitada. El canal satelital puede ser internet, voz o telemetría, pero siempre se apoya en el segmento espacial y requiere un terminal radioeléctrico con antena direccional o un módem especializado.
| Órbita | Ventajas | Inconvenientes | Tareas típicas |
|---|---|---|---|
| LEO | Baja latencia, movilidad, mejor para servicios interactivos | Infraestructura compleja, dependencia de la densidad de la constelación | Acceso de banda ancha, respaldo de canales, transporte |
| MEO | Compromiso entre latencia y cobertura | Terminales y segmento más caros, menos proveedores | Troncal, redes corporativas, comunicaciones especializadas |
| GEO | Grandes zonas de cobertura, geometría estable | Alta latencia, requisitos de direccionalidad de la antena | TV, zonas amplias, VSAT corporativo |
- Si importan las videollamadas, el trabajo remoto y los servicios en la nube, suele favorecer la baja órbita.
- Si lo importante son haces grandes estables y un cálculo de cobertura sencillo, GEO sigue siendo relevante.
- Si la comunicación debe funcionar «en todas partes», incluidos polos y océanos, se mira a las redes LEO globales y a los servicios de banda estrecha.
Cuando el internet habitual es insuficiente: 5 situaciones en las que hacen falta comunicaciones satelitales
En la práctica la limitación suele ser la disponibilidad más que la velocidad nominal. Las comunicaciones satelitales son necesarias cuando no es posible tender fibra óptica, no hay señal celular o los enlaces por radio no cubren la distancia o el relieve. A continuación, cinco escenarios típicos que aparecen con más frecuencia.
Situación 1 — ubicaciones remotas y objetos temporales. Prospección geológica, obra, campamento rotatorio, expedición científica. Aquí los canales satelitales a menudo se vuelven el internet principal y a veces el único. El esquema operativo suele ser: se instala el terminal, se configura el router, se levanta una VPN hasta la oficina y se asignan prioridades de tráfico para los sistemas críticos.
Situación 2 — mar y aviación. En el mar no hay torres; en el aire desaparecen rápidamente. Por eso los operadores de transporte históricamente se han apoyado en el satélite. En la página de Inmarsat se describen servicios para la industria marítima, donde la comunicación es necesaria no solo para el internet de la tripulación, sino también para seguridad, telemetría y operaciones.
Situación 3 — accidentes y emergencias. Rotura de una infraestructura troncal, corte de energía en nodos, daño a estaciones base, sobrecarga de la red. En esos momentos el satélite es valioso como respaldo, porque está físicamente “por encima” del problema. Organizaciones que necesitan restaurar el servicio en horas mantienen kits listos y ensayan el procedimiento para no improvisar in situ.
Situación 4 — respaldo para negocios y servicios críticos. Incluso en la ciudad una línea satelital puede ser un seguro para cajas, acceso remoto y supervisión. Con frecuencia se configura como una segunda WAN en el router: el canal principal va por fibra y el satélite entra por fallo o degradación. En ese modo, las soluciones de banda estrecha también son útiles porque son más económicas y a menudo más resistentes en mala meteorología.
Situación 5 — tareas gubernamentales y militares. Aquí las redes satelitales se usan para conectividad fuera de la línea de vista y para operar con infraestructura dañada. Normalmente son redes gestionadas con requisitos elevados de disponibilidad, control y seguridad. Por ejemplo, Inmarsat tiene una línea dedicada a usuarios gubernamentales. La lógica es simple: el satélite ofrece un canal donde no es posible confiar en operadores locales ni en líneas terrestres.
- Verifique la geografía y las limitaciones: cobertura, permisos, requisitos de instalación en el sitio.
- Defina el perfil de tráfico: videoconferencia, telemetría, voz, VPN, servicios críticos.
- Elija el tipo de órbita y servicio: LEO para interactividad, redes de banda estrecha para mensajes confiables y monitorización.
- Planifique el respaldo: dos canales, conmutación automática, QoS, prioridades.
- Pruebe el escenario con antelación: alimentación, anclajes, visibilidad del cielo, puesta en marcha en condiciones de campo.
Si se resume en una regla, las comunicaciones satelitales resultan rentables donde el coste del tiempo de inactividad es superior al coste del canal. Por eso a menudo se eligen no como sustituto del internet, sino como forma de garantizar conectividad cuando la infraestructura habitual desaparece. Y cuanto más lejos esté uno de las vías troncales, más rápido el satélite deja de ser exótico y se convierte en una herramienta habitual.