Expertos destapan la trastienda de un negocio en el que el candidato se convierte en moneda de cambio.

Los anuncios fraudulentos de empleo, que prometen ingresos fáciles y trabajo remoto, siguen inundando las redes sociales, especialmente en los países de Oriente Medio y Norte de África. Bajo la apariencia de trabajos complementarios que no requieren experiencia, los delincuentes recaban datos personales y extorsionan dinero. Según el análisis de Group-IB, detrás de esto están grupos coordinados que se hacen pasar por marcas conocidas y organismos estatales.
El esquema comienza con anuncios publicados en plataformas como Facebook, Instagram, TikTok y Telegram. Los anuncios están diseñados profesionalmente, llevan logotipos de empresas conocidas, reseñas positivas y prometen hasta 170 dólares por acciones sencillas: me gusta, reseñas, rellenar encuestas.
Los anuncios se localizan por país e incluso por dialecto, usan monedas locales y terminología familiar, lo que los hace especialmente convincentes. Tras la respuesta, el usuario llega a aplicaciones de mensajería, donde habla con un "reclutador" que supuestamente verifica los datos para el alta.
Luego dirigen al usuario a un sitio web falso, presentado como un portal de empleo. Allí se le pide registrarse, subir documentos, introducir datos bancarios e incluso depositar dinero, supuestamente para activar las tareas. Después, la gestión pasa a otro miembro del grupo, ya en Telegram, que supervisa el "trabajo" y controla las transferencias posteriores.
Para ganarse la confianza, en las primeras etapas del "trabajo" los estafadores sí pagan pequeñas cantidades. Sin embargo, luego persuaden a la víctima para que aporte más dinero para acceder a tareas más lucrativas. En cuanto la suma se vuelve significativa, los pagos se detienen, las cuentas desaparecen y se cortan todos los contactos. Resulta prácticamente imposible identificar a los delincuentes.
El análisis de Group-IB muestra que estos esquemas alcanzan a un público amplio —desde adolescentes hasta personas mayores. Se dirigen sobre todo a los países de la región MENA: Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Argelia, Irak, Jordania y otros. Con más frecuencia se falsifican sitios y logotipos de mercados, bancos y ministerios. Los propios grupos actúan de forma organizada: gestionan múltiples cuentas, repiten plantillas de conversación y emplean los mismos esquemas para transferir a la víctima entre plataformas.
En 2025, los especialistas de Group-IB detectaron más de 1500 de esos anuncios; no obstante, la escala real probablemente sea considerablemente mayor. Los lemas usados — «ingresos desde el teléfono», «trabajo sencillo desde casa», «dinero rápido» — se repiten en distintas versiones y países.
Los sitios encontrados siguen un mismo patrón: formulario de acceso, interfaz falsa de "tareas" y un paso rápido a aplicaciones de mensajería. Las cuentas de los estafadores se distinguen por nombres, fotografías y formas de comunicación similares. Todo ello apunta a una infraestructura unificada que opera mediante un esquema afinado.
Estos anuncios no son intentos aislados de engaño, sino un sistema a gran escala con una estructura clara y orientado a personas financieramente vulnerables. Aprovechando la confianza en las marcas y las características de las redes sociales, los estafadores construyen una cadena compleja de interacción en la que cada etapa busca obtener beneficio.