El Pentágono endurece las normas para llevar el uniforme ante el riesgo de filtraciones de datos por dispositivos electrónicos portátiles.

Los lentes que pueden grabar vídeo y sugerir respuestas dejaron de ser un juguete para los aficionados a las novedades. En la Fuerza Aérea de Estados Unidos decidieron que junto al uniforme ese tipo de dispositivos no tienen lugar. La institución prohibió al personal llevar gafas inteligentes durante el servicio con uniforme, y al mismo tiempo restringió notablemente el uso de auriculares, kits de manos libres y otros dispositivos Bluetooth cuando realizan funciones oficiales.
En las normas actualizadas sobre apariencia y uso del uniforme se indica expresamente que no se pueden llevar lentes espejados ni gafas inteligentes con capacidades de foto, vídeo o inteligencia artificial. Se especifican por separado los auriculares, los auriculares intraaurales, los sets manos libres y cualquier conexión inalámbrica por Bluetooth. Ahora esos dispositivos solo están permitidos para quienes obtengan una autorización específica para cumplir tareas de servicio.
La razón de la prohibición la explicó la Fuerza Aérea con términos bastante generales. Las medidas supuestamente buscan mantener la disciplina militar y aumentar la preparación de las unidades para cumplir sus misiones. Pero en el texto también se percibe otra lógica más prosaica. Muchas gafas inteligentes pueden hacer fotos y grabar vídeo automáticamente y luego enviar el material a la nube. Para la seguridad operativa ese es el peor escenario, porque en el encuadre puede aparecer por accidente información sensible, sobre todo cerca de instalaciones donde los requisitos de secreto son máximos.
Las restricciones afectaron no solo a los auriculares. A los militares en uniforme se les prohibió usar dispositivos personales de comunicación y reproducción de medios mientras caminan. Quedaron prohibidas las llamadas con altavoz, la redacción de mensajes y el uso de auriculares, salvo en caso de emergencia o para notificaciones necesarias del servicio. Al mismo tiempo se contemplan excepciones. Se permite usar esos dispositivos en el transporte público y también durante las sesiones individuales de entrenamiento físico, si la persona viste ropa deportiva.
El problema de las filtraciones a través de tecnologías masivas no es nuevo. Ya en 2018 aplicaciones de fitness como Strava y Polar ayudaron inesperadamente a descubrir la ubicación e incluso la silueta de algunas bases militares estadounidenses. Los usuarios permanecían anonimizados, pero en los mapas aparecían rutas de carrera donde no debían estar. Cruzar esos rastros con datos abiertos facilitaba la recopilación de información de fuentes públicas y aumentaba los riesgos para las instalaciones.
Las gafas inteligentes parecen aún más peligrosas porque se vuelven cada vez menos visibles. Por ejemplo, algunos modelos apenas se distinguen de unas gafas normales, pero son capaces de grabar lo que la persona ve y oye. Normalmente los fabricantes colocan un indicador luminoso de grabación en la montura, pero periodistas y usuarios han encontrado formas de desactivarlo. Como resultado, esas gafas pueden convertirse en una herramienta de grabación oculta.
Sin embargo, no se trata solo de quienes actúan con intención. En la Fuerza Aérea sirven más de 300.000 personas. Incluso si solo el 1% del personal usara gafas inteligentes, serían miles de dispositivos que hay que controlar, supervisar y proteger frente a intrusiones. En esas condiciones, la forma más sencilla de reducir el riesgo resultó ser la más contundente. La Fuerza Aérea simplemente prohibió las gafas inteligentes a todos los que estén en uniforme durante el servicio.