El límite de la vida humana aún no se ha alcanzado: demógrafos explican por qué morimos antes de tiempo

El límite de la vida humana aún no se ha alcanzado: demógrafos explican por qué morimos antes de tiempo

Las personas podrían vivir más tiempo de lo que viven ahora.

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La "máquina de la longevidad" europea ya no acelera con la misma viveza que en los años 1990. En algunas regiones el aumento de la esperanza de vida casi mantiene el ritmo anterior, en otras el progreso se ha desacelerado notablemente, y en algunos lugares la mortalidad en edades clave incluso ha aumentado. Así lo concluye un grupo de demógrafos que estudió datos detallados de 450 regiones en 13 países de Europa occidental para el periodo 1992–2019.

Los autores dividieron el periodo en dos partes. En 1992–2005 el aumento de la esperanza de vida fue amplio y bastante uniforme; los territorios "rezagados" alcanzaban a los demás más rápido y la brecha entre regiones se reducía. Tras mediados de los años 2000 la situación cambió. En 2005–2019 las tasas medias de crecimiento de la esperanza de vida disminuyeron y la dispersión entre regiones volvió a aumentar. Las regiones "avanzadas" mantuvieron una dinámica más estable, mientras que la principal desaceleración se concentró en las regiones "rezagadas".

El nudo más importante del problema resultó estar en la franja de 55–74 años. Según los autores, es ahí donde más se redujo la velocidad de descenso de la mortalidad. Para las mujeres, la disminución media anual de la mortalidad en ese rango cayó del 2,1% en los años 1990 al 0,7% en los años 2010; para los hombres, del 2,0% al 1,2%. En los grupos etarios 35–54 y 75–84 no se aprecia tal caída.

En el mapa de Europa occidental aparecieron más "puntos fríos" donde la situación empeoró más que la media. Los autores señalan además que la probabilidad de muerte entre 55 y 74 años comenzó a aumentar en grandes territorios de Europa, y los cambios más marcados se observan en Alemania; en los hombres los problemas son especialmente notorios en el este del país, y en las mujeres en el oeste. Frente a esta estratificación, algunas regiones "avanzadas" siguieron reduciendo la mortalidad en 55–74 años; en el texto se mencionan, por ejemplo, el norte de Italia, Suiza y el este de Francia.

Los autores llegan a una conclusión simple pero desagradable. Las medias nacionales enmascaran la situación real. Un mayor aumento de la esperanza de vida sigue siendo posible, pero el progreso dejó de distribuirse por sí solo. En adelante será necesario vigilar con más precisión la mortalidad a nivel regional y actuar sobre causas concretas en edades concretas, sobre todo en el grupo de 55–74 años.