Los hackers no lograron tumbar el servicio de mensajería favorito.

Telegram intentó poner orden, pero los ciberdelincuentes no tienen prisa por irse. Incluso los bloqueos masivos y el endurecimiento de las normas no han logrado sacar la plataforma de su actividad cotidiana.
En nuevo informe de la empresa Check Point se indica que el mensajero, tras el arresto de Pavel Durov en Francia en agosto de 2024, reforzó drásticamente la moderación. Los cambios principales empezaron a aplicarse en febrero de 2025, y en un año la administración bloqueó más de 43,5 millones de canales y grupos. Una parte considerable de los bloqueos afectó a comunidades relacionadas con la venta de datos robados, tarjetas bancarias y otros tipos de ciberdelito.
Además, la magnitud de las limpiezas solo crece. Si antes Telegram eliminaba alrededor de 10–30 mil canales al día, hacia finales de 2025 la cifra subió a 80–140 mil, y en momentos pico superó las 500 mil bloqueos por jornada. Según el gráfico del informe, los picos ocurren con mayor frecuencia y son claramente más altos.
Podría pensarse que la presión habría empujado a las comunidades delictivas a otras plataformas. En la práctica no ocurrió nada de eso. Los autores del informe no encontraron señales de una salida masiva. Incluso cuando grupos aislados intentaron marcharse, los intentos se agotaron rápidamente. Por ejemplo, el grupo AKULA se trasladó brevemente en 2025 al mensajero SimpleX Chat, pero pronto regresó debido a la baja popularidad de la nueva plataforma.
Telegram sigue siendo el principal canal de comunicación. En los últimos tres meses los especialistas registraron alrededor de 3 millones de enlaces de invitación a canales de Telegram en el entorno subterráneo. En comparación, el competidor más cercano – Discord – registró menos del 6% de esa cifra.
En lugar de irse, los delincuentes cambiaron de táctica. Cada vez es más habitual que los canales cierren el acceso mediante solicitudes de ingreso para filtrar sistemas automáticos y a personas ajenas. En las descripciones aparecen exenciones de responsabilidad ficticias que mencionan a Durov, donde los administradores afirman una actividad supuestamente legal. Paralelamente se crean canales de reserva a los que reúnen a la audiencia por adelantado en caso de bloqueo. El principal competidor de Telegram sigue siendo la plataforma Discord, aunque su cuota en el entorno subterráneo es incomparablemente menor.
En conclusión, Telegram se volvió más estricto, pero no dejó de ser una plataforma cómoda para los ciberdelincuentes. Los bloqueos dificultan el trabajo, pero no desmantelan el sistema. Las comunidades se recuperan con rapidez, trasladan a su audiencia y continúan operando casi sin pausas.