Hasta el asistente digital "inteligente" corre el riesgo de convertirse en un simple captador de clientes.

En China está ganando rápidamente fuerza un nuevo método para promocionar productos mediante la inteligencia artificial. Las empresas usan masivamente la llamada «optimización de sistemas generativos» para impulsar el contenido deseado en las respuestas de las redes neuronales. Sin embargo, tras esa eficacia aparente se oculta un problema serio: un flujo de información falsa que afecta los resultados de búsqueda y las recomendaciones.
Sobre esas prácticas se informó el 15 de marzo en el programa anual de protección al consumidor emitido por la cadena estatal CCTV. Según se supo, los servicios de «optimización» se venden en plataformas grandes como Taobao y JD.com y cuestan desde varios miles hasta decenas de miles de yuanes por tres meses.
La tecnología surgió hace poco, cuando los motores de búsqueda empezaron a introducir activamente la inteligencia artificial. Su objetivo es aumentar la visibilidad de determinados productos o materiales en las respuestas de las redes neuronales. Para ello, en sistemas como DeepSeek, Doubao y Kimi se cargan grandes volúmenes de textos preparados de antemano, que luego aparecen en los resultados y afectan a las respuestas.
En la práctica, muchas empresas utilizan esas herramientas no solo para promocionar, sino también para la difusión sistemática de desinformación. El esquema es simple: se suben a la red numerosos materiales con descripciones favorables del producto, tras lo cual las redes neuronales empiezan a percibir esos datos como verídicos e incluirlos en las respuestas a los usuarios.
Uno de los actores del sector mostró lo fácil que es manipular los algoritmos. Compró el programa «Liqing GEO Optimization System» y creó un producto ficticio: el reloj inteligente Apollo-9. Tras cargar características inventadas, el sistema generó y publicó automáticamente decenas de textos con reseñas positivas.
En apenas dos horas, uno de los servicios de IA más populares empezó a recomendar el producto inexistente, citando esas publicaciones. Varios días después de añadir nuevos materiales, incluidas reseñas y valoraciones falsas, distintos modelos comenzaron a incluir al Apollo-9 en listas de los mejores dispositivos.
El fundador del sistema, Li Qing, admitió que esos métodos plantean cuestiones éticas, pero siguen siendo demandados por las empresas. Según él, las compañías usan activamente esas herramientas pese a los riesgos, con la esperanza de obtener una ventaja en el entorno digital.
El aumento de la popularidad de estos servicios ha incrementado drásticamente la carga sobre los sitios que publican ese tipo de contenido. Antes, plataformas de escasa rentabilidad ahora reciben cientos de pedidos al día y publican artículos casi cada minuto.
Los reguladores chinos ya han prestado atención al problema. A comienzos de año, la Administración Estatal para la Regulación del Mercado incluyó la publicidad creada con ayuda de la IA en la lista de retos clave. Sin embargo, aún no se han desarrollado normas específicas para estos servicios.
Tras la repercusión del caso, varias empresas prometieron limitar la difusión de contenido falso. No obstante, el mercado de esos servicios sigue creciendo, y la influencia en el ecosistema de la inteligencia artificial se vuelve cada vez más evidente.