El equipo de Trump restaura con urgencia los servicios de inteligencia

Mientras en el mundo se debaten los ataques militares y la política, en la sombra se libra otra lucha: por las mentes y la confianza. La administración de Donald Trump se ha topado inesperadamente con algo que antes misma rechazaba: campañas masivas de desinformación por parte de otros países.
Washington intenta construir una defensa contra la presión informativa de China e Irán. El motivo fue el conflicto en torno a Irán, que mostró cuán activamente se difunden narrativas antiestadounidenses, tanto en internet como en los medios tradicionales.
El Departamento de Estado esta semana envió instrucciones a todas las embajadas y consulados estadounidenses. Se instó a los diplomáticos a contrarrestar con mayor intensidad las campañas de influencia extranjera que, según la valoración del departamento, socavan la seguridad de Estados Unidos y agravan la actitud negativa hacia el país.
Al mismo tiempo, las autoridades empezaron a restablecer parcialmente la emisión de proyectos mediáticos estatales, como Voice of America, Radio Free Asia y Radio Liberty. Hace un año su actividad quedó prácticamente detenida. Ahora el reinicio es limitado y en gran medida está condicionado por litigios.
Esas medidas parecen un giro brusco. Tras la llegada al poder en enero de 2025, el equipo de Trump eliminó las unidades que se ocupaban de combatir la influencia informativa extranjera. La decisión se justificó por una campaña política que afirmaba que, durante la presidencia de Joe Biden, las autoridades supuestamente se habían confabulado con las redes sociales para limitar la libertad de expresión de los estadounidenses. No se presentaron pruebas.
Esas reducciones afectaron entonces a equipos del FBI, de la oficina del director de Inteligencia Nacional y del propio Departamento de Estado. También se cerró el Centro de Compromiso Global, que antes revelaba campañas ocultas de desinformación relacionadas con China.
La situación cambió en el contexto del agravamiento de la política exterior. Tras la orden de Trump de atacar a Venezuela y el inicio de una operación aérea contra Irán, la retórica antiestadounidense se intensificó. Países hostiles a Estados Unidos aprovechan lo ocurrido para presentar las acciones de Washington como temerarias.
Irán, a pesar de las graves pérdidas en su liderazgo y en su ejército tras los ataques, continúa realizando propaganda activamente. Las autoridades del país apuestan por el descontento con las acciones militares dentro de Estados Unidos y en el extranjero.
Documentos internos del Departamento de Estado advierten que los adversarios buscan sembrar discordias dentro de Estados Unidos y entre sus aliados, al mismo tiempo que promueven una visión alternativa del mundo. El documento fue firmado por el secretario de Estado Marco Rubio.
Se aconseja a los diplomáticos trabajar más estrechamente con las unidades de información del Pentágono y responder con mayor rapidez a afirmaciones falsas en las redes sociales. En particular, se menciona la plataforma X, donde se propone utilizar la función «notas comunitarias» para desmentir información falsa.
Sin embargo, ya existen debates acerca de la eficacia de tales herramientas. La plataforma X sigue siendo un espacio donde se difunden activamente bulos y materiales que fortalecen las campañas de influencia extranjera.
Las críticas provienen también desde dentro de Estados Unidos. Exfuncionarios del servicio diplomático consideran que las acciones de la administración llegan tarde y carecen de sistematicidad. Al mismo tiempo, varias decisiones, incluida la revocación de visados a especialistas que vigilaban la desinformación, solo minaron la confianza en la política exterior estadounidense. Como resultado, Washington se vio obligado a restaurar con urgencia herramientas de las que había renunciado hace poco, y hacerlo ya en el marco de una guerra informativa desplegada.