Las fuerzas políticas convierten viejas heridas en consignas electorales.

Antes de las elecciones en los países del Cáucaso Meridional y Europa del Este, la lucha se libró no solo por los votos, sino también por las mentes. Un nuevo informe muestra cómo fuerzas políticas y actores externos convierten miedos, rumores y conflictos antiguos en una herramienta de presión sobre los electores.
Los autores del estudio examinaron las campañas electorales en Georgia, Moldavia, Armenia y Azerbaiyán y concluyeron que ataques informativos se han convertido en una parte sistemática de la política. No se trata solo de intervención externa. Políticos locales, medios y redes anónimas recogen y amplifican narrativas ajenas, presentándolas como una «agenda interna».
Una de las tácticas clave es recurrir al miedo a la guerra. En distintos países se difundió la misma idea: la aproximación a Europa o a Estados Unidos supuestamente conduciría a un conflicto al estilo de Ucrania. En Georgia, el partido gobernante basó su campaña en la elección entre «paz y guerra», afirmando que solo él podía evitar que el país fuera arrastrado a un conflicto. En Moldavia, las redes de propaganda promovieron la tesis de que la victoria de las fuerzas proeuropeas convertiría al país en «la siguiente Ucrania».
Paralelamente se desarrolló el tema de la conspiración extranjera. En Georgia circularon declaraciones sobre la preparación de un golpe apoyado por Occidente, y en las redes sociales se lanzaron cientos de anuncios publicitarios con menciones a «revolución» y «desestabilización». En Moldavia, afirmaciones similares fueron acompañadas por métodos más directos: las autoridades policiales identificaron esquemas de compra de votos.
Otra línea fue la utilización de viejos conflictos territoriales. En Georgia, los temas de Abjasia y Osetia del Sur se presentaron como argumento a favor de una «política cautelosa» y del diálogo con Moscú. En Moldavia, la situación en Transnistria se usó para aumentar el temor a un escenario militar. En Armenia, tras los acontecimientos en Nagorno Karabaj aumentó la presión mediante mensajes sobre un «segundo frente» y una supuesta amenaza desde Occidente.
La difusión de esos mensajes depende en gran medida de las plataformas. En Georgia la principal plataforma sigue siendo Facebook; en Moldavia se emplearon varios servicios, incluido TikTok y Telegram. En Armenia, Telegram se convirtió en el canal principal de ataques contra el liderazgo del país, y en Azerbaiyán las estructuras estatales promovieron los argumentos deseados a través de la red X y medios controlados.
El informe muestra que la línea entre la propaganda interna y externa se está difuminando. Fuentes extranjeras marcan la dirección, y actores locales recogen y adaptan los mensajes para su audiencia. Como resultado, estas campañas parecen parte del debate político ordinario, aunque en realidad sirven a intereses ajenos.