Esa es la típica situación en la que el impulso vence a la conciencia.

Mientras los incendios forestales y los huracanes golpean con mayor frecuencia a ciudades e infraestructuras, surge una nueva y muy preocupante tendencia en el contexto de las crecientes pérdidas climáticas. Parte del público deja de percibir las catástrofes como un problema que requiere solución y comienza a considerarlas como ocasión para apostar y obtener ganancias.
El interés por estas prácticas no surgió de repente. El juego en torno al tiempo existía ya en el siglo XIX. En EE. UU. se apostaba a la lluvia y a la temperatura, y a comienzos del siglo XX esos entretenimientos se habían extendido entre los oficinistas. Entonces los participantes acertaban indicadores meteorológicos en distintas ciudades, aportando pequeñas sumas al bote común. Ganaba quien predijera con más precisión los valores.
Las tecnologías modernas solo han simplificado el proceso, pero la esencia sigue siendo la misma. Plataformas como Polymarket permiten apostar en eventos relacionados con el clima. Un ejemplo destacado son los incendios en California a principios de 2025. El fuego destruyó decenas de miles de hectáreas y causó muertes, pero al mismo tiempo en la plataforma se desarrolló una intensa actividad comercial. Los usuarios apostaban a la velocidad de propagación del fuego, a la duración de los incendios y a la superficie total quemada. El volumen total de apuestas alcanzó millones de dólares.
Los autores de análisis señalan que esa actividad plantea serias cuestiones éticas. Convertir los desastres naturales en objeto de especulación financiera se percibe como un fenómeno cínico. El profesor de estudios ambientales Tyler Austin Harper indica que tal práctica distorsiona la relación con las catástrofes: en lugar de buscar soluciones, se crea la costumbre de sacar provecho de las pérdidas ajenas.
Aunque el interés por las apuestas sobre incendios forestales disminuyó algo con el tiempo, las plataformas no desaparecieron y continúan ofreciendo nuevos escenarios. Los usuarios pueden pronosticar si un huracán aparecerá antes de la temporada habitual o si un mes concreto será el más cálido en toda la serie de observaciones.
Al mismo tiempo surgen historias que muestran cómo esos mercados usan no solo grandes actores, sino también individuos con acceso a datos. Un estudiante ingeniero chino que vivía en una residencia montó un sistema con tres Mac Mini y lo conectó a los flujos de datos meteorológicos que se emplean en la aviación. Con la ayuda de Claude comparaba mediciones reales de temperatura y condiciones atmosféricas con las cotizaciones en Polymarket y encontraba discrepancias.
Esos datos se publican antes que los pronósticos masivos y resultan más precisos, pero pasan desapercibidos para la mayoría de los participantes del mercado. Como resultado, el estudiante realizó miles de apuestas y obtuvo beneficios superiores a cien mil dólares, realizando pequeñas apuestas sobre indicadores meteorológicos concretos en distintas ciudades.
El aumento de catástrofes climáticas favorece a estos servicios. Cuanto con más frecuencia ocurren eventos extremos, más motivos hay para apostar. Como consecuencia se produce un cambio peligroso en la percepción: los desastres naturales empiezan a verse no como una amenaza, sino como otra línea en el sistema de apuestas.