Un traje robotizado engaña al sistema nervioso sin necesidad de costosos vuelos de entrenamiento.

Sentir la ingravidez sin salir del laboratorio suena a ciencia ficción, pero eso fue exactamente lo que lograron científicos alemanes. Especialistas del Centro Alemán de Investigación en Inteligencia Artificial (DFKI) y de la Universidad de Duisburgo-Essen (UDE) crearon un exoesqueleto robotizado, que ayuda al cerebro a percibir los movimientos del brazo como si funcionara en microgravedad.
El proyecto recibió el nombre «MikroBeM». En su base está un exoesqueleto especial que emplea métodos de inteligencia artificial. El sistema compensa el peso natural del brazo mediante una fuerza dirigida, aliviando la carga debida a la gravedad. Como resultado, la persona se siente ingrávida en condiciones terrestres.
El problema que pretende resolver este proyecto es familiar para los astronautas. En condiciones de microgravedad el cerebro pierde sus referencias habituales: ya no sabe cuánto esfuerzo hace falta para, por ejemplo, levantar un dedo. Los movimientos se vuelven imprecisos y temblorosos, lo cual es críticamente peligroso cuando hay que, por ejemplo, realizar una reparación a bordo de la estación.
Para comprobar la eficacia de los entrenamientos con el exoesqueleto, parte de los participantes del experimento pasó un mes practicando movimientos precisos en condiciones de laboratorio. Luego ambos grupos —entrenado y de control— subieron a bordo del avión especializado Airbus A310 «Zero G» en Francia. La aeronave ejecutó maniobras curvas pronunciadas: en el punto más alto de cada arco se alcanzaba la ingravidez durante aproximadamente 22 segundos.
Durante ese tiempo los participantes debían tocar con el dedo índice el centro de una diana en la pantalla; el brazo, sin embargo, estaba oculto a la vista bajo una capa tupida. Los sensores registraban la actividad cerebral, las contracciones musculares y el ritmo cardíaco.
Vuelos anteriores ya sugerían que los entrenamientos con el exoesqueleto producen efecto, pero faltaban datos para conclusiones firmes. La campaña actual buscó cubrir esa laguna: el equipo logró grabar sin errores los datos de las 180 parábolas, y ahora los científicos disponen de material suficiente para un análisis completo.
Los desarrolladores esperan que el enfoque se convierta en la base de programas de preparación accesibles y personalizados para misiones de larga duración a la Luna y a Marte. Además, en el DFKI y en la UDE destacan el potencial médico de la tecnología: comprender cómo se adapta el cerebro a condiciones físicas alteradas puede resultar útil en la neurorrehabilitación, en particular en la recuperación tras un accidente cerebrovascular.