En un centro de la OTAN en Polonia ensayaron tres escenarios de crisis con énfasis en las operaciones de información del adversario.

La OTAN comprobó cómo los países aliados resistirían un golpe no solo a la infraestructura, sino también a la confianza de la ciudadanía. En Polonia se celebró un ejercicio de tres días, en el que un país ficticio quedó sin electricidad tras un ciberataque a la red eléctrica, y un Estado vecino hostil intentó aprovechar la crisis para sembrar el caos y la propaganda.
El escenario se representó en Bydgoszcz, donde funciona el Centro conjunto de análisis, formación y adiestramiento de la OTAN. En los ejercicios participaron representantes de la Alianza y de Ucrania. Según el guion, el vecino autoritario llamado Karti llevaba tiempo reclamando territorio del país Perantsa, y tras el ciberataque comenzó a difundir masivamente mensajes creados con ayuda de la inteligencia artificial.
A los participantes ucranianos les tocó representar a Karti. Colmaron las redes sociales y el sitio web del gobierno ficticio con mensajes sobre corrupción, incompetencia de las autoridades y la disposición a "ayudar" a los habitantes afectados. El equipo de Perantsa respondió con llamadas a la unidad, alertas sobre saqueos y esfuerzos para mantener la confianza de la población.
Además de simular el corte de electricidad, los participantes trabajaron otros dos crisis. Una estuvo relacionada con una inundación importante y la otra con la toma de control del sistema bancario por parte de hackers. En cada caso se comprobó si las autoridades podían explicar rápidamente la situación a la población y evitar que el adversario impusiera una versión conveniente de los hechos.
Según los jueces, entre los que había expertos universitarios y especialistas en contra de la desinformación, el equipo de Karti solo cedió ligeramente en dos escenarios. Los organizadores alemanes señalaron por separado que los participantes ucranianos actuaron con más rapidez, mayor creatividad y un uso más seguro de las herramientas de inteligencia artificial.
El centro de la OTAN en Bydgoszcz se inauguró el año pasado para que los países de la Alianza pudieran estudiar la experiencia ucraniana y prepararse ante nuevas amenazas. Un tercio del personal del centro fue enviado desde Kiev, incluidos representantes de las fuerzas armadas, del Ministerio de Defensa y de los servicios de inteligencia. Para Ucrania, participar en estos formatos se ha convertido en una forma de trabajar directamente con la OTAN, incluso sin una adhesión inmediata al bloque.
La delegación ucraniana explica cómo emplear drones, realizar guerra electrónica, construir un mando distribuido y protegerse de operaciones informativas. A cambio, Kiev obtiene acceso a capacidades de software e ingeniería de la OTAN.
Los participantes en los ejercicios reconocen que el juego no puede reproducir por completo la realidad de la guerra. Las campañas de influencia se perfeccionan durante años, y en una crisis real las personas están sometidas al miedo, al cansancio y a la sensación de amenaza para sus vidas. No obstante, este tipo de entrenamientos ayuda a las administraciones, a los militares y a las estructuras civiles a preparar de antemano una línea de actuación común.
Alemania apoyó los ejercicios también por sus propias debilidades. En el ejército alemán consideran que distintos organismos a veces trabajan uno al lado del otro pero no juntos, y sus mensajes públicos no siempre coinciden. Una de las conclusiones del ejercicio desató debate. La parte alemana opinó que el equipo de Karti perdió por falta de una línea constante con varios mensajes clave. Un participante ucraniano replicó que, en la guerra informativa real, los mensajes principales pueden cambiar cada día, y que así es como puede actuar el adversario.