El experimento no se concibió para batir un récord, pero no faltó espectáculo.

Mientras unos conquistaban cumbres por los récords, otros preparan robots para ello —y no solo por el espectáculo. Un ingeniero francés llamado Pablo organizó una expedición con la participación del robot humanoide modificado Unitree G1 al volcán ecuatoriano Chimborazo, de 6270 metros de altura. Eso es más alto que Denali —la montaña más alta del mundo según la altura relativa desde la base hasta la cima.
Para la robótica, el ascenso resultó muy convincente: en tramos con pendiente inferior a 30 grados el robot caminó de forma autónoma; en los demás tramos de la ruta de 16 horas lo llevaron en brazos. Especialmente para la travesía se equipó al robot con botas protectoras y una chaqueta térmica.
El proyecto recibió el nombre Pemba. Su objetivo no es solo obtener imágenes espectaculares desde las alturas nevadas, sino una tarea práctica: enseñar a los robots humanoides a trabajar en condiciones extremas y de difícil acceso. A futuro, estas máquinas deberían ayudar a los ecologistas a vigilar territorios naturales remotos —por ejemplo, las selvas amazónicas.
Todavía falta mucho para la aplicación completa en condiciones de campo: hay demasiadas variables que los sistemas actuales manejan con dificultad. No obstante, el equipo de Pablo no se detiene. El siguiente paso es el ascenso al volcán hawaiano Mauna Kea, después del cual está planeado el desafío principal: el ascenso al Everest.