La función era voluntaria, pero el acuerdo de usuario no insinuaba su uso con fines militares.

Millones de jugadores, que cazaban Pokémon virtuales en las calles de miles de ciudades, ni siquiera sospechaban que sus teléfonos inteligentes recopilaban datos que, años después, resultarían útiles para los drones del ejército estadounidense.
Pokémon Go — un juego de realidad aumentada para teléfonos inteligentes, que se convirtió en un fenómeno global tras su lanzamiento en 2016 y que alcanzó más de 800 millones de descargas en 2018. En 2021, el juego introdujo una función de escaneo de ubicaciones reales: los usuarios podían grabar el entorno con la cámara y obtener recompensas dentro del juego. La participación era voluntaria; los datos se cargaban en los servidores de la empresa.
Niantic, que creó el juego en colaboración con Nintendo, recopiló estos escaneos espaciales hasta la venta de su división de juegos en 2025. Los materiales se utilizaron para entrenar sus propios sistemas de inteligencia artificial capaces de reconocer e interpretar el espacio físico.
Niantic Spatial, surgida en mayo de 2025 como una escisión de la empresa matriz y especializada en inteligencia artificial geoespacial, anunció en diciembre una asociación con Vantor, desarrollador de software de navegación para drones, incluidos los militares. El objetivo del sistema es permitir que aeronaves autónomas se orienten en zonas donde el GPS no está disponible por interferencias, bloqueo o suplantación de señal. En febrero, Vantor firmó un contrato con el ejército de Estados Unidos para suministrar software de entrenamiento por un valor de hasta 217 millones de dólares.
Ambas empresas afirmaron que los escaneos sin procesar del juego no fueron transferidos: la asociación incluyó modelos ya entrenados con esos datos. Niantic Spatial subrayó que los usuarios aceptaron voluntariamente la recopilación de datos en el marco del acuerdo de usuario.
No obstante, el uso de datos de usuarios de un juego infantil con fines militares suscitó críticas. Tom Salston, responsable de políticas de Digital Rights Watch, señaló que la mayoría de las personas no lee los documentos legales para poder acceder al juego y pidió a los reguladores que establezcan criterios de «trato justo al usuario». Rob Nicholls, investigador principal de la Universidad de Sídney, calificó este caso como solo la punta del iceberg: los datos de las aplicaciones se han empleado durante tiempo para fines no previstos; por ejemplo, los registros de Strava se utilizaron anteriormente para determinar la ubicación de instalaciones militares.
Los especialistas recomiendan examinar con atención los permisos que solicitan las aplicaciones móviles y ser selectivos a la hora de participar en funciones que implican la carga de datos geoespaciales.